lunes, 8 de septiembre de 2014

Ahora me ha dado por navegar por internet pero no navego muy bien porque no me pierdo por la red. Sigo un itinerario básico de asuntos de literatura como vidas de escritores, libros, blogs de literatura, etc. Al navegar por la red, lo que más me gusta es ver vidas de gentes curiosas, sobre todo escritores. Ayer vi la vida de Fernando Pessoa, lisboeta universal que debió de ser muy raro personaje. No me pierdo por el mar de la información, no comparto con otros navegantes ni un comentario ni un saludo porque no sé cómo hacerlo. Me meto en foros antiguos y en modernos que no me aceptan. Hablo en chats que no me escuchan. En fin, como decía Baroja, se trata de pasar el rato. Me gustaría conocer en internet a otros escritores que estén en mi misma situación para poder hablar con ellos de libros pero no encuentro ni uno. La red no esta hecha para mis pesquisas que se quedan muy cortas, en la wikipedia y poco más. En fin, se seguirá navegando cuando no se tenga mejor coas que hacer.
Creo que vivo mejor últimamente porque me han desaparecido muchas preocupaciones. Yo, económicamente, no las tengo y tampoco tengo trabajo, que crea muchas preocupaciones. Me refiero a preocupaciones que tenía por ciertas personas. Las llamaremos manías. Cuando yo era profesor siempre había un alumno hijoputilla que se portaba mal. Inmediatamente, yo le cogía manía y trataba de anularle en el seno de la clase para que no molestara. Otras veces no era posible y le tenía que aguantar. Ha habido personas a mi alrededor a los que el año pasado yo cogí manía y pasa como con los alumnos: se han portado equivocadamente conmigo y de ahí la manía. Yo, como enfermo de la mente que soy, me cojo muchas obsesiones con cosas y con personas de las que no me libro fácilmente. Esas son las manías. Ahora vivo feliz. Ha coincidido esta felicidad con leerme un libro de Carnegie que debe ser muy famoso en EEUU y que trata de evitar preocupaciones pero no sé si tiene que ver. El caso es que las personas que han actuado erróneamente conmigo ya no son objeto de mis manías. Otra cosa vendrá. 
He pensado para las mañanas escribir una novela y por las tardes la del mendigo y así tener ocupado el tiempo, que tanto me cuesta abarcar. La vida es un sinfín de problemas a los que hay que dar solución constantemente. Ahora recuerdo los días de Oporto como unos días de distracción y despreocupación. En Majadahonda, el tiempo tiene otro valor, hay que emplearlo en algo útil para estar a bien con uno mismo.
Si salgo a la calle, daré unas vueltas insulsas que no me reportarán nada. Si estoy en casa, llegará un momento en que las actividades que realizo me cansen y ya no pueda concentrarme en ellas de modo que todo se vuelve en ver cómo agitar el tiempo de modo eficaz. Hoy no tengo ganas de emplearme en la nueva novela pero llegará una mañana que sí lo haga y otras mañanas en que cogeré el hábito de escribir esa nueva novela pero pasará un tiempo. También me he planteado ir a un taller de novela pero lo haré después de las fiestas.
Resulta que yo hice un contrato de edición de mi novelita "La seducción del diablo". La novela ha debido de gustar pues cuando pongo mi nombre y mis apellidos en internet, salen como unas veinte webs de editoriales que ofrecen mi novela. Casi todas son editoriales de lengua inglesa pero con mi novela en español. No sé si mandar una traducción al inglés de la misma pero como yo no he percibido ni un duro de las posibles ventas...
Hoy he llamado a la editorial y me ha contestado una mujer alemana que hablaba muy bien el español y ha dicho que aunque la ofrezcan esas editoriales, no ha habido venta, que hay unos gastos de administración y que por marzo veré las ganancias. Pues vaya plan.
A mí me gusta ver mi novela ofrecida por esas editoriales que yo creo importantes. La posible traducción no sé si me reportaría algo de dinero. Sería cuestión de mirar.
Cuando analizas una situación anómala, que no has entendido bien, cuando analizas comportamientos extraños que tampoco has entendido bien, cuando analizas una situación de incomprensión hacia tu persona y de incomunicación por parte de un colectivo hacia ti, cuando ves que has estado rodeado de unas personas que han ejercido una influencia nefasta sobre ti, la pregunta es ¿por qué? ¿Por qué en el bar de ese instituto siempre iba yo solo y una vez que hice allí un comentario a una profesora esta se alejó de mí?, ¿por qué yo tenía que conformarme con leer la prensa en el recreo sin que nadie me dirigiera la palabra? Eran grandes profesores, según la fama que corría de ese instituto superferolítico pero como personas no valían una mierda. Yo lo achaco a un narcisismo supremo que les recorría a todos haciéndoles creer que eran la más excelsa creación del universo, siempre mirándome por encima del hombro y sin darme nada más que el saludo por las mañanas como por obligación. No era indiferencia, era desprecio lo que yo sentí allí.
He vuelto a soñar con el jefe de estudios del último instituto en que di clases, aquí en Majadahonda. Fue la primera persona que me atendió en ese instituto. Serio, distante, casi pude saborear el desprecio en él al tomarme mis datos. Luego vi y sentí el desprecio en casi todos los profesores con los que estuve ese año. Uno de ellos se quejó en tono de amenaza delante de los demás profesores. Otro se apartó de mí, en clara demostración de desprecio cuando yo le hice un comentario. Otro me llamó absentista sin ninguna razón, a voces por un pasillo. Podría citar ejemplos de desprecio, no de indiferencia, a lo largo de todo el año en ese instituto miserable que tiene fama de dar un buen nivel de enseñanza. Pero lo que yo vi entre los profesores no fue más que podredumbre, narcisismo y desprecio al que viene nuevo. Tuve un amigo con el que fumaba y me distraía en los recreos pero no me hizo ni un comentario sobre el modo de ser de esas personas, esas personas por llamarlas algo.  

domingo, 7 de septiembre de 2014

Sé que el cigarrillo que me estoy fumando se acabará, que mis seres queridos y yo nos acabaremos y que este mundo que conocí, se está acabando. Sé otras cosas, pero es lo de menos.