domingo, 6 de septiembre de 2015

Otra vez he llegado a un punto en que la novela que estaba escribiendo se me atraganta y no puedo seguir. Pasarán dos o tres meses y no la habré acabado aunque tenga puesto ya el punto final. Y es que mi novela tiene defectos interiores. O sea, que hay cosas al principio de la novela que no casan bien con el final. Al personaje principal yo pensé en un primer momento hacerle pasar por un proceso de mobbing en el trabajo pero al final no lo hice quizás porque ni yo mismo sabía cómo hacerlo, cómo imaginármelo. El caso es que la tragedia final viene por otros acontecimientos literarios más bien familiares.
El principio de esta novela me costó un montón darle forma. Lo escribí y lo escribí un montón de veces. No digo que sea muy bueno el principio de esta novela, sino que me costó mucho diseñarlo.
Luego la novela coge unos derroteros un tanto extraños pero no tan excéntricos que la hagan rara al lector.
Si quieres que algo salga bien, dedícale tiempo.
Por fin me estoy leyendo "El doctor Centeno". La cogí de la biblioteca. Es buenísima. Habla un poco de la educación y otro poco de la aristocracia terrateniente del siglo XIX. El personaje del niño que llega a Madrid sin nada, al que el profesor le llama doctor Centeno para burlarse de él, es muy bueno. Pedro Polo es un soberbio personaje que también aparece en "Tormento", novela que quizás relea pues me gustó mucho. Galdós está soberbio en esta novela recreando personajes como si se los sacara de la manga para hacerlos reales ante nuestra vista gracias a un lenguaje digno de tan gran narrador que es. También es muy bueno para ir contando escenas hasta llegar a un clímax que da lugar a otra situación: como cuando Centeno se pone la cabeza de toro para asombrar a sus amigos. Es muy bonita la historia además: un niño que es recogido de la miseria, unas hermanas manchegas a cada cual más rara, unos señoritos estudiantes, un religioso dedicado a la educación para sacar a su madre y a su hermana de la pobreza...
En un libro bueno verás cosas que te sorprenderán gratamente.
Llevarse bien con todo el mundo es muy difícil. Por ejemplo, yo no podría llevarme bien con un consumista que no piensa más que en comprarse trapos o cosas inútiles todos los días. Tampoco me llevaría bien con una persona que no hace más que asistir a cumpleaños y festejos en los que charlar y charlar con los vecinos de naderías. Ya no me gustan las celebraciones. No me gustan las personas que no guardan el decoro necesario ante los demás. Las personas excéntricas me descentran.
Hay otras personas que se llevan mal conmigo, como esas que se cambian de acera cuando voy a pasar yo. Son vecinas que guardan viejos rencores o son simplemente estúpidas y altaneras.
No me gusta la gente que no habla más que de sí misma. Exageran sus cosas como si no hubiera otra cosa y a mí no me dejan decir nada porque para ellas, lo mío les trae sin cuidado.
Yo me tomo un café sin abrir la boca más que para ingerir el alimento; luego, los demás pueden decir misa.
Si no te gusta la sociedad es porque está verdaderamente mal.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Siempre encuentra uno gente que es reacia a tu persona. Cuando yo era profesor siempre había algunos alumnos que cuchicheaban entre ellos sobre mi modo de dar las clases. En la vida no siempre está uno aupado por la opinión de los demás sino al revés, cuestionado por lo que haces que a los demás no les gusta y eso que no eres un delincuente o un pedigüeño pesado o cualquier otra cosa que estorbe la amistad o el cariño o el reconocimiento.
Esto se debe a que todos nosotros tomamos decisiones que gustan o no. Habrá gente derrochadora en una familia de ahorradores y eso no casa bien y se le mirará a ese que es alegre con el dinero de manera suspicaz y crítica.
Habrá otros que no quieren más que fiestas en un grupo de amigos que no está para ellas sino que es recogido o estudioso y tanta fiesta cansa y entonces ese sujeto fiestero es mirado de mala manera.
Yo, cuando era profesor, me ajustaba a un ritmo de dar clases y habría alumnos a los que les venía bien ese ritmo y a otros no, eso ya no era cuestión mía. Yo creía que hacía lo que debía y punto.
Haz lo que debas porque esta sociedad es a modo de imposición.
Estos días de atrás, desde el miércoles de la semana pasada, he procurado andar a Las Rozas y volver a pie por la mañana y por la tarde todos los días. A veces, al llegar a Las Rozas, me subía a un autobús y venía montado. Ha sido un ritmo vertiginoso que se rompió ayer jueves pues las piernas no me daban ya para más. Me daban unos dolores en los pies y en las piernas muy ostensibles y se ha juntado todo ese cansancio con un virus que tenía mi hermano que me ha atacado a mí también al estómago. Estos dos últimos días estaba tan rendido que cualquier cosa me costaba un montón.
Dice el refrán que de los cuarenta para arriba no te mojes la barriga, como para dar a entender que pasada esa fecha, no se deben hacer excesos.
Pero he estado muy entretenido yendo y viniendo al pueblo vecino y andar me ha venido muy bien mientras lo practicaba, no así su consecuencia final. Andar es un deporte como otro cualquiera y que cansa tanto o más que correr o nadar. Yo procuraré seguir andando pero con más mesura, sin tanta tenacidad porque me iba bien ir pensando mientras caminaba.
De todo se aprende si estás atento.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Hay personas que no soportan su soledad y tienen que estar siempre llamando a unos y a otros con los que estar. Al final, se convierten en unos insistentes insectos que revolotean de acá para allá todos los días a la misma hora. Yo les diría a esas personas que de esa manera, terminan por sentar mal a los posibles amigos, por no saber contener esa soledad a la que están abocados. Encima de su soledad que tienen de por sí, acaban teniendo fama de pesados y pegotes y es peor el remedio que la enfermedad.
A mí me llama uno de estos pegotes y me insta a que vaya con él diciéndome en un whassap: "estaré solo un ratito, mientras me tomo un botijo". Así no es forma de quedar con nadie así que no voy. Yo con prisas no voy a ningún lado y menos con un pegote. Porque sé que si voy esta vez, tendré que ir más veces pues este amigo se hará más y más insistente cada vez.
Si tu soledad no te gusta, insiste.

martes, 1 de septiembre de 2015

He mirado en google "movimiento slow". Tuvo lugar cuando inauguraron en la Plaza de España de Roma un Mac Donalds. Hubo un señor que se opuso y llamó la atención de que el fast food podría ser una amenaza para un determinado modo de vida. El movimiento slow propugna, por ejemplo, que tengas una afición que te haga ser más tú mismo, que hagas las cosas lentamente, que uses prendas antiguas y no vayas a la moda (que compres pocas prendas), que disfrutes de una comida lentamente con los amigos, etc. Es un movimiento ecologista, cultural y contrario al consumo.
Yo podría estar haciendo este tipo de vida en cuanto que yo no voy a la moda, como cosas tradicionales, disfruto de las comidas, voy lentamente por el mundo, paseo todo lo que puedo. El movimiento slow se opone a lo que sería un holgazán pues propone hacer cosas pero hacerlas por gusto y lentamente. El movimiento slow es reacio a la televisión, como lo soy yo y defiende que nos estamos cargando el planeta como lo creo yo también. En fin, que yo hago un poco lo que dicen los del movimiento slow.
Si tienes prisa muy a menudo, párate a pensar por qué.