martes, 30 de julio de 2024

He estado en la biblioteca y he leído los periódicos. Dice uno de ellos que la gente gasta en demasía, se empeña, con tal de hacer lo que hace el vecino: irse de vacaciones. Luego, dice ese diario, llegan los sablazos inmundos, las falsas lamentaciones (ha dicho que un señor, con tal de recaudar dinero, se inventa que su hijo tiene una enfermedad incurable) y los rollos familiares chuscos, como que un hijo no se hable con su padre por no prestarle dinero. Así que parece muy angelical esto de irse de vacaciones pero luego llega Paco con las rebajas y el otoño resulta calentito. A veces, los turistas no tienen qué dar de comer a sus hijos o comen patatas durante un mes. Y es que en la vida no hay nada gratis, parece ser que todo se paga y las vacaciones también.

Llegó quedo tu paso, como la ceniza que cae del cigarro.

Y tú te llenaste de suciedad al lanzar tu quejido demasiado hondo. 

 Hoy he visto a Reques, que ha venido de Asturias. Su mujer murió hace unos meses y ahora, los hijos se preocupan por él en demasía y eso no le gusta. No hace un calor de esos de estar en casa metidos con el aire dado a toda potencia. Son peores los hijos de puta que todo el calor del mundo. Ese vivir soberbio molesta a los demás, crea problemas, va haciendo una palabra falsa por donde va. En medio de la plaza y sobre tosca piedra el agua brota y brota como encendido cristal de las auras limpias. Y así, con el deseo de romper esta muralla de fuerzas vivas, me agoto y agoto la existencia de las palabras en agudo estremecimiento de horas y horas. Por Asturias se come bien y barato. Hay que ir a Asturias, no queda otra. Apergaminados rostros de personas claudicantes van anunciando un velero que se interna en el mar. Sit tibi clarens acqua bona. Sit item meum.

Huyo del viento y me doy contra la luz espeluznante

de un día claro, medido, consumido y meditado.

 No pongamos las esperanzas muy lejos. Hagamos como la Barbie, que tiene que restaurar su mundo arrebatado. Pocos son los que se atreven a coger un autobús y largarse a Moscú, ciudad en guerra permanente. Solo o con hielo, el café descarga un poso de estímulo para el cerebro. Son las 12 y 10. Pronto estaremos comiendo. El pinar amaneciente recoge el amor y el miedo que destilan las gentes. El viento salino se mete en mi cuerpo, lo agita, lo despereza, lo hunde a un pozo de sabiduría dulce. Hoy es un día memorable y gelatinoso como unos callos con garbanzos muy ricos. La paz no se roba, se fabrica y se hace como la masa en el horno.

¿A qué sol te secaste, tú, tierra baldía y ominosa?

El café espera. Voy a la cocina corriendo.

 Duro amanecer de hierro. El calor hace de las suyas. La gente no sale de casa y a lo mejor, se come una lata de conservas por no comprar unas acelgas y rehogarlas en la olla. Claudio Rodríguez fue un poeta español. También lo fue Carlos Bousoño y Leopoldo Panero padre e hijo. España es un lío. Todos los toros que están ahora en las dehesas pasarán a ser lidiados más tarde. No saldré hoy a la calle a leer el periódico y a estar una hora sin fumar. Me consta que me siguen. Todos los locos de este mundo añoran a sus madres queridas. La pena de no ser se agranda con esta cuerda que siempre está igual, no se rompe por ningún lado. Así que dominarán el cielo los ángeles de Dios una vez más. No me sigas, no merece la pena. Asiduus matute deinque soros suus per semper.

Una burla del destino animó al poeta a coger el barco

para comprobar que no había hogar sin fronteras.

lunes, 29 de julio de 2024

He dicho que no iba a hablar de política y lo he hecho pero solo para citar la tabernita de Hemingway. Y la he citado y me he quedado tan ancho. Todo el mundo sabe que en Cuba se vive bien, por supuesto, no faltaba más, viva Marx y Lenin y Stalin. Y la Pasionaria. Turgentes senos de mocitas escuetas y libres se agitan en la playa. Entre la arena y el agua del mar se cimbrean esos atributos como la gloria del cielo. Yo paseo por la playa y veo toda esta turbamulta de cuerpos lanzados por Dios al mundo de las vacaciones estivales y me vuelvo loco, loco y loco. Y ya no puedo opinar ni de Lenin, ni Castro ni de nada. Albur corrompere totum velis cum adhesio ninfulas caras.

Ungió la carne triste de repente para todos

y nos hizo de papel para escribir destinos y culpas.

 A algunos se les ve el plumero en estas ocasiones. Yo les enviaba a Cuba a vivir bien, si es que pueden. No les mandaría de turistas a ver el malecón y la tabernita de Hemingway, sino a las putas calles asquerosas donde lo que se reparte es el hambre a manos llenas. A ver qué pensaban luego de estar un mes con un chusco de pan diario y algo de qué sé yo que es. Dirán estos expertos del comunismo: en Cuba se respira libertad. Sí, una libertad cojonuda. Pendiente todo el mundo de una cartilla y callarse porque si no, incluso te la quitan. Eso es lo que hay en Cuba. Que hay muchos médicos muy buenos. Que los haya. Que hay muy buena educación. Que la haya. Pero la libertad está atada y bien atada al estómago de cada cubano.

Dijo Marx: hágase la revolución.

Y se hizo. Y Marx ya no estaba para verla.

 Numeros stultium abutuere fidei nostra ad tutum latum sinistra, que decían los romanos. Los izquierdos, que hay muchos y no se corrigen. Un izquierdo de estos comemierdas le hizo la vida imposible a mi hermano. Un izquierdo que era mujer, un izquierdo imbécil, un izquierdo estúpido que le confundió y le amargó la existencia. No digo nada de política, sino de gente que hace el idiota por todas las partes que va y así, va jodiendo la vida de todo el mundo: ahora le bautizo como izquierdo, como un negligente animal que no vale ni para comer mierda. Eso es un izquierdo. Y según los romanos, son multitud. Cuídate de los izquierdos, te aviso, pues si son vomitivos, son también numerosos.

Dejar nuestra humildad al raso pero quejándonos un poco.

Es así como va el fragor de una bestia, el iluminado rayo del caído.