lunes, 11 de marzo de 2019

Hoy, después de comer y tumbarme un rato, me he puesto a ver cosas por YouTube. He visto a Sánchez Dragó que presentaba a unos escritores filósofos o intelectuales que debatían sobre la tecnología, el arte, las drogas o la sociedad. Es bueno oír gente que ha estudiado (uno había sido ingeniero antes de escritor), viajado, leído, etc. y que debaten sobre el futuro del mundo, sobre la mercancía que suponen los cuadros modernos, sobre el nazismo, sobre el poder de las drogas, sobre el poder político, etc. Sánchez Dragó se limitaba a exponer temas, él no hablaba. Me ha gustado mucho oír a un tal Racionero, que se explicaba muy bien. Otro era Escohotado, que es famoso en España por haber probado un montón de drogas y haber escrito sobre ellas. También habla de política. En fin, he pasado un rato bueno escuchándolos y me ha gustado. Pero cuando me he querido poner a escribir, no me ha salido nada, así que me he ido a pasear y luego, he quedado con mis amigas. He comentado con mi amiga que por la mañana he estado leyendo la novela "Ordesa", de Manuel Vilas y no he podido con ella. No soportaba la prosa de su autor. Y me extraña que digan que fue muy leída en 2018, porque yo no la he podido aguantar. Total, que no la leo más.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Parecía imposible que cayera una gota del cielo, pero hoy, 6 de marzo, está lloviendo. Casi un milagro. No sé cómo será esta primavera. Dicen: en abril, aguas mil y también: marzo ventoso y abril aguanoso, sacan a mayo florido y hermoso. Ojalá haya una primavera lluviosa para estarse en casa viendo llover, solo para eso y luego, dar un paseo por la tarde si escampa. Lo de hoy eran unas gotas menudas y contadas que caían casi sin querer, pero ya había charcos esta mañana por las calles.
Es importante que llueva. Para los campos. Para el aire. Para matar la contaminación, etc. Llevábamos ya tres meses sin llover o más. Yo casi no recordaba el efecto de la lluvia en Majadahonda: la gente se queda en casa, los suelos se mojan, el cielo se vuelve más puro, las nubes tapan el incesante sol que antes nos cansaba con su luminosidad.
En fin, yo quiero que llueva y que no haga un calor sofocante en abril porque parece que el verano se atropella y llega con adelanto feroz.

domingo, 3 de marzo de 2019

Son las 7 y media de la mañana, hoy, lunes, 4 de marzo de 2019. Me he despertado porque me mandaban un problema de matemáticas y lo tenía que resolver. Era una regla de tres. Multiplicar y dividir. Lo he averiguado una vez despierto, ya consciente. He desayunado. He visto a cuatro personas de la vecindad que iban a trabajar (un señor bajito del portal 17 y una chica que vive encima de nosotros, en el 4º, y que me dijo su madre que trabaja en seguros). También he visto dos chicos jóvenes que parecían estudiantes, no trabajadores. Los cuatro han salido de la urbanización casi al mismo tiempo. Me acuerdo cuando yo madrugaba a las seis para coger el cercanías en la estación. Qué tiempos. En estas épocas, cuando ya se veía asomar Semana Santa, el curso estaba casi finiquitado y daba gusto madrugar, el fresco y la vivacidad de la mañana en el rostro. El invierno había pasado y ya conocía a los chavales, ya sabía cómo tratarlos y conocía sus psicologías, sus aptitudes y su actitud conmigo. Ya no había engaños. Nos conocíamos de sobra ellos a mí y yo a ellos. Solo había que dar unas lecciones más, evaluarlos y esperar gloriosos meses como eran abril y mayo. El último de junio, vacaciones. Si tenía la suerte de congeniar con algún profesor, me lo pasaba bomba echando un cigarro con él en el recreo o en alguna hora libre. Si había algún problema o lío a resolver, lo resolvía como podía, aunque a veces, tenía que rendir cuentas a algún jefe de estudios por algún fallo. Pero por lo general, en los institutos, yo he ido a mi bola, solo pendiente de que mis alumnos aprendieran todo lo que pudieran. Ya te digo, de los inviernos, que tenías que dar la luz a primera hora de clase, a la primavera, que ya se veía desde que salías de casa, una diferencia abismal.
Puede parecer una tontería pero ayer sábado me sentí muy bien en un bar. El caso es que fui con Paco a la asociación y Alberto, uno de sus miembros, se vino andando desde Las Rozas a Majadahonda con nosotros para ver el fútbol. El fútbol fue una excusa pobre para comernos una ración de patatas bravas y otra de calamares en buena compaña. Lo del fútbol pronto decayó. Yo me fijé en la gente: dos familias enteras cuyos hijos eran educados y cenaron alegremente sin dar la brasa, mientras sus padres charlaban. Otra familia de padres, hija e hijo más pequeño charlando y riendo animadamente sin dar la brasa. Y otra gente que se comunicaba sus penas o sus fortunas de la vida en un trasiego de diálogos fructíferos, todo en una armonía que a mí me llamó la atención. Salí cuatro veces a fumar y en la primera vez vi dos enamorados que se besaban. Luego vi dos mujeres que hablaban del trabajo de una de ellas. La tercera, vi un hombre que dejó un perro de lanas a la entrada y entró a ver el partido un rato. La última salí con Alberto, mi amigo, y hablamos de los nervios que tenía porque iba a tener el examen de oposición para celador en el hospital. Por una vez la gente se olvidó del fatuo fútbol que estaba languideciendo y se dieron al sabroso diálogo de sus vidas para bien de la comunicación del ser humano. Y me gustó mucho ver tanta gente charlando y pasando de los putos futbolistas ricachones de mierda.

sábado, 2 de marzo de 2019

Ya lo he dicho en otros blogs pero lo vuelvo a decir: no me gusta este estado meteorológico de las estaciones.  El año pasado, por estas fechas nevaba y hacía frío, que es lo que debería hacer. Ya viene otro año en el que, en abril, ya tenemos temperaturas de más de treinta grados. Y es que la memoria del tiempo meteorológico nos dice que en diciembre debe nevar y hacer frío y así hasta febrero. Un cambio en esta vivencia de las estaciones nos pone nerviosos (por lo menos, a mí) y no nos deja vivir acorde con lo que tenemos metido en la cabeza durante muchos años que vivíamos en ese plan de estaciones frías, lluviosas y cálidas.
Ver gente en mangas de camisa el 22 de febrero me escandaliza y me pone malo porque no es normal.
Es el mayor problema que tenemos: el cambio climático y la contaminación, que son fenómenos que forman una causa-efecto asqueroso sobre la Tierra.
Hay un señor que sale en un programa de televisión que enseña entornos de España muy importantes por tener mucha fauna y flora diversa y rica pero el otro día salió enseñando un trozo de plástico que las cigüeñas usan para hacer el nido y que tristemente funcionan como trampas para los cigüeños. Cómo haríamos para eliminar esos plásticos que se convierten en microplásticos que comen los animales, ya deberían prohibir las bolsas de plástico de todos los comercios. 
En fin, el consumo da mucha mierda y plásticos y residuos que nos los vamos a tener que comer con el tiempo. Qué asco.
Consumamos lo justo. No queramos tener la última moda en nuestra casa y nos irá mucho mejor a todos. 
Hoy he comprado el periódico "El País" porque trae "Babelia", que es un apartado del mismo periódico que trata sobre libros. Resulta que ese apartado solo tiene la reseña de un par de libros. Viene también con ese periódico un revista llamada ICON que tiene mucha tendencias, todas muy modernas (zapatillas, trajes, jerseys, colonias...) y artículos que yo no he entendido. Al intentar leer alguno, me recordó aquellas novelas de caballería que leía Don Quijote y que decían: "la sinrazón de la razón que a mi razón se hace..." o algo así. Hay un artículo dedicado al feminismo, muy extenso y luego, una lista de libros, también muy extensa, sobre feminismo. Como si todo el mundo de hoy en día estuviera preocupadísimo por el destino de la mujer. También hay entrevistas a feministas, artículos feministas y una preocupación feminista a tope. Es lo que se lleva. El feminismo. Como este periódico es el eco del socialismo español y el socialismo español ha abrazado el feminismo con pasión (como explicitó Carmen Calvo), pues venga feminismo, aunque no venga al caso o se pongan ya pesaditos con el tema.
El caso es que si quieres leer la revista y el periódico tienes que estar todo el día metido en casa, de tanta letra que viene en él.
Los articulistas de esta revista yo no los entiendo bien, no sé de qué hablan desde la primera línea, con tanta referencia histórica y cultural, cinematográfica, etc., en un recargamiento de citas, de autores que apabullan. No dicen: "yo creo que..." sino "como decía fulano de tal..." o "en la novela tal, en la página tal se dice tal", lo cual es un rollo seguir leyendo porque te pierdes en seguida con tal acumulación de citas y nombres.
Si ser moderno y seguir las tendencias actuales (que se reducen a un feminismo muy grande) requiere ser tan erudito del cine, de las novelas que no ha leído nadie, de los hombres y mujeres que no importan a nadie y de lo que hicieron esos hombres y mujeres, pues vaya modernidad. La modernidad de "El País" no hay quién la entienda porque hay que ser un lector de minorías, de películas extrañas y lector de libros rarísimos.
Me ha llamado la atención un titular que decía: "Cs lleva en sus listas el 70% de hombres" y luego decía el periódico que Cs estaba muy "masculinizado". Hombre, a ver si os enteráis en Cs: lo que se lleva es la paridad, el efecto cremallera, el que haya mujeres por todos los lados, mujeres a punta de pala, por Dios. Cs nunca será moderno, según lo cánones de "El País" y. por ende, del socialismo español.
Luego he medio leído otro artículo que decía que los líderes actuales son machistas. Machismo y feminismo: una mina de argumentos para ese periódico que nunca empieza: "A las seis de la mañana de ayer..." sino: "María vivió  los tiempos grises del franquismo..." y luego, todo lo demás.

Ay, la prensa escrita. Qué lucimiento.

viernes, 1 de marzo de 2019

Sueño con una ciudad o barrio en que el coche no sea el protagonista, el que lo abarque todo. Aceras anchas para andar a gusto, grandes avenidas, arbolado, parques, asientos cada pocos metros, lugares bonitos como bibliotecas, casas de la cultura etc. protagonizando el espacio urbano. Buenos restaurantes, espaciosos, con terrazas para el buen tiempo, bares amenos donde se reúne gente culta a hablar de libros y cultura, salas silenciosas dispuestas por el ayuntamiento donde tomar un café y charlar o leer libros, cines muy bonitos donde ver la última película bonita, bancos muy cómodos al lado de árboles y césped donde descansar, recorridos para bicicleta o para caminar a lo largo de la ciudad sin ser molestado por el tráfico, lugares bonitos donde poder comer, pasear o leer o charlar. En fin, la ciudad moderna y natural hecha para el peatón, no para los coches.

No la he visto aún, pero espero verla.