viernes, 4 de noviembre de 2022

López es un amigo mío que va sucio o con pantalones gastados y mea entre dos coches cuando le viene la gana. López es muy católico y va a Madrid con unas monjas a repartir comida y así se siente en bien con Dios. López es uno que va pidiendo que le invites "a un refresco" y ha pasado el verano de mantenimiento en una piscina municipal. López es muy majo. Tiene ideas a veces muy buenas y desea encontrar una mujer con la que tener hijos. López ha pasado el verano en Cabezón de la Sal, donde me ha dicho que hay secuoyas gigantes. López tiene un problema: su madre, que como no tiene amigos por su agrio carácter le llama a López para salir y tomar una cañita. López es mucho López: debe de pesar unos 100 kilos.

He estado leyendo una novela hasta la página 40 y no pasa nada en ella, solo un tipo que se instala en una ciudad. No he seguido leyendo. En mis novelas las cosas pasan en la página 10, si no antes. Las cosas deben pasar y yo soy partidario de la prisa si esas cosas que pasan son desagradables. Me da asco estar merodeando con el personaje por ahí como un tonto en una linde. Siguiendo hablando de las pastillas que me tomo, poca gente sabe que estas pastillas o inyecciones tienen cientos de contraindicaciones, que, unidas a la enfermedad en sí, dan un juego siniestro de curación y tormento para el que las toma. Aparentemente, los enfermos mentales medicados pasamos por normales pero, ya digo, la procesión va por dentro. Y no digamos los daños que hacen al hígado y a los riñones las malditas/benditas pastillas. O sea, que no se crea nadie que los enfermos mentales no sufrimos. Sufrimos casi tres días por semana de los efectos secundarios de la medicación.

Paco y yo hacemos lo que podemos por nuestros padres pero hay cosas que nos superan, nos hartan y nos vuelven ansiosos. La vida de un enfermo mental es esa: sufrir de la mente, angustiarse, etc.

Hoy me he levantado muy somnoliento. Es lo que pasa a los enfermos mentales y por causa de las patillas que tomamos. Las pastillas que tomamos los enfermos mentales afectan todas a la materia gris, al cerebro, y pueden afectarle de diversas maneras. Pueden las pastillas sedar, dar sueño, evitar sentimientos, quitar la alegría. Es como la canción de Sabina: "en la farmacia puedes preguntar, venden pastillas para no soñar". Pues eso. Las pastillas se llaman sales de litio, ziprexa, peridona, etc. La gente se cree que podemos con todo los enfermos mentales, que somos normales si tomamos la medicación, pero no. Hay circunstancias que no dominamos, que nos superan y luego viene la angustia, la ansiedad y el miedo, mucho miedo a situaciones parecidas que nos provocó la ansiedad y la angustia. Es una pescadilla que se muerde la cola. Sentimos miedo a una circunstancia y cuando se produce esa circunstancia otra vez, ya tenemos miedo y el miedo nos produce angustia, etc.

Trátame como un hermano, pero haz alas cuentas conmigo como con un enemigo.

Lo veo bien. El chocolate, espeso.


miércoles, 2 de noviembre de 2022

Félix Grande es un poeta de los llamados del 50 que iba para guitarrista flamenco y lo fue y además fue novelista. Por lo poco que le he escuchado en internet es un tipo burlón. De padres republicanos (su padre luchó en el frente), nació en Mérida pero tuvo que irse a Tomelloso donde encontró el amor. Hizo de todo en Madrid hasta que se puso a dirigir "Cuadernos Hispanoamericanos" que a mí me parecen un rollo. Lo intenté leer una vez y me aburrí. Tiene un libro que se llama "Las calles" y va de un pobretón que anda las calles. No debe de tener mucho misterio ese libro como no lo tienen las calles hablando en plural. No fue académico, como suelen ser algunos de estos poetas en su senectud. Murió en el 14 de un cáncer. Yo he escrito unas pocas páginas sobre uno que le desahucian. Y también le pongo que recorre las calles.

Los elefantes se pelean y la cabra que hay entre medias queda aplastada.

No meterse en peleas. También quiere decir que las peleas de los poderosos joden al obrero.

Al final, lo del lavaplatos era una tontería, un simple apretar en los bordes del cajetín de las pastillas. Ha venido el técnico y lo ha resuelto en un minuto literal. Hay veces que nos liamos con cosas banales y nos llevamos más de un disgusto. Pero todo se soluciona. Hoy he disfrutado de un día calmo y dichoso como aquel que se retira del mundanal ruido. La pena es que no llueve. Debería llover y hacer malo para que temblemos los pecadores, para que sintamos el rigor del frío en el cuerpo de una vez. Recuerdo el año pasado que apenas helaba. Me parece que las heladas son buenas para el vino y los frutales. Cuando hiela, el tronco de los árboles se comprime y hace que la savia fluya más pesadamente y el fruto engorda. Pero no lo sé con certeza, solo he oído eso por televisión. Debe hacer frío y helar y los conductores deben tener cuidado y los ancianitos también por eso de los resbalones. La vida, a veces es todo corazón y a veces es un trozo de hielo que nos enfría el alma.

Doce oficios, trece miserias.

Yo fui profesor y he intentado ser escritor. Dos oficios, una pensión. De mis dos libros publicados no he sacado ni un euro. Me han engañado las editoriales. Es alucinante algunas veces cómo un señor llega a ser electricista o fontanero por sus propios medios.


 He quedado con el técnico de "Romero, s.a." para que me llame a las 4 y a ver a qué hora se puede pasar a ver el lavaplatos. No creo que este técnico sea un impedimento para que yo reclame, quizás, que me den el dinero del lavaplatos, que me le cambien por otro del mismo precio o que yo compre otro lavaplatos más caro, de otra marca, pagando la diferencia. Esas son las tres opciones que manejo. Como pretendan arreglarlo, va a ser un rollo. Yo no quiero que lo arreglen y hagan, quizás, una chapuza y tarden un montón. Yo creo que "Romero" es solvente, pero cualquier empresa puede no escuchar al cliente y fastidiarlo con medias tintas que no conducen a nada. Ojalá sea así como yo quiero y no como quieran ellos.

Cuando el arte de engañar aumenta, los granujas prosperan.

Lo que está pasando en política y en otros ámbitos. En cualquier sitio y a cualquier hora, actualmente, hay un tipo dispuesto a engañarte.


Cuando un escritor no sabe de qué escribir, hace una descripción con personajes y luego cuenta una pequeña acción o anécdota. Yo voy a describir una calle. Yo me asomo a esa calle desde un parque. La calle teóricamente es peatonal pero no dejan de importunar al peatón camionetas de reparto a los comercios y coches que aparcan impunemente en un rellano que hace esa calle antes de internarse paralela a la llamada Gran Vía, hasta la calle que lleva a Madrid. Por esta calle hay viviendas muy antiguas de la ciudad y sus habitantes son humildes, por no decir pobres. Esta calle alberga una tienda de ropa, una librería, comercios de extranjeros y la entrada a un centro comercial llamado Galerías Sanabria. También hay una agencia de viajes en declive, dos inmobiliarias y una manicura. Por supuesto, hay que mencionar el Dia, que es el pulmón comercial de esta calle por sus amplísimos horarios. Al final de la calle, a la derecha, centra el interés de jugadores una sala de apuestas y a la izquierda de la calle una casa de comidas-pastelería-panadería surge con sus cristaleras desde el interior. En esta calle, a veces, hay gentecilla de mal vivir y otras veces hay un anciano que entra en el Dia, compra un tetrabrik de vino y se lo bebe en una esquina, como si fuera un delincuente.