martes, 13 de septiembre de 2022

El domingo herví una raja de pescado junto con una cebolla cortada en juliana, unas patatas y unos ajos. Nos comimos el pescado y sobró mucho caldo. Ayer lunes compré cuarto de gambas arroceras y un calamar. La idea es hacer una sopa de pescado con el caldo y esos ingredientes. Hoy me pongo a pelar gambas y no paro. Llevo toda la mañana en casa. Solo voy a salir a comprar tabaco.

Bajo cada mañana

al café de la esquina, 

resonante de vida, 

y sorbo cuanto puedo

el día que comienza.

Son muy bonitos los dos versos finales que aluden a una metáfora: "café por mañana", aunque muy típico de los anuncios de café. Estos versos son parte de un poema amplio dedicado a Quevedo que juega con la idea de censura y de la situación política en España. Juega con la personalidad de Quevedo y la glorieta que lleva su nombre. Es de José Ángel Valente. A mí me superan las cosas que dice Valente de Quevedo y he de reconocer que yo a Quevedo lo he leído poco por su dificultad y seriedad de lo que escribe.


Don sin din, blasón ruin.

O sea, que en este mundo no sirven tanto los títulos como la guita. Hay otra versión de este refrán algo más basta.

 Está todo nublado pero no llueve y esta situación me pone un tanto nervioso. La gente coge taxis por si llueve y lleva paraguas por si llueve y yo no doy el paseo por si llueve y luego no llueve. A lo mejor en Segovia está lloviendo pues mi abuela decía que Segovia es el orinal del cielo, pero no estoy seguro. A lo mejor llama mi  prima Rosa y me lo cuenta. Ayer por la tarde me la pasé en casa excepción hecha de tomarme una lata de sin alcohol al lado del pequeño monumento que reproduce la primera página del Quijote, antaño vandalizado por un grafitero. Ya la han limpiado. Mis padres viven en Residencial Cervantes y yo vivo al lado de Travesía Cervantes pero no se me pega nada del brillante escritor. A lo mejor me leo otra vez "Cien años de soledad" o el Quijote, para ver si veo algo nuevo en esas novelas que me saque del aburrimiento. Por lo pronto, me estoy leyendo "Donde el corazón te lleve", que es bastante buena.


Todo en esta vida quiere orden y medida.

Si tienes 5 y gastas 6, ya no hay medida. Si te emborrachas a menudo, no hay medida. Si te drogas, no hay medida. Todo despacio y en su orden.


lunes, 12 de septiembre de 2022

 He buscado en internet la crítica literaria a "Alicia en el país de las maravillas" y hay para todos los gustos. Hay gente a la que no le ha gustado para nada la novela. Hay otros entusiasmados con la misma. Yo la he leído a la mitad y no me ha gustado mucho. Fuimos al pueblo y nos acompañó la calma. Al venirnos, a eso de las 5 de la tarde, nos tomamos una tónica en el bar del centro del pueblo. Yo miraba el parque que hay enfrente de ese bar y me sentía a gusto. Vimos a un vecino de Zarzuela. El domingo paseé. El lunes he estado haciendo compras y he llevado los libros que cogí de la biblioteca (no  me han gustado). He comprado empanadillas para comer y tengo que comprar gambas y un calamar para hacer una sopa con el caldo que salió de cocer las patatas, las cebolla y el pescado ayer domingo. Me ha puesto nervioso una llamada de mi hermana, que si padre, que si la cuidadora, etc. A ver cómo pasa la semana en que mi hermana se va al pueblo. Va a haber que estar pendientes de casa padres.


No hables mal de nada por lo que no hayas pasado aún.

Pues eso. Primero, la experiencia; después, la crítica.

domingo, 11 de septiembre de 2022

 Son las 3:45 de la tarde. Estoy dispuesto a ver la peli de antena 3 que echen por la tele aunque sea un bodrio. A lo mejor hay pelis buenas en otros canales, las buscaré. Estuvimos al pueblo Paco y yo a ver si arreglábamos lo del respiradero del tejado por donde entrababan palomas. Lo resolvimos y nos vinimos del pueblo. Lo pasé bien. Me eché una siesta muy buena a la tranquilidad del pueblo. La vida va repitiendo momentos, cada uno distinto, cada uno particular. Toda la vida, sin embargo, cansa y se repite. Se repiten horas después de comer, se repiten días de ver al médico, se repiten horas como eructos de cebolla. Todo se repite, menos la muerte, solo se muere una vez, algún sentido tendrá.


Hay una isla muy bonita que mira al Ártico. Solo hay en ella 3 horas de luz. Las demás horas se pasan junto al fuego pues hace frío. Se lee, se escribe lo que se puede en esa isla. Nadie quiere ir pues no hay cálidas playas.


Nadie muere tan pobre que la ropa no le sobre.

Lo más íntimo de uno nunca se empobrece.

 Para algunos, la buena vida, que no la vida buena, es ir la Ritz a desayunar; luego meterse en el Corte Inglés u otro almacén de moda como Bimba y Lola u otra gilipollez de tienda como esa y gastar. Esos algunos no tienen nada en la cabeza que los entretenga, nada más miden las cosas por el dinero. Esos algunos no leen, no saben apreciar un libro, el teatro, el cine bien entendido. Tienen la cabeza a pájaros, a pájaros que traen en el pico dinero y dinero y dinero. Solo saben de dinero. Qué gente esos algunos.

Por otro lado, sigue sin llover. Estamos ya a mediados de septiembre y no llueve. Debo entregar los libros a la biblioteca. Lo haré mañana después de comer y leeré la prensa. No llueve, digo, y esa sería la gran riqueza que yo pido para que las plantas y el campo se restablezca de tanto calor.


La indigencia engendra la mentira.

Puede que sean mentirosos los que no tienen dinero o los que se lo gastan sin control. Tienen mucho que ocultar ante la sociedad.


miércoles, 7 de septiembre de 2022

 Hay en Las Rozas un sitio al que llaman el Burgocentro. Dentro de este se ubica una zona que me gusta mucho visitar. El otro día, con Paco delante de mí, me fijé en la fauna humana que llenaba este centro. Había una señora con dos móviles sentada a mi izquierda. No hacía más que dar órdenes y pedir información a los que llamaba. Me causaba irritación y casi estrés oírla. Delante de mí, al fondo, había un hombre mayor con cara de alcohólico, de ojeras muy marcadas con el que se sentó luego un hombre rollizo de mediana edad a charlar. Acabó la charla y el hombre rollizo se fue a charlar con la camarera, que pronto me trajo el descafeinado y la horchata que habíamos pedido Paco y yo. Una madre con dos hijos de esos que llamamos retrasados estaban a la derecha, al fondo y muy delante de mí, también a la derecha, había un hombre calvo que bebía un vino. Me gusta este sitio y no sé muy bien por qué, pero seguro que iré más veces.


No se sabe quién muere ni quién vive.


Es así. No podemos imaginarnos la movida humana que hay alrededor nuestro mientras seguimos con nuestras vidas.

viernes, 2 de septiembre de 2022

 Suena el pito de un coche y suenan los perros, sus ladridos incomodan la tranquilidad de la mañana. A veces, uno desearía estar en el fondo del mar y no oír el rumor de la tierra, esa tierra que se llena de temores y contratiempos. Uno avanza como puede en un mundo lleno de máquinas y máquinas que lanzan mensajes, cruzan el cielo y suspiran de cariño por no sé quién. Esa es la idea: no sé quién recibe el consuelo de las máquinas, yo no. Mis padres son ya muy mayores y yo pierdo el humor un poco todos los días. Creo que como siga así, me volveré intratable y huraño como un hurón. Pero debe ser que la enfermedad que tengo no tolera el otoño; quizás sea eso, que el otoño se me ha atravesado en las entrañas de mi cerebro.


Ese tren que cruza Castilla

de madrugada, ese tren largo y perezoso...


Me gustaría ir en un tren que atravesase Castilla de madrugada, de una madrugada limpia como el agua de algún río.


No es posible ver los pensamientos, pero se puede juzgar por la expresión de los rostros.

Yo diría que por el lenguaje de una persona también podemos saber de ella.