sábado, 2 de noviembre de 2013

Si comparáramos al occidental medio con un indio habitante del Amazonas, ¿se distinguiría el primero por las lecturas que ha hecho a lo largo de su vida que le hayan dado unos conocimientos sobre su propia cultura?
Yo creo que el habitante medio de Europa ha leído poco, tan poco que no conoce los rudimentos de su propia cultura.
El indio del Amazonas tiene un conocimiento eminentemente práctico de su entorno: sabe hacer harina de mandioca (las mujeres), sabe cazar (los hombres) y sabe relacionarse con los espíritus a través de una droga que extrae de un árbol para que la caza y los mismos espíritus le sean propicios. Después, dedica mucho tiempo a rituales cuando miembros de otra tribu le visitan, cuando hay un funeral o cuando hay una fiesta por otros acontecimientos sociales como bodas o nacimientos.
¿Acaso un occidental difiere mucho en su comportamiento a estos indios aunque tenga la tecnología a su disposición, coches, fútbol y otros espectáculos modernos? Las pautas de comportamiento del europeo se basan mucho en acontecimientos sociales y en espectáculos futbolísticos y en el consumo de drogas. ¿Qué vende Inglaterra o Alemania o España al exterior: el sesudo científico o intelectual o el aficionado al fútbol? Este último yo creo. Es muy primitivo este señor.
He estado estudiando a una serie de personas ligadas a la universidad y que quisieron explicar cómo funciona una obra literaria. 
Un movimiento de estos se llamó formalismo ruso y estuvo perseguido por el régimen soviético. Lo que dice este movimiento es que la percepción de la realidad que tenemos es automática y práctica, de modo que perdemos el contacto con la realidad por esa exposición que no valora las cosas en sí mismas. Lo que haría la literatura, al ser un arte, es darnos una nueva visión de la realidad desautomatizada, alejada de lo práctico y con unas combinaciones nuevas que harían realzar esa realidad.
El lenguaje de la literatura sería difícil y nuevo y en él tendría cabida la metáfora como recurso más poético o literario.
Otros autores americanos harían sus estudios pensando en una relación profesor-alumno de modo que hacen ver qué obras son buenas, qué obras hacen un descubrimiento y es acertado el tratamiento lingüístico de ese descubrimiento en la invención que hay en la obra literaria.
A estos autores se les tuvo mucha consideración en prestigiosas universidades por su extraordinaria formación y su deseo de cambiar el modo de entender el mundo a través de la literatura y del lenguaje que usamos todos los días, sistemas que estudiaron concienzudamente para explicar el status quo de nuestra sociedad y el modo de cambiarlo. 
Me he leído un libro sobre Roland Barthes. Fue un hombre contracorriente que tuvo relevancia en los sucesos del mayo del 68 en París. Se le considera fundador de la semiología de la vida cotidiana que quiere decir que estudió los signos comunicativos existentes en la moda, las imágenes, el deporte, etc.
El era un estudioso de la literatura pero no se consideraba un crítico literario porque decía que dictaminar si era buena o no una obra correspondía a la burguesía, clase social que él combatió.
Tuvo simpatías, al igual que Sartre y otros intelectuales revolucionarios de la época, por la clase obrera, por el marxismo y fue amigo de Bertold Brecht, el dramaturgo que escribió "Madre coraje".
A través de unas peleas intelectuales con otros profesores de la época consiguió demostrar que la obra literaria tiene su significado en las interpretaciones de los lectores, no en la intención del autor, que para él es un mero escribidor. Habló de la falacia intencional que después teorizaron los universitarios del new criticism.

viernes, 1 de noviembre de 2013

En este mundo traidor se está ganando mucho dinero y todo parece fácil como que todo se vuelca y andamos mendigando de lo tristes que estamos.
Así ha pasado en lo económico y es un poco tonto decir que lo que se han perdido son valores y que la crisis es una oportunidad. La crisis es perder dinero y andar triste sentado en un parque porque no se tiene trabajo. Todas las teorías adyacentes a ese deterioro social y dinerario es absurdo.
Bien es verdad que hay negocios que florecen con la crisis pero los de siempre la padecen porque no hay dinero que gastar y todas las demás consideraciones son futiles y estúpidas. Nadie saldrá mejorado de la crisis y todo el mundo espera con ansia que acabe.
En lo personal, a veces, también hay crisis que nos dejan baldado el ánimo y sin saber dónde dirigirnos. Como coincidan ambas crisis, la general, y la personal ya te puedes buscar la vida de la manera más acelerada porque si no, te come la miseria.
Al humano se le permite caer, lo que no se le permite es permanecer tirado en el suelo porque se le arrolla.
Mis méritos los tengo en  poco porque son pasados. Yo fui profesor, ahora no lo soy y lo que se adquiere sin esfuerzo se valora poco también aunque sirva para vivir. Quiero decir un dinero de la administración. Yo miro al futuro y lo que pueda hacer de aquí en adelante. Más me vale estar a gusto con lo que hago ahora y prosperar en ello para decir que soy algo, no que lo fui.
Un signo de inteligencia es adaptarse al presente que nos toca vivir y mirar desde ese presente al futuro con ilusión. En estas horas menguadas, no todo el mundo sabe hacerlo y se viene abajo.
Con el trabajo diario se adelanta mucho. A nadie le gusta insistir e insistir en una labor continua que consiga levantar la moral y sacrificarse por salir adelante aunque todo alrededor diga: ríndete. Y eso es lo que hay que hacer y además, renunciar a placeres porque el dinero es escaso. Pero ya dijo la Biblia que hay años de vacas flacas y años de vacas gordas y estamos esperando las vacas gordas que ya vendrán y el que ha aguantado en tiempos de escasez (que para mí no la ha habido en términos de dinero pero sí en términos, digamos, de saber qué hacer con la vida), lo pasará bien dentro de unos pocos años.
Durante mucho tiempo ha reinado en Europa la idea de que daba igual lo que hicieras en el mundo porque el verdadero mundo nos aguardaba después de muertos. En este mundo se venía a sufrir y había que ser bueno para ganar el otro.
Pero ya se vaciaron las iglesias y se dejó de pensar que esto es un valle de lágrimas y  se pasó a considerar que hay que disfrutar todo lo posible de este mundo. Y se pasó al otro lado en la visión placentera de las cosas. Y se buscaron paraísos artificiales en este mundo y se pensó que ya no habría cielo ni infierno, premio ni castigo. Nosotros nos dábamos el premio o el castigo en esta vida.
Los que se daban a los placeres, se acababan dando cuenta de que caían en adicciones baratas y corruptoras del cuerpo y del alma.
Por lo que se saca en conclusión que sea este el único paraíso que hay y que no hay gloria celestial, no debemos dejar que nuestro cuerpo caiga en la dejadez de primerizos placeres que después se convierten en una dependencia cruel. Más vale la moderación que pensar que nuestro cuerpo lo aguanta todo. Dice un refrán: lo malo, si poco, no tan malo. La vida, aunque corta, nos depara placeres medidos por la razón que son los buenos. 
El otro día un profesor dijo en clase que es un signo de inteligencia saber lo que se calza, saber hasta donde llega uno, conocer los propios límites pero yo digo que sin la ilusión de llegar lejos tampoco se puede vivir. La ilusión no ha de perderse nunca.
En este mes que empieza en el que un sol medio muerto mal calienta el aire y avecina el invierno frío hay que fijarse en aquellos ejemplos de entereza ante la vida, en aquellos hombres y mujeres que miran al futuro con ojos esperanzados, alegres y confiados en él, como si fuera un aliado mientras viven el presente como si estuvieran en una salsa muy rica.
Yo me desespero a veces y tengo tendencias depresivas que me hacen desconfiar del presente pero cuando veo a una persona reír o mostrar fe en lo que hace y en lo que piensa me pongo yo también a pensar que merece la pena estar vivo y luchar como luchan y viven con toda la tranquilidad y el ánimo estos modelos de bien hacer ante la vida. No nos desesperemos y aunemos en nosotros el sabio conocimiento de nuestras limitaciones sin renunciar a aquello que deseamos para que se cumpla y así ser felices.