jueves, 1 de octubre de 2026

 Hace una semana, escribí dos blogs muy bonitos, muy literarios, sobre la naturaleza humana. Pero luego, los blogs que me salieron después dejaron mucho que desear porque no estaba yo inspirado. Yo habría dado una importante suma de dinero por haber ido este verano a la playa. Pero este verano ha sido muy enrevesado, muy raro de vivir y yo no fui a la playa. Dicen que el dinero lo puede todo pero yo tenía dinero y no fui a la playa, así que el dinero no lo puede todo. No quería yo estar en la playa 7 días sino solo tres o cuatro. Podría haber ido a viajes El Corte Inglés y me lo hubieran apañado lo mejor posible, sin madrugones, con todas las comodidades en el viaje, pero no fui a esa agencia de viajes. Viajé con los libros pero no es lo mismo. Viajé en mi mente a Alicante pero solo lo hice con mi mente, no con mi cuerpo.

 Si te metes en política, luego no sabes salir. Y defiendes tu ideología sin darte cuenta. Y el que tienes delante no es de tu opinión. Y ya estamos con los rojos y los fachas. A lo que se debe tender es a una entente cordiale: o sea, tener algo de paciencia con el que piensa distinto. Y dejar que hable y defienda sus tesis. E intentar rebatirle con argumentos buenos, no con defensas viscerales de nuestra postura. Ya los argumentos de Marx y de los fascismos están pasados de moda. Vivimos en una democracia. Los beneficiarios de esa democracia, ya antigua, deberían saber exponer sus ideas y dejar que el otro exponga las suyas. Cuando algo está mal, que todo el mundo lo sepa ver. Y las cosas buenas que hicieron unos también saberlas aceptar aunque no sean de nuestra ideología. ¿España va bien? De vez en vez España va bien. De eso deberíamos alegrarnos y no sacar tachas todo el rato.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

 Hoy acompaño a Paco a unas pruebas en el hospital. Después de esas pruebas, mañana va con el anestesista. Pero antes de operarse ha de estar con dieta y con los polvos esos asquerosos. Yo ya lo he probado. Los días se van acercando para que algo suceda. De pronto se hace tarde y de tarde no se hace pronto. Anda viento que se ve por la ventana cerrada. Los álamos son ruidosos. Toda esa masa de hojas caerá al suelo en los días venideros. Me siento un poco vulnerable ante las cosas que hay enfrente de mí. Todo se cierne como un grajo se cierne en el suelo esperando ¿qué? La vida tiene sorpresas bajo su manga como un mago testarudo que siempre hace desaparecer la misma carta.

martes, 29 de septiembre de 2026

 La trampa que supone mi pensión la veo ahora: la gente está trabajando y yo no. Por la tarde tampoco veo caras amigas. Está bien eso de cobrar sin trabajar pero también está mal. A lo mejor la gente soporta bien la soledad en sus vidas. No quieren más que a su perrito y nada más. Es eso de estar solo mejor que mal acompañado pero, como dice la canción, toda su fortuna daría por charlar con alguien. Yo tengo de compañía a Paco, este blog y mis cigarrillos y la prensa escrita y mis libros. Pero me gusta hablar con la gente, me gusta el contacto humano. Mi hermano no sufre por no tener contacto humano, es de otra madera que yo. Por otro lado, ha empezado a hacer fresco por las mañanas. Voy a la calle.

 Ni me planteo ponerme a escribir ningún relato, aunque quizás me viniera bien intentarlo. Para contar mis demonios y fantasmas. La soledad es uno de esos demonios o fantasmas. Me he quedado solo. No tengo amigos. Los que tenía ya no me valen. Tengo que aprender a estar vagabundeando por la ciudad. Salgo por las mañanas a la calle y no veo a nadie con quién charlar. Sin embargo, ayer hablé con Rafa, un vecino que está algunas tardes por Taberneros. Hoy voy a comprar los euro millones pero si tuviera algún amigo nuevo, lo preferiría a los millones. Solo le pido a Dios eso: tener a alguien con el que echar una parrafada.

lunes, 28 de septiembre de 2026

 Llevo unos días que no tengo ganas de escribir. Para escribir sobre lo mismo, sobre el paso del tiempo, ya está el paso de tiempo haciendo de las suyas para que yo, encima, lo subraye tontamente. No tengo ganas de decir que se quedarán los pájaros cantando. No soy yo nadie para explicar que nos hacemos viejos. Ayer me sentí bastante viejo y cansado. Los domingos se ciernen como avechuchos imbéciles hasta mi alma y la perjudican. Estoy un tanto deprimido, cosas de mi enfermedad. A ver si remonto este estado de tristeza y viene otro de estar más acorde con la vida que llevo.

domingo, 27 de septiembre de 2026

 El sol ha salido. Tiene esa costumbre; diaria, además. El sol no se cansa. Los peces del mar sondean la superficie a ver qué ven. Los humanos sondean la mañana a ver qué hay. Lo más seguro para los humanos es que haya más de lo mismo. No hay dolor más grande que paladear la rutina. Sabe como goma de chicle sin sabor alguno, solo mascar y mascar. Las campanas de la iglesia suenan, llaman a los que portan la fe en su almas. Los ancianos se mueren del susto de vivir y los niños van sabiendo poco a poco la verdad. Pasamos un poco todos, nos va puliendo el tiempo con su lima acerada. El limbo del sobrevivir es para todos, es para cada hijo de vecino.

sábado, 26 de septiembre de 2026

La guerra civil española, la guerra de los fusilamientos. Si eras rojo, fusilado. Si eras fascista, fusilado. El nivel de crueldad en uno y otro bando, se exacerbó. Mejor olvidar todo aquello. Y los años de represión franquista, también olvidarlos. En ningún libro de Historia me enseñaron estos dos episodios de barbarie, de odio. Ningún profesor quiso explicar estos periodos de doloroso recuerdo. Los falangistas, el frente popular, los anarquistas... Todo eran excusas para sembrar el caos por donde fuera. Y así pasó. El caos llegó. Toda la guerra civil y los primeros años de la dictadura fueron un caos de hambre, de ajustar cuentas, de odio visceral.


Hay que perdonar, ya. Pero no es cuestión de perdonar sino si esa persona merece la pena. Si merece la pena que esa persona te esté dando miguitas de amistad muy calculadas. Que si vamos a tomar un café juntos. Que si voy 20 minutos retrasada. Que si estás un poco borde. La línea que separa la indiferencia de alargar el encuentro y luego, ese encuentro, es efímero y triste y rápido. Se le ha subido el cargo a la cabeza y ya solo sabe de su trabajo y de su paseo con su perrita y de sus siestas. Creo que no merece la pena juntarme con ella pues la primera pega es si me cogerá el teléfono. Ya la he bloqueado. No quiero saber más de ella. Mejor solo que mal acompañado.

jueves, 24 de septiembre de 2026

 Para mí es muy importante la amistad pero no todo amigo vale. El amigo verdadero es el que solo desea de ti estar a su lado para charlar o lo que sea, pero no para satisfacer sus intereses. Y hay muchos que se arriman para que les des o para que les lleves el culo a la estación. Y eso no es un verdadero amigo. Como este último, que empezó a hablar de una antigua amiga que jugaba a la ruleta y que le había dado a esa amiga 300 euros. Ya se veía venir el mal rollo. Así que decidimos mi hermano y yo pasar de él porque empezaba ese "amigo" a hablar de dinero y de asuntos incomprensibles. Mi mejor amigo hoy en día que tengo es Paco, mi hermano. Con él hace mucho tiempo que no discuto. Vamos en la misma barca y entre nosotros surgen a veces conversaciones inteligentes. Mi amigo ideal quizás ahora esté cruzando un paso de cebra en Móstoles.

 Voy a ser el enemigo disparando pan de higo, ojo no te vaya a dar. Estas rimas ochenteras tenían su gracia, no te las esperabas. En "Luces de Bohemia", de Valle Inclán, un personaje femenino llama pan de higo a su órgano sexual. Pan de higo yo no lo he visto en mi vida. Debe de ser algo bastante antiguo. Rosendo escribe unas letras de canciones muy originales. Me gusta ese verso que dice: en el buen sentido vamos mal. Y es que, a menudo, en el sentido bueno, en el sentido requerido, no vamos bien. Todavía está por ver el ser humano que esté satisfecho, que no tenga nada de qué quejarse. El ser humano es un ser imperfecto a todas luces. Le falta algo pero yo no sé qué es. El ser humano no es humano si se levanta contento de su condición cada mañana. Los seres humanos, si tuviéramos a Dios por guía cierta y no discutida, viviríamos mejor.

 Entre los platos que sé preparar están los tallarines a la putanesca. Llevan anchoas y aceitunas negras, entre otros ingredientes. Los días pasan sin mucho afán, como la mujer que viene de trabajar. Los días pasan abiertos en cuanto a lo poco que hay que hacer, lo poco que nos divertimos, lo poco que nos gusta nuestro barrio. Abiertos porque no los abarcamos del todo, no llegamos a disfrutarlos, se nos van los días sin que un abrazo los abarque. Los días se vuelven ásperos, incomprensibles y, de repente, se acaba el mes. Y, sin piedad, empieza otro mes.

Esto de no tener amigos con los que quedar ya es propio de una edad en la que no se toleran, precisamente, amigos que den problemas o enturbien la tranquilidad. Un amigo verdadero lo único que persigue es estar con otro amigo, nada más. No debe haber intereses más allá de la pura compañía. Pero últimamente los amigos que teníamos Paco y yo eran bastante rácanos en su amistad. Ahora no hay más que pasar un rato en la calle y puedo hablar con algunos conocidos. Los amigos de verdad ya no existen para mí. Uno me abandonó. Yo he abandonado a otros. Veo difícil que surja una amistad a mi edad. Pero tampoco hay que pensar que soy un asocial.


miércoles, 23 de septiembre de 2026

 Las alas de un dragón endemoniado surgen en mi mente agitándose puras sobre la faz de la tierra. Y el dragón, trasunto de un dios amargado y triste, eleva su vuelo a un cielo cada vez más alto y sucio de contaminación de los coches. A este dragón no le gustan los coches ni los que van en ellos, así que lanza sus llamas contra los audis y los bmws y los mercedes, achicharrándolos inmisericordemente. Y así, el dragón se venga por haber sido arrojado a la gran ciudad mientras vivía plácidamente en el campo, en la llanura de Montiel, concretamente. Y el dragón no quiere ver coches, no quiere ver el inmenso aparcamiento que es Madrid. Por eso sus llamas se dirigen contra los vehículos que se han convertido en el gran impedimento para vivir.

 No sé qué comida hacer para el jueves. El jueves pasado hice judiones. No sé si comprar carne troceada para hacer un guiso. Ayer leí la historia de una hija de soltera. Muy triste. Los días acaban antes ahora. Estoy como a la expectativa. Estoy pendiente de sucesos que deseo que acaben pronto y bien. Como la operación de Paco. Las nubes se engendran tontamente en el cielo y ahí se quedan, sin hacer su función, como un sujeto que no está bien en la oración. Los amigos no se sabe bien dónde están, habrá que conformarse con saludar a aquellos que un día me saludaron a mí. Habrá que conformarse con aquellos que pasean por la gran vía como hago yo por las mañanas, sin darle muchas vueltas, sin hablar de mi libro, sin quedar a tomar un cafelito.

martes, 22 de septiembre de 2026

 Hace mucho que no escribo un relato. Ya con una novela larga no me atrevo porque me llevaría mucho tiempo y mucho pensamiento solo para escribirla. El último relato que he escrito no va muy allá, es de andar por casa, ha sido mero entretenimiento para mi persona. Pero puede ser válido en el sentido de que lo que se escribe ahora son rollos macabeos al cuadrado. Lo he comprobado comprándome libros. Mis relatos, creo que ninguno, acaba con un muerto. Eso es muy fácil, muerto el perro, se acabó la rabia. Todos estos dramones que hay en la novela y el cine actual podría excusarse. Luego, las películas de diversión españolas son tan superfluas y malas, que ni Dios quiere ver cine español: o dramones o situaciones absurdas que no dan risa. Vaya panorama creativo. Ni cine, ni novela, ni comedia aguanta un cuarto de hora de visión o lectura.

 Los malos novelistas, como no saben cómo acabar su novela, rematan el final con una muerte como si esa muerte explicara toda la novela. A mí me fastidian esos finales porque en la vida real, la muerte no acaba con nada, todo sigue después. Olvidado el finado, la gente sigue con un poco o un mucho de pena, pero sigue. En la novela, el muerto parece el culmen de algo, culmen que es falso, culmen que no es culmen de nada más que de la idea torpe que tiene el novelista o el dramaturgo para acabar su obra. La muerte es tan habitual en la existencia como lo es una boda o un cumpleaños. ¿Por qué no acaban las novelas con un cumpleaños?  O con la compra de un coche, por ejemplo. O con una fiesta. La lectura se haría mucho más agradable.

Por las mañanas me levanto con la boca pastosa y mucha sed. Sed que mitigo con mucha agua. He leído algo sobre Lorca, que vino a Madrid a triunfar de autor dramático. Parece que le gustó Madrid. Tenía muchos amigos, entre ellos, Marquina. A mí, los dramas rurales de Lorca no me gustan mucho. "La casa de Bernarda Alba" la veo una exageración inviable. Lorca escribió mucho sobre la muerte. Era una pulsación negativa en él. En el "Romancero gitano" me parece que el personaje más importante precisamente es la muerte. Y a la gente no le gusta leer sobre la muerte. "La luna me está mirando y yo no la puedo mirar", o algo así, dice un verso de ese romancero. Y es que la que habla está muerta. Lorca era un poco siniestro en ese sentido. No me gustan ni los poemas ni las novelas que hablan mucho de la muerte o que hablen los muertos. Es incompresible.

 Hace mucho que no voy a Las Rozas. Cuando voy, según ando voy pensando y meditando. Me quiero quitar de una pastilla que tomo por la noche pero veo que si no la tomo, no duermo. Me he enganchado a esa pastilla. Está prescrita, pero me la quiero quitar. Es una benzodiacepina. Si lograra dormir sin ella, tanto mejor. Por otro lado, ya ha empezado a reunirse la gente esa que se droga en plaza Pizarro. No se meten con los viandantes pero causan una impresión pésima. Ojalá hubiera para ellos un solución laboral. Me parece que leí hace mucho tiempo que en Inglaterra estas personas fabrican bolígrafos. En Majadahonda se podría probar a insertar a estos drogadictos mediante el trabajo. No veo yo que ninguno de ellos salga de ese grupo. Si lo hiciera al menos uno o dos...

lunes, 21 de septiembre de 2026

 ¿Tú fumas? No, solo soy fumadora social. Se supone que solo fumaba cuando estaba con gente, no solitariamente, como hago yo porque no tengo amigos con los que fumar socialmente. Bueno. Yo no tengo ya lo que se dice amigos ni para fumar socialmente ni para hablar socialmente, si me apuras. Solo mantengo unos conocimientos humanos de baja intensidad, como se dice ahora muy estilísticamente. Me da la sensación que ahora el lenguaje lo tapa todo y, si no tienes amigos, dices algo así como que aceptas tu soledad sin reservas sociales implicadas o algo así. Y lo que pasa es que está más solo que la una porque eres un cansino, una persona que aburre a las ovejas.