martes, 5 de agosto de 2014

Hoy he leído en el periódico una entrevista a Caballero Bonald, escritor andaluz autor de "Ágata, ojo de gata" y "Dos días de septiembre". También es poeta. Yo no he leído a este hombre a ver qué es lo que escribe y cómo lo escribe. Me gustaría leerlo.
Este hombre ha dicho que ha naufragado dos veces, que corrupción rima con cabrón y que desea solo ver pasar la vida debajo de un árbol.
Es un hombre anciano, serio e irónico. Tiene esa ironía de los que han vivido.
También he leído en ese mismo periódico un artículo que ensalzaba la obra y la visión de la vida a través de la poesía de Claudio Rodríguez. Ha estado muy literaria la lectura del periódico hoy.
Yo de Claudio Rodríguez no sé apenas nada pero conocí a un profesor en un instituto que había escrito una tesis sobre él y decía que era un genio. Con el impulso que producen estos ejemplos de autores sabios voy a escribir yo mi parte de la novela de hoy a ver si puede ser.
En este mes de agosto parece precipitarse todo lo sucedido desde febrero. La densidad de las lágrimas ahora cae deshaciéndose en dulce agua en el suelo.
Me he quedado más solo, viendo el corazón de los que valen, viendo alejarse la sombra del que fue sombra a mi lado, esperando que todo lo malo se olvide. Me he quedado solo junto a los corazones que siempre latieron con fe al lado del mío.
Los que me quieren, ya me quieren más. Los que no me quieren siguen una guerra suya y podrida para mí porque esa guerra exige quemar su propia vida en cuentos que cuenta la televisión todos los días en forma de anuncios. Yo sigo el cuento que me contaron mis padres porque nunca he rehuido de ellos sino que los he hecho caso porque eran la voz de la experiencia. El que solo hace caso de su gusto, allá él. Ya caerá de su gusto en la tierra algún día.
Y nada más. Vivir es ir diciendo lo que te han dicho cuando eras pequeño. Si eres tan listo de inventarte la vida, cuidado si el invento no explota entre tus manos.
Unos sucedidos que han llevado a la incomprensión de las partes, unos comportamientos absurdos que también son incomprensibles y me han causado malestar, un sentirme raro no por mi culpa sino por la estúpida embriaguez de chulería por parte de otro y otras anómalas conductas de gente cercana ha hecho que haya dejado de escribir sobre el dulce trino de los pájaros y el sol que luce.
Dicen que el tiempo todo lo tiene en su seno. Ojalá estos comportamientos lleguen a un término total de sí o no; o sea, deje yo de preocuparme de si me quieren o no me quieren y mande ya de una vez al carajo tantas preocupaciones vanas por unas cosas que me sucedieron o por la manera de tratarme de una persona que se ha desacreditado bastante. Que se desacredite totalmente y me deje en paz. Que me olvide yo y la otra parte de lo que sucedió y en paz. Que no sea yo el malo de la película por culpa de otro y que me dejen escribir y vivir a gusto por fin siendo claros de una vez por todas.
Parece que la soledad nos va midiendo la dosis de paciencia que podemos ir depositando en la vida, aguantando. Uno se puede sentir solo aun rodeado de los seres queridos o estar solo de verdad, al arbitrio de uno mismo. Ahora me voy al bar a ver si encuentro alguien con quien charlar, ahora me voy a casa a matar unos momentos haciéndome la cena, a ver si se llega pronto la hora de oír un poco la radio tumbado en la cama, a ver si me entra pronto el sueño. Parece que en soledad todo es una tentativa a ver si esto o lo otro. Porque cuando uno está solo depende de muchas cosas, muchas cosas son las que tuercen el día para bien o para mal. En soledad son muchas cosas las que se le ocurren a uno pero no tiene a quien contárselas. En soledad hay un perro que te acompaña siempre como una suerte, como la aleatoria forma de pasar el día.
En la soledad, uno encuentra amigos, caminos, luces y sombras que se agitan como en un teatro dispuesto tristemente para el que lo quiera ver.

lunes, 4 de agosto de 2014

Las personas chocamos en nuestros intereses porque a veces son opuestos. Otras veces unas personas pretender mandar sobre otras en un intento de ayudar y lo que hacen es fastidiar. Otras veces hay unos intereses que alejan a unas personas de otras por lo dispares o egoístas que son. Unas conductas que no se entienden provocan el rechazo de la persona que las practica. La vida debe ser clara: me quieres o no me quieres. No andes con que hoy me das la mano muy afectuoso y mañana ni me saludas. A mí me gusta mucho el agua, beberla, bañarme en ella. Quizás porque es transparente y clara. Las posturas ambiguas o la ocultación de ciertos sentimientos no me gustan. Hay gente que en público da una cara y en privado da otra distinta. Hay gente que te trata de una manera hoy y de otra manera mañana. A mí me gusta la gente que permanece en sus valores, no que cambia de modo de ser sin saber nadie por qué. La gente que cambia y no da una explicación suena rara, extraña, ajena, enemiga. Sé claro en tus sentimientos y tendrás a tu lado a los de siempre.
A veces pienso que soy un tipo raro o que lo soy para determinadas personas. El caso es que cuando dejé de ser profesor tuve un comportamiento raro con los demás. Estuve huidizo, no quería hablar, las reuniones familiares me hartaban, etc.
Así pasó un año o dos en que yo estuve huraño, de mal humor, no queriendo mostrar mis sentimientos. Luego la vida me pareció mucho más aburrida sin mis exámenes, mis clases y todo lo que lleva aparejado ser profesor. De todos modos creo que hay a mi alrededor ciertas personas con las que no me entenderé nunca haga yo lo que haga o haga lo que haga esa persona en cuestión. La culpa de ese mal entendimiento no la tengo yo siempre sino que los demás también son raritos por unas razones o por otras. El caso es que ya parece que me voy adaptando a mi nueva vida y espero ser agradecido con los que me han hecho bien y poder no resultar tan raro a ojos de aquellos que me ven alejado de sus puntos de vista.
Intelego te, amo te.
A veces pienso que escribir es una actividad propia de gente rara o que no tiene otra cosa mejor que hacer. La gente que me conoce no suele dar mucha importancia al hecho de que yo escriba. Incluso yo mismo no le doy mucha importancia pero he averiguado que en la vida los esfuerzos al final son recompensados aunque a los que hacemos el esfuerzo nos parezca que lo que hacemos no vale un pimiento.
Cuando me pongo a escribir, veo que la historia que avanza tan lentamente, tan esforzadamente no tiene grandes atractivos comparada con otras historias de mayor importancia literaria pero luego leo algunas novelas de esas que se venden mucho y no veo que la mía no tenga algún mérito. Yo se lo quito continuamente a mis historias. Hasta la fecha no me considero escritor ya que no he ganado nada con mis novelas. Este otoño probaré suerte con una o dos novelas que tendré acabadas y ese será el fiel donde yo saldré fortalecido o desesperado. Litera omne continet.