viernes, 27 de noviembre de 2015

Ayer hizo un día estupendo y estuve muy contento casi todo el día. A ver si hoy pasa lo mismo. El pajarito ya canta en su jaula y el sol se levanta ya muy de mañana. La vida es grácil cuando el corazón la siente así: ligera como un vientecillo alegre. La luz es inmensa estos días de invierno, es como un fanal que alumbrara la vida de modo generoso. Los diálogos son fructíferos, la gente tiene ganas de hablar. Los cigarrillos saben muy bien, después de comer y en la charla amena ante el televisor.
No hay dudas, solo se vive. La muerte es de títere, un títere lejano que no hace daño. El amor se reparte como el pan a mediodía.
El pajarito sigue cantando unas notas fuertes, de una constancia simpática y contagiosa. Si yo fuera pájaro, también cantaría así a los otros pájaros un día como hoy.
Dan ganas de comunicarse, de contarle al vecino que se está feliz, no hay pudor, no hay barreras que maten las ganas de contar y de decir. La lengua se dispara porque la dispara el corazón que está alegre, satisfecho de vivir un día como hoy.

jueves, 26 de noviembre de 2015

La generación posterior a mí es diferente: son más materialistas, basan su vida más en el egoísmo que en entender a los demás. Han sido educados así. Si apruebas, te compro una moto. Como la generación anterior a la mía se considera oprimida por sus padres, les han dado a la generación posterior a la mía un poco de todo: viajes, colegios privados, juguetes, etc, etc. 
Mis padres, como han vivido en la necesidad y no entienden otra cosa que satisfacer las necesidades básicas, a mi hermano gemelo y a mí nos han satisfecho nuestras necesidades básicas en cuanto a lo material. Pero nos han dado la oportunidad de estudiar, que hemos aprovechado. Mis hermanos mayores han dado, en lo material, más a sus hijos porque no lo han tenido ellos de sus padres pues no les han hecho más que meter la idea del trabajo en sus cabezas y la idea de la autoridad paterna. En generaciones posteriores a la mía, la idea de autoridad paterna está muy, muy reducida. Mi generación está en medio de una que vive de un recuerdo franquista y de otra que pasa de todo. Así no hay modo de entenderse ni con una ni con otra pues yo nací prácticamente en democracia pero la de mis hermanos mayores no y la de mis sobrinos vivieron una democracia más desarrollada, llena de libertades y menos obligaciones.
 En mi familia hay cuatro generaciones muy distintas entre sí, con poco entendimiento entre ellas. La generación más anciana la representan mis padres que ahora tienen 84 y 85 años. Son los niños de la guerra. Vivieron una posguerra llena de necesidades. Luego viene la generación de mis hermanos y cuñados que ahora rondan los 60 años. En medio estamos mi hermano gemelo y yo, que tenemos casi la cincuentena. Y la última generación son los sobrinos, pues ni mi hermano ni yo hemos tenido hijos. Van por la treintena. Son mundos muy diferentes, de ahí la incomprensión de unos con otros. Mis padres cuentan historias de burros, de trabajos de campo, de bailes en la plaza. Mis hermanos y cuñados han estado muy incomunicativos con mi hermano gemelo y yo y son un misterio para nosotros así como los sobrinos, que no son muy comunicativos y llevan vidas muy diferentes a las nuestras en cuanto a pensamientos, estudios, aficiones, etc. Me comunico mejor con mi madre de 84 años que con mi hermana de 60. Y que con mi sobrino de 35. Mis padres han sabido criarnos muy bien y en ellos he depositado toda mi confianza toda mi vida. En mis hermanos mayores, no. Mis sobrinos no los entiendo ni los tengo por qué entender. No son familiares directos míos. Los aprecio en lo que tienen de apreciable y basta.
A mi familia la considero un poco rara y un poco desapegada, no sabemos unos miembros de otros excepto los domingos que nos juntamos a comer. Cocina mi madre, que ya está mayor pero tiene muchas energías. Hay miembros de la familia que son muy políticos, con esos no quiero hablar. Hay otros miembros que no son de mi generación, no los entiendo tampoco. Solo me entiendo bien con mis padres, que nos conocen bien a mi hermano y a mí.
Mi familia es quizás como otras familias, no sé si las familias de hoy en día funcionan así, con ese punto de incomprensión de unos a otros. Yo sé que hay miembros de mi familia que no hacen ningún esfuerzo en comprenderme, yo tampoco ya hago ninguno por comprenderlos a ellos, es inútil, han vivido y viven una vida muy distinta a la mía. Paco, mi hermano gemelo y yo somos los únicos a los que les gusta la literatura pero en mi casa no se habla de libros. Paco y yo estamos entre dos generaciones: la de mis sobrinos, que son diez años más jóvenes que nosotros y la de mis hermanos, que son diez años más viejos. O sea, que hemos vivido cada grupo que hay en mi casa vidas distintas, educaciones distintas, formas de ver la vida distintas; de ahí la incomprensión entre los distintos grupos. Yo solo entiendo a mis padres, que me quieren de verdad y me escuchan. Entre los otros grupos no hay diálogo, solo respeto callado.

martes, 24 de noviembre de 2015

Dice una canción de Sabina: "hay que saber saberse administrar" y luego hace una alusión a unas lentejas, comida que resume la administración de una casa. En esta crisis, hemos sabido ser estoicos a la fuerza. La doctrina estoica dice que hay que resistir los embates de la vida con dignidad.
La iglesia cristiana adoptó esa actitud estoica que viene de una filosofía griega muy antigua. El estoicismo es como una especie de heroísmo de la supervivencia, de saber vivir con poco, de resignarse y de ser sabio en las adversidades.
Mi hermano Paco se considera estoico, le mola mucho la idea de ser estoico, como un monje, como Quevedo, como un pobre.
Como ricos hay pocos y pobres muchos, la filosofía estoica nos da la base del comportamiento ante la pobreza, aunque no sepamos qué es el estoicismo.
Su contrario es lo epicúreo, el disfrutar de la vida como cerdos. Yo me consuelo pensando que solo hace cien años, en 1915, las condiciones de vida eran pésimas, pero que muy malas. Y hemos avanzado un montón, así que no nos quejemos tanto.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Hoy no tengo ganas de hacer nada. Hace mucho frío fuera, frío que no venía, parecía esto un eterno veranillo. No llueve. Me da pena que no llueva aunque la lluvia lo dificulte todo. Hoy he soñado cosas extrañas como que me quedaba rezagado de toda mi familia en un viaje y luego atravesaba calles oscuras, lleno de la sensación de ser viejo, muy viejo.
Paco ha bajado por tabaco y pan. Yo me he levantado mal por todos esos sueños. Hemos puesto la televisión y aparecen imágenes de todo un país en alerta, los colegios cerrados, por miedo a las bombas y los terroristas.
¡Cómo está Europa! En horas bastante bajas. Los refugiados, los terroristas, la guerra. En fin, un desastre del que se recuperará pues ya sabe de desastres anteriores más fuertes y dañinos que estos.
No voy a hacer nada excepto escribir por la tarde mi novela. Ayer las calles estaban vacías, el sábado no hubo "ambiente" en la ciudad. El temor o el terror y la crisis y la psicología triste del ciudadano le inspira estar en casa. C´est la guerre.

jueves, 19 de noviembre de 2015

Pareciera que para el impenitente lector de la Biblioteca de Londres la sociedad constituyera un problema de álgebra: multiplicas, divides, sumas, restas todo lo que sobra et voilá, el paraíso terrrenal, la utopía hecha carne. Para el consumidor burgués de cocaína que miró al hombre en su oscuridad, la sociedad es un engendro lleno de asombrosas montruosidades. Para el crucificado por excelencia, la gente tenía que estar atenta a otro mundo que nos esperaba más allá de este. 
Todo tiene su rito. Todo tiene su explicación aunque no la veamos de antemano. Y todo tiene un origen que podría explicar eso que no entendemos. Pero que no nos quieran meter explicaciones como cuñas, a base de apretar y apretar.
Todo es un misterio, también se puede decir. Ocurren muchas cosas en el mundo al mismo tiempo y es difícil entenderlas todas a la vez. Pero no seamos tozudos en nuestro proselitismo de mierda, por favor. Como dijo Unamuno: se vence pero no se convence la mayoría de las veces.