sábado, 13 de enero de 2018

Hoy ha sido un día bonito porque ha nevado. Los copos transitaban el aire hasta disolverse en el suelo con toda la mierda que hay en él. Los cafés estaban vacíos porque la gente se quedaba en casa mirando por la ventana cómo caían esos trocitos de hielo blanco y dulce como un susurro frío. La gente tenía miedo de caerse en la calle, tenía miedo del frío que se cuela por la piel un día como estos. Yo tenía un acontecimiento con unos amigos (ver una película en el cine) pero ante tanta adversidad atmosférica, he decidido quedarme en casa y así, encantado y calentito, he visto cómo nevaba sobre la tierra negra, asfaltada, de la ciudad.
He mirado en internet temas sobre la guerra civil española, sobre los republicanos, que la perdieron, y sobre la terrible dictadura que masacró a esos vencidos.
No ganaron los que legalmente estaban en el poder sino aquellos que se dejaron llevar por la jauría que azotaba Europa esos años, esos años de extremismos y odios acérrimos. Odios religiosos, odios políticos, de clase, de raza. En fin, asquerosos odios que llevaron al peor desastre de la historia de España y también a Europa.

viernes, 12 de enero de 2018

Había algo en la novela "El tedio" de Moravia que me gustó mucho. La acción avanzaba según avanzaban también las reflexiones del pintor que gozaba del amor de aquella chica. Quizás fuera eso lo que me gustó. Pero he leído otra novela que me ha conmovido literariamente en gran manera. Esa novela ha sido "El idiota" de Dostovieski. ¿Cómo consigue el autor ruso mantener nuestra atención de tal modo que lo único que se cuenta es sobre la forma de ser de un personaje central que no pareciera tener tanta importancia? "El tedio" se titula así quizás por el aburrimiento del protagonista y la falta de sentido de su vida y de su amor por la chica, lo que le hace vivir en un estado de eterna reflexión sobre lo que hace. En "El idiota", lo que hay es una serie muy grande de conversaciones en las que se desarrolla el carácter raro del protagonista y una acción dada en dosis muy pequeñas con respecto a esas conversaciones. La mezcla de poca acción y reflexiones en la primera novela y las conversaciones en la segunda es lo que hace que se mantenga una intriga grande en las dos.
Una vez oí hablar a Gabriel García Márquez de la importancia del estado hipnótico que hay que producir en el lector mientras lee la novela. Ese estado hipnótico se procura mediante la intriga y el lenguaje a la vez. Dostovieski consigue que las páginas pasen sin darse uno cuenta, consigue ese estado hipnótico en el lector y Moravia también lo consigue. Luego leí "El conformista" pero allí no se consigue tal estado hipnótico, esta novela no llama tanto la atención del lector como "El tedio".
Las novelas que son como un hilo invisible que va tirando de ti son muy buenas, consiguen la abstracción lectora de un modo irreal, consiguen que no te apartes del hilo narrativo nunca. La experiencia de leer esos libros es muy gratificante ya que el lector olvida su vida y vive la del libro.
A mí me gustaría escribir una novela con estas dos condiciones: intriga que va avanzando muy lentamente y lenguaje que atrape al lector desde la primera línea. Márquez, en "Cien años de soledad" acaso consiga con su lenguaje este ritmo hipnótico pero el tema que trata (la vida fantasiosa de una familia en la selva) a mí no me acaba de gustar. Me gusta más la novela centrada en un solo personaje sobre el que se atraen más personajes o conversaciones o reflexiones que nos hacen pensar.

miércoles, 10 de enero de 2018

Hoy hace mucho frío en la casa por la mañana al levantarme. Tendría que estudiar Psicología pero me he levantado muy tarde. También tengo que hacer unas lentejas. No sé si en esta vida tengo lo que merezco pero yo voy haciendo lo que puedo por merecer más. Al ver el pasado me doy cuenta que mi relación amorosa con Eva ha sido un fiasco. Podría haber durado si no fuera por su actitud negativa que me demostró. Pero bueno, lo que me fastidia es que con la vida social que llevo es muy difícil que surja otro amor y dudo ya de que este amor que surja sea bueno, si es que surge. Tengo que ir a Madrid por recetas de la Muface. Iré mañana y veré  a la gente de Madrid, las calles, los edificios y las aceras.
Ayer precisamente hablé con Eva que está desalentada, aburrida de la vida que lleva. Está muy sola con su madre y no le gusta la gente que la rodea. Sus amigos se han portado mal con ella y ella no lo entiende. No se fía de nadie en este mundo.
En fin, yo estoy mal pero ella está peor. La soledad trae estas cosas, estas concepciones tristes sobre los demás.
Espero que Eva encuentre algún amigo que merezca la pena, alguien que la haga caso y la quiera de verdad para que no piense mal de todo el mundo.

martes, 9 de enero de 2018

El sábado pasado vi una película que se llama "Asunto real", basado en un rey en Dinamarca en el siglo de la Ilustración que tuvo como regente o mentor  a un médico que se lió con su mujer, la reina Catalina. Esta película me hizo pensar en el destino por la figura de ese médico que se mete en la corte, se hace amante de la reina en secreto y acaba con la cabeza cortada. Pensé mucho después en mi destino, en el amor que yo he tenido a las mujeres, en la importancia o no de lo que hago día a día y en la posibilidad de que algo cambie en mi modo de vida.
En mi mente empezó a revolar la idea de que estoy como empantanado en una situación que no es muy querida por mí, a la que no valoro, a la que deseo cambiar pero no sé cómo. Mi destino, o el destino de mi presente, por lo tanto, no es de mi gusto.
El médico se lo pasaba bien y era feliz dictando leyes para el pueblo de Dinamarca y folgando con la reina. Ser sentiría feliz pero se pasó en sus atribuciones y en su desahogo sexual. Lo pagó caro. Pero yo, ¿qué he hecho para llevar una vida aburrida? ¿Me merezco el destino que tengo? ¿Es mi destino como el de otra tanta gente y por ello no he de quejarme? Pensé, después de hacerme estas preguntas que a mí me hubiera gustado tener más fortuna en el amor o tenerla algún día.

sábado, 6 de enero de 2018

Ayer vi tres películas, ninguna desde el principio pero me gustaron mucho las tres. La primera fue "El verdugo" de Berlanga que va de un verdugo que se jubila, en los años de Franco y cede el puesto al yerno, que no quiere serlo. Se suceden escenas de comicidad negra, todo por un piso. Luego vi "Rita y Chico" que va de un amor cubano y musical, cosmopolita y un poco triste. Luego recordé "Forrest Gump" y me gustó la parte en que este se pone a correr. Ojalá pudiéramos hacer lo mismo todos cuando tuviéramos algún problema existencial o de otro tipo, descubriríamos el mundo a golpe de zancada y se nos irían los problemas a la porra por un tiempo. Son magníficas las escenas en que Forrest corre, corre y corre seguido de gente o en solitario, con las panorámicas de montañas y lagos norteamericanos de fondo. Y cuando conoce a su hijo en la película me embargó una emoción honda. Forrest se hacía el tonto pero no lo era. Yo leí el libro por encima pero no me gustó mucho.
Con ese tropel de imágenes me fui a acostar ayer y hoy me he levantado un tanto más prosaico, sin la ingeniosidad que suscita la pantalla y el cine.
He estado charlando con mi familia y he hecho el chiste de que me había tragado la haba del roscón. Después apareció aunque alguno de familia sí se creyó que me la había tragado.
Ya acabó la navidad. En fin, vienen tiempos quizá tortuosos o ambiguos pero habrá que hacer por sortearlos como se pueda.

viernes, 5 de enero de 2018

Mi mayor o menor conformidad con el día en que me levanto (siempre tarde) depende de la sensación que tenga yo de que debería viajar, conocer algo nuevo ese mismo día o cambiar completamente mi modo de vida aunque no sé cómo. Hoy parece que estoy contento con lo que me depara mi existencia, que no es una cosa del otro mundo. No lo paso mal, no; no trabajo, por lo tanto, no tengo que madrugar. Tengo suficiente dinero, etc. Pero suelo estar descontento conmigo mismo o con la vida que llevo. No hay ningún aliciente especial en mi vida. Hago siempre lo mismo. En fin, me canso de decir siempre que estoy descontento.

Me gusta pasear por la tarde hasta Las Rozas. Mucho. Mientras paseo voy despejando la mente y ejercitando un pensamiento libre, podríamos decir.

Pero me gustaría ir a una isla, me gustaría ver un río o el mar. Me gustaría pasear por un camino de montaña, ver pájaros volar. Me gustaría bañarme en una playa paradisiaca. En fin, lo que a cualquiera.

miércoles, 3 de enero de 2018

Estos días son un poco tontos porque se dejan ya los festejos pero hay que esperar a que vengan los reyes magos, estrelleros, según se los llamaba en la Edad Media. Alfonso X el Sabio fue un rey estrellero que miraba el cielo buscando alguna respuesta astrológica o astronómica, que tanto daba en aquellas fechas.
Este rey compuso tratados de Historia y para ello usó poemas épicos con rima y todo. En España no se conservan muchos poemas épicos pero los que se conservan son de un realismo atroz. En Inglaterra y Francia conservan el ciclo artúrico, el de Carlomagno y otros ciclos de los caballeros de la Tabla Redonda. En Italia no sé si hay poesía épica de la Edad Media pero luego vino Ariosto y compuso el Orlando, que fue fuente de inspiración en toda Europa.
En fin, que cantar a los héroes es muy común pero en las épocas en que vivimos no se canta a los héroes. O estos son anónimos o se tiene entre la sociedad otros valores que cantar. El periodismo no es épico, no trasciende las capas sociales, se queda en tinta fría. Las novelas que se escriben hoy en día son de fracasos y tristezas, no de héroes. ¿Quién conoce a un héroe hoy en día, un héroe cantado? Superman y todos esos héroes son fantásticos, no nacen del pueblo. ¿Cuándo habrá un héroe como el Cid del que se decía: Dios que buen vasallo si hubiese buen señor? ¿O Roldán o tantos otros de los que sus aventuras iban de boca en boca? Claro, estamos en otras épocas, no orales, en que la información no iba en el papel. Quizás los géneros que se amparan en unas páginas de un libro o un periódico no son tendentes a la épica, a cantar hazañas sino ruindades y crímenes abyectos. Qué asco de narraciones hay hoy en día en tinta impresa. Ojalá surgiese un caballero o heroína de los que nos supiéramos sus cantares por todo el mundo conocido.