martes, 29 de julio de 2014

Parece banal todo lo que cuento. No son grandes manifestaciones sobre conflictos internacionales o grandes verdades sobre el mundo en el que vivimos. Todo eso que sabemos por las noticias y tiene gran repercusión como la guerra palestino israelí u otros acontecimientos que soliviantan a las masas. Yo no me solivianto por esas cuestiones y no sé si debería hacerlo. Son muertes, injusticias, guerras crueles e injustas. Desde luego, los israelitas no pararán hasta destruir unos túneles hechos por los palestinos y durante ese proceso morirán muchos palestinos. Los israelitas son muy crueles. No hay más que decir.
Yo hablo más de cosas que me afectan en el roce con la gente que tengo a mi alrededor. Yo manifiesto mis circunstancias más cercanas, esas que las puede sufrir cualquiera, aparte de que se manifieste en contra de una postura política u otra. 
La vida nos la hacen otros algunas veces y hay que reflexionar por qué.
Quizás me haya metido con personas a las que realmente quiero olvidar, no criticar, pero ello ha sido debido a que antes estas personas, por su conducta errónea, me han zaherido a mí. Si he causado molestias, ruego me perdonen aunque he sido moderado en la crítica. He estado confuso unos días en que todo lo consideraba negativo y feo.
Larra atacó todos los vicios nacionales españoles sin dar ni un nombre. La situación de ignorancia, precipitación en hacer las cosas y la baja moral de los españoles de su tiempo están reflejados en sus artículos. Ya sabemos cómo acabó Larra. Pudo influir en su espíritu esta España que no le gustaba además de sus problemas personales. Lo que se ve mal, es justo criticarlo razonadamente sin llegar al odio. La crítica parece que alivia, que descarga primeramente el corazón del que sufre una injusticia o un desmán ajeno. Sin que nos llegue a afectar en nuestra vida hasta hacerla irrespirable es lógico desahogarnos sin ser muy duros en el análisis pero si algo nos duele hay que darle expresión a esa dolencia.

lunes, 28 de julio de 2014

El otro día leí en un libro: "limítate para ser feliz". ¿Acaso no se es feliz tumbado en la bañera, que ya es un gasto, en las horas de calor nocturnas o diurnas, con una cerveza y un cigarrito, limitado a los estrictos límites de tu propio cuarto de baño? ¿Por qué gastar lo que no tienes, esa flaqueza que te hace infeliz porque luego nunca tienes dinero, en Latinas y otros engendros carísimos que engendra Madrid o una playa en la que todo cuesta a millón? Por eso hay que limitarse, limitarse a lo que uno dispone. Y no somos ricos.
Yo comprendo a mentes que se sienten limitadas, que se sienten atrapadas en su triste realidad, que viven sufriendo, que quieren ser como Leonardo di Caprio, Alejandro Lecquio u otro famoso que tira de chequera en cuanto llega a puerto pero no caen del burro en que van montados como pobres curritos que son. Limítate para que todo te llegue adonde te tiene que llegar, limítate para que seas más libre porque solo los que pueden se expanden, limítate porque a lo mejor un día son otras circunstancias las que te limitarán y no tu voluntad.
Una conducta aviesa o inmoral de unas personas hacia otras personas produce confusión mental no solo en quien se vea afectado por la incorrección de la conducta sino también de quien tenga noticia de la conducta en cuestión, de quien la presencie o de quien la consienta porque no tenga otro remedio.
Tenemos que tener mucho cuidado de cómo nos comportamos con los demás no sea que se destape la caja de los truenos y ese trato despectivo, ese desahogo inmoral de nuestro comportamiento al final acabe afectándonos a nosotros mismos.
Si hacemos luz de gas a una persona, ¿cómo reaccionará esa persona al cabo del tiempo? Sin duda alguna, con desprecio u odio hacia la persona que le ha estado arrinconando de mala manera.
Si preguntamos e incordiamos constantemente a una persona que nos nos ha dado nuestra plena confianza para que preguntemos tanto de su vida, ¿cómo reaccionará? Cortando el grifo de esa amistad incómoda. Y así todo. O vamos con tacto y cuidado con las personas o esas personas reaccionan algún día y nos nos vuelven a hablar o algo peor.
Mi mente funciona mal. No tengo ciertas sustancias en ella u otras las tengo revueltas o algo así. De todos modos, se sabe muy poco sobre mi enfermedad. Solo se trata con paliativos (pastillas) y no se cura en toda la vida. Es una enfermedad crónica.
Lo que le pasa a la mente repercute en el sentimiento y viceversa. Yo lo que noto es que soy impresionable. Lo que a una persona normal no le cuesta más que decir, "es una persona rara" y se olvida de ella, a mí me cuesta una obsesión y una preocupación y un darle demasiadas vueltas a las cosas.
Yo no quiero que se me trate de manera diferente por ser enfermo; de hecho, parece que no se tiene en cuenta mi enfermedad para nada entre la gente con la que me rodeo pero yo sí sufro las consecuencias de conductas erróneas de la gente que me rodea. Pero a ver si consigo aprender que cuando me desprecien, hacer caso omiso; cuando me harten a cotilleos, saber decir que no quiero saber nada de ellos; que cuando observe conductas inmorales, saber olvidarlas; cuando quieran discutir, que discutan con la pared, etc. Mi madre está enferma y se ha tirado tres meses en el hospital. Eso sí me ha afectado al sentimiento y a mi vida. Lo de otros que se creen no sé qué u otros que no se dan cuenta de su error, ya no me afectarán porque voy a darles al olvido y sanseacabó. Es lo que merece mi mente enferma, olvidar a los que me causen problemas mentales. 

sábado, 26 de julio de 2014

Somos esclavos de lo que hacemos, claro está, pero podemos analizar lo que hacemos y si no es bueno, mandarlo al carajo. Para eso hay que poner la vista en nuestro pasado más reciente o más lejano y ver qué hay de bueno en lo que conocemos o hemos conocido. Si nada de este pasado es bueno, ¿para qué seguir cometiendo errores? Para darse cuenta de estos errores es buena la soledad: una semanita de no ver a nadie que te confunda en tu análisis, una semanita sin oír estruendos, sin oír estupideces, sin ver cosas desagradables, aburriéndote en tu casa como una ostra pero una ostra feliz que ve más allá de los colorines que te ofrece la gente, que deja de oír chapuzas verbales insidiosas, que deja de sentir el desprecio de la gente que además es despreciable. Si una persona despreciable encima te desprecia a ti, ¿entonces? Es un desprecio doble. Es mejor estar en casita, tranquilamente, haciendo una paella o barriendo el suelo y sanseacabó.
Ayer noche, yo decidí no salir y estuve charlando con Paco de cosas nuestras. Fue muy productivo pues salieron a relucir temas variados que nos afectan. Uno de los temas fue la asociación. Una asociación a la que se acude libremente sin pagar cuotas pero que últimamente no ofrecía muchas actividades y era un tanto aburrida o incluso pesada por algunos que iban a hacer la cabra allí.
Lo analizamos todo y concluimos que a veces es mejor estar en casa tranquilamente que rodeados de modorros o de gente inculta que no ha leído en su vida un libro.
Dice Paco que a él, la asociación le sirvió de mucho en sus primeros tiempos pero yo le decía que de qué le ha servido en estos últimos tiempos en que todo era mecánico y tedioso.
La verdad es que no me contestó pero se veía que él sí tiene todavía fe en esa asociación y seguirá yendo.
Yo iré más adelante y si me aburro me largaré con viento fresco.