lunes, 30 de diciembre de 2019

He mirado en google "movimiento slow". Tuvo lugar cuando inauguraron en la Plaza de España de Roma un Mac Donalds. Hubo un señor que se opuso y llamó la atención de que el fast food podría ser una amenaza para un determinado modo de vida. El movimiento slow propugna, por ejemplo, que tengas una afición que te haga ser más tú mismo, que hagas las cosas lentamente, que uses prendas antiguas y no vayas a la moda (que compres pocas prendas), que disfrutes de una comida lentamente con los amigos, etc. Es un movimiento ecologista, cultural y contrario al consumo.
Yo podría estar haciendo este tipo de vida en cuanto que yo no voy a la moda, como cosas tradicionales, disfruto de las comidas, voy lentamente por el mundo, paseo todo lo que puedo. El movimiento slow se opone a lo que sería un holgazán pues propone hacer cosas pero hacerlas por gusto y lentamente. El movimiento slow es reacio a la televisión, como lo soy yo y defiende que nos estamos cargando el planeta como lo creo yo también. En fin, que yo hago un poco lo que dicen los del movimiento slow.
Si tienes prisa muy a menudo, párate a pensar por qué.

El jueves día 19 de diciembre aquí en Majadahonda, llovió como tenía que llover: todo el día. Pero ha vuelto el maldito cielo azul y unas temperaturas de primavera (16, 17 grados). Esto es inaudito. Diciembre se irá sin heladas, sin lluvia y sin nieve aquí donde yo vivo. Qué asco. Sé que en otras zonas de España, ha llovido, nevado y se han desbordado ríos. Pero en Madrid, nada. Yo conozco a un señor que trabajó en el Canal de Isabel II, construido por el inmenso arquitecto Bravo Murillo. Pero debe llover y cada uno en casa mirando como llueve o echando un polvo o dando un coscorrón a su hijo.
Yo espero que llueva en enero o nieve o haga algo de invierno porque si no, me desespero con esto de que no caiga algo del cielo. Para mí es el mejor regalo, algo que caiga literalmente, no figuradamente, del cielo.
Y sin más preámbulos, lo dejo: mis libros, "La moneda de la soledad" y "Tres novelitas públicas" están en el Kindle de Amazon.
No sé si estos escritos míos son buenos pero si no los lees no lo sabrás nunca.

La honra cria las artes. Horacio.

sábado, 28 de diciembre de 2019

Como una rana en el río,
como un grillo en su agujero,
como la ballesta del saltamontes,

Así quiero yo la vida.
Así quiero yo la vida.

En mi mundo tranquilo,
en los bares de los amigos,
En la paz que quiero conmigo.

Amo la vida
Amo la vida

Con la tranquilidad del cielo.
Con  el amor de los humanos.

No quiero egoísmo,
ese Satán de antaño

Quiero la vida
quiero la vida
quiero la vida

Pero sin fantasmas,
sin Dráculas
sin Franquestein

La vida como el agua,
la vida como el agua
la vida como el agua.

Muera la avaricia y envidia.
Mueran los pecados.
Muera yo tranquilo algún día.
Hace un rato que me he levantado. He leído la prensa digital y no he visto noticia que me atañera. Hoy es un día para poder escribir mis historias. Mis historias no cuentan nada extraordinario. Son reflejo de la vida diaria. Ya quisiera yo que la vida diaria fuera extraordinaria y poderla contar. La vida, sin embargo sigue unos cauces muy normalitos y sencillos. Lo único que altera la vida diaria es el estrés, esa tensión que existe cuando lo que tú quieres y a lo que te obliga la vida es muy diferente. Lo que tú quieres es estar tumbado la mayor parte del tiempo para no sufrir y a lo que la vida te obliga es a trabajar.
Pero yo soy un caso excepcional. Excepcional, no privilegiado. Yo no trabajo. Yo no me levanto a las 7 de la mañana ya con el estrés pegado al cuerpo sino que me levanto a las diez, después de haber descansado ampliamente.
Me gustaría coger el tren e ir a algún sitio donde cantaran las aves y se oyera el rumor de las hojas de los árboles. Ese sitio sería primavera. Aún no ha llegado.
Me gustaría levantarme por las mañanas y escribir durante todas las horas epopeyas del obrero y amores del electricista pero no me levanto para eso sino para intentar saber de qué debo escribir y nunca me sale nada.

Apura el día, larga es la noche.



La navidad "regala" un par de cosas que se llaman estrés y depresión. No es tan bonita la navidad como en las películas. Yo me he aliviado del estrés sufrido dando paseos y oyendo unas relajaciones guiadas por el YouTube.
Ahora son las 8 de la mañana. Ayer conseguí dormirme a la una de la madrugada. No me gusta dormir poco, pero es lo que hay.

Decía Horacio que bendito aquel el que se esconde del mundo y se retira del mundanal ruido. A mí me gusta el ruido de la ciudad, pero me gusta el ruido con algún orden.
En lingüística se llama ruido a aquello que no aporta información y rompe la comunicación.

Y mientras me alivio de aquella manera, me pillo tremendo pellizco en un huevo con el cierre nuevo de la cremallera: versos de Sabina.
Y luego sigue: y descubro que tengo ladillas.

Las putas son mansas como el sexo lo debe ser. Las mujeres buenas barren la casa. LLueve siempre como quiere Dios. Los camioneros sufren la carretera en los ojos y los taxistas, ay los taxistas, qué engañadores son de toda la vida.

La camisa cubre el cuerpo. Los perros lamen al amo para pedir sustento. La navidad se está acabando. Los hijos de puta nunca descansan.

Me gustaría volar.

Si no te va bien en la vida, ya te irá, ya te irá.

viernes, 27 de diciembre de 2019

Estas navidades he sufrido estrés pero un estrés soportable que me ha hecho ver cosas nuevas. He conocido a varios cracks a fondo y también he conocido mucha miseria humana.


VIVA EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD.


VIVAN LOS NIÑOS QUE SON LOS QUE VEN A DIOS.

GRACIAS A MI HERMANO POR LLEVARME A QUIJORNA, BEBER AGUA DE LA FUENTE DE ESTE PUEBLO (QUE ACLARA LA MENTE) Y GRACIAS A CARMINA Y A GONZALO Y A GORRI y A OSCAR Y A TANTA GENTE QUE ME HA AYUDADO ESTAS NAVIDADES.

MUERAN LOS TIRANOS.


VIVA LA VIDA EN GENERAL PORQUE DE LA VIDA SURGE LO BUENO Y LO MALO Y NUESTRA INTELIGENCIA PARA DISTINGUIR AMBAS COSAS.



A veces es como si hubiera una guerra a tu alrededor que te dejara agotado en la trinchera a ti solo, los enemigos avanzando hacia ti y no puedes hacer nada porque son muchos. No es una guerra de ametralladoras y gas mostaza o bombas, es una guerra sorda que se acerca al oído y penetra al cerebro y es muy dura de llevar.
Pero luego, consultas con los capitanes que hay a tu alrededor y te indican la estrategia a seguir y vas venciendo terreno y te atreves a hacer una incursión y meter la bayoneta hasta la mierda en tu rival.

Y el rival, un poco herido, va cediendo y ya casi le puedes matar, le puedes aniquilar, le puedes barrer de este mundo asqueroso.

Y no lo haces. Porque el enemigo también tiene sus batallas interiores y es débil de alguna manera.

Pero tienes ganas de matarlo pegándole el tiro de gracia para que deje de existir.

Todo esto es una metáfora. No hay guerra en mí ni voy a matar a nadie.

Pero la vida, a veces, es a manera de guerra.