Aquella noche en que los amantes se dejaron bañar por la luna
todo estaba presidido por una tranquilidad azulina.
Al amanecer, un amante no despertó.
El otro no supo a quien llamar, a quien comunicar el trágico hallazgo.
Eran amantes prohibidos los dos.
El muerto (era él quién murió inesperada, inadecuadamente) estaba tendido en la cama en fea torsión.
Ella no sabía qué hacer, el miedo se apoderó hasta de su cabello.
Estaban en casa de ella y su marido volvería a la hora de comer.
Horror, horror, horror.
El muerto estaba totalmente desnudo, como correspondía a tal actividad que habían llevado a cabo toda la noche sin descanso.
Ella llamó a la policía. Todo se supo. La vida de ella en estos momentos parece el garabato retorcido de un loco.
lunes, 7 de julio de 2014
domingo, 6 de julio de 2014
Parece mentira que cuando pones a prueba a gante que crees auténtica y con valores, que se dice tu propia amiga, esta gente se desmorona moralmente y acaba dándote la razón de que la gente vale muy poco. Ayer, esa chica o chico que parecía tan amable, hoy se comporta como un verdadero azacán, sin más luces que las del día. Parece mentira qué desilusiones hay que llevarse en esta vida con la gente que parece respetuosa y formal: luego son como bárbaros sin ninguna consideración.
Yo procuro ser siempre moderado, ni vanagloriarme mucho y no humillarme tampoco. Tiempo atrás conocí gente que llevaba un espejito en el pecho y se iba mirando continuamente en él y dándole besos como condenados. Poco se podía esperar de ellos. Eran gentuza. Y así me fue. Luego, me dolió ver más en otras personas que no eran como esa gentuza sino que eran sencillos y amables pero un día se mostraban pobres de espíritu y de corazón; unos porque lo son y otros porque lo dejan ver.
La lectura es algo sin igual. Claro que hay divertimentos o espectáculos como el cine o el teatro que nos hacen evadir o vivir las aventuras o sentir una catarsis. Pero todo esto nos lo puede hacer experimentar un buen libro. Este verano que viene tan raro, sin calores excesivos, yo me he decantado por la lectura. Al principio es algo duro, es como abrir un melón que no sabes qué calidad va a tener pero todos los libros suelen tener algo bueno, como dijo Cervantes. Es duro proponerse sentarse en un sillón y ponerse a leer pero una vez hecho este acto sedentario y luminoso, todo nos llena de admiración: la expresión de los sentimientos y pensamientos del autor o del personaje, la acción, la dureza que muestra el ser humano con el mismo ser humano (la literatura cuenta eso, lo malos que somos con el semejante) y las muestras de amor o de misericordia de otros personajes, etc, etc, etc. Cualquier pasión vale para dar forma a un libro. Viva la literatura.
La insensatez de la gente no conoce límites. Le da igual a la gente molestar, insultar, vacilar y provocar sin darse cuenta. La gente da una de cal y otra de arena. Un día la gente está amable, cariñosa, amena y otro día incordia como el que más. La gente es lo que tiene, que no se controla, que no medita ni un poquito su estúpido comportamiento. A la gente había que darle unas instrucciones como a los frigoríficos. Esto no se hace, esto no se dice, etc.
La gente suele ir avasallando como los hunos pero nunca se comporta como los renacentistas, que eran humanistas y estaban letrados y todo eso. Para hacer comparaciones históricas con la gente que hay ahora nos hemos de remontar a los bárbaros, esos que entraron sembrando la destrucción y el desorden por todos los sitios metiendo a Europa en los años oscuros. La gente es oscura de mente y de comportamiento, nunca se sabe por dónde va a salir. Hoy en día es mejor no ser gente y ser otra cosa, como por ejemplo, pollastro loco.
Hoy he comprado una pollastra para comérmela pero antes he tenido que guisarla. Las pollastras son, por definición, viejas o por lo menos, premenopaúsicas, lo que las hace tener un comportamiento histérico, sensiblero y rozando el escándalo. Cuando tenía el cuchillo para cortarle el cuello a la pollastra, esta se ha puesto a chillar como un gorrino y a decir un montón de sandeces pero la he cortado el cuello sin remisión.
Hay que tener cuidado con las pollastras porque no alcanzan la virtud y la dignidad de las gallinas; a las pollastras se las va el día haciendo el ganso, diciendo impropiedades y gritando como ocas con el cuello erizado y queriendo no sé qué que nunca se cumple. Las pollastras son peligrosas cuando exhiben su condición sexual de insatisfechas y corren locas por un pollastro de su embergadura. Los pollastros son más tímidos y no chillan tanto pero no tienen tan buen sabor como las putas locas pollastras.
jueves, 3 de julio de 2014
Escribir es algo misterioso que requiere un acto de concentración e invención muy importante. Las palabras son muy útiles sobre todo para el escritor, que crea mundos con ellas.
Los mundos que crea el escritor, si son lo suficientemente sugeridores y placenteros para sus lectores se pueden convertir en paradigmas de lo narrado, ejemplos a seguir por otros escritores a la hora de crear una literatura.
La palabra acompaña a esos mundos como el cincel acompaña la madera que se talla, haciéndola y creándola y sacando una figura.
La palabra crea la narración y la narración crea al escritor.
Yo quiero crear un mundo narrativo bello y polícromo, sencillo también en la expresión pero con la calidad de atrapar al lector en mi invención.
Mis personajes los quiero de fuertes rasgos, con la convicción de lo creado que sigue viviendo al margen del escritor que los crea.
Como hoy Paco no venía del hospital hasta las 15 : 45, hora a la que nos íbamos a comer juntos, después de tomar yo un café con unos amigos, me he venido a casa dispuesto a pasar la mañana entera leyendo. En mi casa no hay más distracción que los libros. Mientras he puesto radio clásica, he leído "La función delta" de Rosa Montero que tiene una descripción de estados anímicos muy bonita y extensa con la que he disfrutado mucho. Luego he leído "Los miserables" que sorprende por la situación de desesperación de los personajes y la descripción del carácter de algunos, muy finamente trazados. Y después me he leído "Los versos satánicos" de Rushdie y creo que es una fantasía sobre la religión musulmana y el arcángel San Gabriel y la relación de los hindúes con Londres y otras cosas más; el caso es que tiene una prosa muy poderosa y muy fácil de leer, muy atractiva a los ojos y a la mente. Y así he estado, lee que te lee y he decidido comprarme un ajedrez electrónico para alternarlo con la lectura de libros.
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