lunes, 30 de junio de 2014

Escribir es una arte solitario, meditativo y terco. Cada equis tiempo, el cuerpo me pide escribir. O la mente, no sé. Tampoco sé que efectividad tiene el hecho de escribir en mi vida o en la de los demás. Ir juntando palabras para contar historias debe tener un refrendo intelectual bastante elevado; quiero decir que la metafísica del contar historias debe ser algo importante pues hasta Dios mismo acudió a ese recurso para contarnos cómo creó el mundo y lo que luego pasó en él. Todo el mundo se la pasa contando historias desde pequeño hasta que se hace viejo. Yo creo que el oficio de escribir se basa únicamente en llenar de cierta estética esas historias que todos los humanos nos contamos unos a otros en el devenir de los tiempos. Ser escritor no es nada nuevo. Más bien viejísimo. Al dictado de Dios y de los dioses helénicos Homero y los profetas y los escribas de la Biblia nos fueron contando miles de historias que han perdurado hasta hoy. Las historias que se cuentan hoy en día son menos trascendentales pero tienen el poso de aquellas milenarias. 
Tras un fin de semana pobre de emociones llega este lunes pobre de solemnidad. El cielo está muy luminoso y los pájaros, como siempre, no dejan de piar. Tengo que hacer la comida y no tengo ganas. Dónde estará la vida alegre que cantaban los de antes. Tampoco tengo ganas de escribir, mi cabeza está plana como un plato. Quizá esta luminosidad hace que mi cabeza esté vacía de todo pensamiento. He mirado las poesías de poetas antiguos y como si nada, nada me decían aunque fueron escritas para estimular la mente y el sentimiento. Hoy estoy opaco a todo acto cerebral. He preparado una comida sencilla y he comido poco y después de echarme un poco en la cama cavilando no sé qué cosas que no van a ningún lado me he puesto a escribir mi novela con un resultado satisfactorio: por fin una Musa se ha bajado de el Parnaso azul y me ha querido brindar hoja y media de redacción feliz. Luego he ido a comprar y luego estoy aquí escribiendo esto. Punto y aparte a un lunes plano y azul como el agua de una piscina.

miércoles, 25 de junio de 2014

Antes de escribir en mi novela en la que un personaje debe explicar al lector por qué se hizo mendigo, escribo cosas en este blog. El afán de escribir no debería perjudicar el interés ni la calidad de lo que se escribe pero a veces pasa. Ahora yo no sé de qué escribir o si escribir de algo medianamente interesante. Podría elegir el tema de mi escritura al azar y ponerme a escribir de ese tema pero no lo voy a hacer. No sé si escribir de algo universal que afecte a toda la Humanidad por igual o escribir de algo particular mío que pueda servir de ejemplo. Pero no me sale nada. Sí, voy a hablar de un partido político llamado Podemos que parece que ha desestabilizado el panorama político español pues le ha votado un millón de españoles y ha dejado en evidencia a los partidos mayoritarios españoles. Se le acusa a su jefe de filas de bolivarismo, de comunista y de dictatorial. Yo sólo sé que este fin de semana hablé con uno que le votó. Dijo que le votó por que haya libertad comercial y no monopolios. Yo no quise discutir. Allá cada cual.
Nunca he hecho consideración de este blog, para qué sirve realmente y si tiene alguna utilidad de carácter práctico o moral, qué consigo yo con ir escribiendo estas cosas que escribo en él. La verdad es que es como un desahogo verter ideas que me rondan por la cabeza. Yo no las comparto con nadie pues no sé quién las lee aparte de una prima del pueblo, un sobrino y pocas gentes más. Lo que pasa es que si yo tengo una manía, probable en cuanto tengo la mente proclive a las manías, las depresiones de ánimo o los berrinches pues lo escribo y quedo más a gusto aunque no al punto de que me libere totalmente de estos desajustes mentales que se me van como han venido si tengo una vida tranquila y aprovecho mi tiempo en mi interés y no interesándome por la vida de otros. Que yo coja manía a una persona no es entera culpa mía sino de mi estado mental. Escribiendo esas manías se me van pasando y ayuda a olvidarlas. Yo no quiero criticar a nadie pues nadie me ha hecho nada pero a veces ciertos comportamiento me crean manías.
Me acuerdo de que el año pasado me obsesioné con la idea de viajar aunque fuera modestamente. Como dice Unamuno en su novela "Niebla", se viaja por dos causas: deseo de conocer otros lugares u odio al lugar en el que se está. Insistía en mi mente ese año la idea de ir a Toledo, cosa que no hice pero no creo que lo motivara el amor a esa ciudad sino el odio a  Majadahonda, en la que yo vivía. Los autores del 98 viajaron frecuentemente  a Toledo porque veían en esa ciudad las esencias de España. Yo pensaba en Toledo por su cercanía y cuando lo tenía todo preparado para irme pensaba que qué iba a hacer yo allí solo sin nadie con quien hablar ni comentar lo que se viera allí y el calor que iba a pasar y otros inconvenientes con lo que no me lancé a ir. Lo que hice fue ir a Madrid varias veces pero sin nada calculado más que caminar al buen tun tun de lo que pronto me harté y también dejé de ir. Este año no deseo viajar y no lo hago. Quizás lo haga gracias a los libros.

martes, 24 de junio de 2014

No sé por qué, quizás porque una amiga me ha dicho que escribo muy bien después de leerse mi primera obra que pretende ser seria, creo que puedo escribir con soltura y crear novelas con cierta facilidad. Por lo menos me lo creo, estoy más seguro de mis posibilidades como escritor y sólo me falta mandar a un premio literario esta primera novela para ver si tiene el éxito que esta amiga ve en mi obra. Ahora estoy escribiendo otra que tiene menos acción y más reflexión pero me sale con mayor facilidad el escribirla. Quizás, a partir de ahora, ya haya encontrado otro oficio que reemplace al de profesor. Quizás pueda presumir otra vez de algo. La amiga a la que he dejado mi primera novela seria es una gran lectora. Ha leído "Rojo y negro", "Los miserables" y un montón de novelas actuales. Es alguien competente que por comparación, puede emitir un veredicto y su veredicto ha sido que es una novela la mía buenísima y yo un gran escritor. Ahora, un premio literario tendrá la última palabra.

lunes, 23 de junio de 2014

Ya viene el verano con sus zalamerías
de vida feliz y noches largas
mas no yo que perseguiré en los calores de agosto
a las Musas para preñarlas
y que den su poético fruto
hecho de dulces palabras
que canten los aconteceres nunca inventados
de unos personajes amables.
Yo, ante la pantalla del ordenador
me dejaré las pestañas
en horas amargas
para que surja la acción, las costumbres
y el oro de la fama
de las criaturas que están detrás del alma.