lunes, 10 de agosto de 2026

En el pueblo de San Lorenzo, abajo, no en el monasterio, se come bien por poco dinero. Hay un bar de comidas en el que comí bonito con tomate. Y el servicio fue muy bueno. Luego, nos pedimos unos cafés y seguimos charlando a la sombra. Luego, nos vinimos a casa. No sé cuándo fue esto, creo que allá por mediados de julio. Yo ya tengo odio a El Escorial de arriba porque todo allí es más caro, hay un montón de escaleras y me recorre el recuerdo de Eva todo el rato. Hay una placa en una casa solariega que habla de Ortega y Gasset. Ortega y Gasset renegó de la II república: "no es esto, no es esto". Y Ortega y Gasset fue el que dijo aquello del yo y la circunstancia. El Escorial seguro que fue muy señorial como  para pasar el verano fresquito rodeado de una arboleda importante. Y allí estaba Ortega y Gasset, meditando.

 "El viaje", de Paco Roca. El tío está al borde de la separación en un pueblo de Argentina donde solo hay viajeros que han perdido su avión. Es una pena cómo el protagonista quiere algo que ya es imposible. "Ya no te quiero", le dice su mujer. Así de simple. Y así de duro. El tipo es novelista, me parece que novela su propia vida disfrazada de una retórica propia de novelistas aburridos. El menda ha viajado mucho en su vida olvidando a su querida familia. Y ahora, la quiere más y desearía que aquello durara. Pero no sé el final. Habrá que esperar a acabar el cómic. Habrá que saber qué pasó por la mente de Paco Roca cuando creó esta historia. Tenías que haber traído patatas, dijo el feo y gordo apestoso católico.

 Un lunes normal, con algo de eutimia recorriéndome el cuerpo. Todo lo que pasa me parece bien. Ojalá todo siga así por mucho tiempo. Los días 1 y 2 de agosto lo pasé mal y me puse a escribir poemas desesperados. Fue sábado y domingo y yo veía un calendario hostil de días de agosto deseando la playa, deseando desplazarme hacia algún lado. (todos deseamos desplazarnos a algún lado). Y no me he desplazado ni movido ni viajado y sigo aquí este lunes insípido de agosto, este empiece de semana más que anodino y color vino. En el pueblo habrá un aburrimiento mortal. O sea, que la gente muere del aburrimiento que hay. Pero pronto son fiestas y tal y todos moverán el culo y tal. Y los lunes son terribles cuando uno no está eutímico.

domingo, 9 de agosto de 2026


 A mi hermano Paco no hay que acusarlo de su mal humor. Lo ha pasado mal (todos lo pasamos mal). Ha tenido muchos ingresos y eso no es agradable para nadie. Más bien es muy desagradable. Algunos quieren arreglar un comportamiento morboso con una llamada de teléfono y no funciona, claro. Una vez una psiquiatra me dijo: quédate a su lado (por mi hermano) porque así está tranquilo. Pero yo no había dormido esa noche y para eso están ellos, los psiquiatras, para calmar a los enfermos. Yo no juzgo a nadie, ni a mi hermano, que me ha contado de todo, ni a los familiares, ni a mí mismo. Pero entiendo que mi hermano no puede estar 3 meses haciendo de chófer y yendo y viniendo del hospital. Eso le causa estrés y él, al final, no sabe decir que no.

 Corría el año 1785 en París. Faltaba poco para que las masas se enfrentaran al poder establecido. Michel estaba muy mal. Estaba fou. Y el hombre se las apañaba como podía gracias a un amigo que estudiaba medicina y le componía algunos fármacos para restablecerse un poco. Michel estudiaba letras, los clásicos, los renacentistas. Iba mucho a la biblioteca. Su madre creía que estaba fou por los libros que leía. François, el médico amigo de Michel, estudió en libros de medicina qué era aquella distorsión del comportamiento que sufría su amigo. Leyó a Hipócrates y a Avicena y a Averroes. Y algo decían estos sabios de la enfermedad. Y empezó  a tratar a Michel con medicamentos. Y se curó y estuvo normal mientras se medicó y durmió (pues los medicamentos eran narcóticos) y la madre de Michel le agradeció al médico su dedicación. Y convivían juntos François y Michel y Cosette, su madre, y la enfermedad mental que los marcó para siempre.

 Vino la manía y después la depresión. Y el insomnio crónico. Y la psicóloga de las narices. Y un viaje al hospital. Son fechas confusas. La vida se dilucida en tiempos erróneos algunas veces. Me dan mucha envidia aquellos que no tienen que tomar pastillas, ni hacerse analíticas (todo el mundo se hace analíticas), ni ver a un médico cada mes. Estamos Paco y yo medicalizados para todo el rato. En Majadahonda me han pasado todas las aventuras posibles. Se me endurece el cerebro. La vida ha pasado como un tobogán de bajar y subir. De pasarlo realmente mal. El abril del 24 fue especialmente negro. Estar bien tiene un precio muy alto: demasiadas fechas de hospital y médicos e ingresos.

 Para todo hay que tener ganas. Luis Vélez de Guevara fue el que escribió "El diablo cojuelo" que he tenido entre mis manos en editorial Castalia pero lo perdí. Los días pasan ya rápido, el agosto va criando el mosto. Ya he dicho que el poeta Villamediana tuvo siete muertes, la gente o gentes que le mataron le tenían muchas ganas por irreverente o atrevido. En El Pardillo, bien. Un paseo parlando de cosas, un aquarius en un bar. La vida se va haciendo tersa como la capa del cielo. Los aumentos de deseo ya se van achicando. Las penas se van haciendo recuerdos, no hay estrés, ni duelo, ni conflicto, que son las causas del brote. Al menos, que nos dejen vivir tranquilos.