En esta vida, estar triste es fácil. Más difícil es buscar esa primera sonrisa que te devuelva la felicidad.
viernes, 29 de agosto de 2014
Quizás haya que esperar a que llegue septiembre, se caigan las hojas, se vengue este mes del mes de agosto en que no queda nadie, en que todo se detiene, en que no funciona nada. En septiembre vuelven, como vuelven las golondrinas por junio, toda la gente al trabajo y parece que todo funciona otra vez y la sensación de calma es grande porque todo se normaliza, todo va por su paso, se acaban las vacaciones, los chapuzones, las aventuras veraniegas.
Septiembre es como un tobogán al que somos arrojados todos los que hemos vivido el verano felices o tristes. Yo he tenido un amago de tristeza en agosto por tantos días aburridos sin saber dónde ir, con quién hablar. La gente me parecía de trapo; la vida, un sinsentido pero no amargo sino hecho de aire, de algo insustancial, de humo de cigarrillo encendido sin motivo. Casi me fundo yo en el humo de lo inconsistente cuando me viene una depresión leve a la mente, me empiezo a preocupar, a verlo todo negro, a caer en una desesperación que yo solo sabía. Pero me recuperé no sé cómo, con la llegada de mis padres y ya soy un poco feliz. Desocupado, sí, pero no triste. Voy a hacer planes para septiembre y me apuntaré a algo, lo que sea, para estar ocupado y lleno de emoción.
Voy a reflexionar sobre una circunstancia, sobre un estado mental sobrevenido por una serie de circunstancias. Empezaré cuando Paco y yo nos vinimos a Majadahonda desde el pueblo. El primer día yo fui al supermercado e hice la comida. Era viernes. Comimos jamón con melón y hamburguesa. Por la tarde ya no recuerdo bien qué hicimos pero yo creo que me aburrí. Empecé a aburrirme. El sábado comimos rebozados: jamón york, plátano y huevo frito. Por la tarde no recuerdo nada especial, así que probablemente me volví a aburrir, esta vez quizás con Eva. El domingo hice la paella que tanto me costó ponerme a prepararla. El domingo me aburrí en El Escorial por la tarde con Eva y Paco. El lunes comimos de la paella que sobró y no sé que hice por la tarde; probablemente, deambular por la calle, intentar escribir mi novela pero la imprimí y la leí y me di cuenta de que estaba muy mal y no fui capaz de seguir con ella, me falló la novela. El martes comimos un yogur líquido de litro y el miércoles comimos lentejas. Estos dos días fueron los peores. Yo empecé a sentirme mal (muy confuso e inseguro) porque estaba deprimido. La gente que veía me daba la sensación de ser de mentira o algo así. Pasaba muchas horas sin hacer nada más que fumar. No quería ir a ningún sitio pero en casa tampoco podía estar. Tenía la sensación de estar encerrado en mi propia casa. Todo se solucionó cuando vinieron mis padres por la tarde y fui a verlos. Se me quitó el mal rollo. El miércoles me levanté a las 8 de la mañana para hacerme un análisis. Esto pudo influir en que estuviera mal esa misma tarde. No me tomé la pastilla de litio esa mañana. Pudo influir. Pero yo creo que lo que más influyó fue estar solo y aburrido tanto tiempo. No lo pude soportar y mi cerebro reaccionó deprimiéndose.
miércoles, 27 de agosto de 2014
No sabemos lo que nos pasa. Porque si lo supiéramos, ya lo habríamos enmendado por nosotros mismos. Cuando la tristeza, ese termómetro del alma, cunde, hay algún problema rondándonos. Y quizás nosotros, los tristes, no tenemos solución para ese problema que hace surgir nuestra tristeza. Hay espíritus tristes en la vida que no se recuperan nunca de su tristeza, llamémosla, congénita.
Yo, hace mucho tiempo, era alegre quizás porque no pensaba, porque no me daba entera cuenta de cómo era la vida de mezquina y agria. Luego, no sé por qué, me he vuelto triste; apelmazada mi sonrisa en un rictus forzado, casi ya no se reír, no digamos soltar la carcajada. Ya no me río. Lloro todos los días que contemplo lo mismo con variaciones tontas que da el tiempo: calor, agua, frío. La gente que veo me parecen trapos andantes sin sentido. Pero soy consciente de que otras personas están en otra onda: se ilusionan por las cosas que hacen, ríen, son vitales pero esa onda la he perdido yo hace mucho. Vivo a traspié de la vida y un día tropezaré con ella o asentaré el paso.
Yo, hace mucho tiempo, era alegre quizás porque no pensaba, porque no me daba entera cuenta de cómo era la vida de mezquina y agria. Luego, no sé por qué, me he vuelto triste; apelmazada mi sonrisa en un rictus forzado, casi ya no se reír, no digamos soltar la carcajada. Ya no me río. Lloro todos los días que contemplo lo mismo con variaciones tontas que da el tiempo: calor, agua, frío. La gente que veo me parecen trapos andantes sin sentido. Pero soy consciente de que otras personas están en otra onda: se ilusionan por las cosas que hacen, ríen, son vitales pero esa onda la he perdido yo hace mucho. Vivo a traspié de la vida y un día tropezaré con ella o asentaré el paso.
Por la mañana temprano me he ido a hacer un análisis de sangre y aprovechando, me he dado un paseo. Durante el paseo me he dado cuenta de que si apareciese junto a mí un alienígena, mi aburrimiento consumado de horas y horas le habría considerado uno más del triste panorama actual de mi vida. Este E.T. se iría a llevar una sorpresa ante mi abulia, ante mi indiferencia melancólica y se iría a su planeta con una pobre impresión de los terrícolas. De forma que he sentido sobre mi cara el airecillo suave de la mañana y caminando, he llegado a las Rozas. No he observado nada digno de atención pero he visto en un banco un abc del día anterior y me lo he leído con gusto. El alma caritativa que lo dejó allí me ha sacado de la abstracción estúpida en la que vivo. Venían noticias de los ERE de Andalucía, un pastón para la corrupción. Luego he estado ojeando un artículo sobre historia: los países del este que apoyaron a Hitler y luego he leído sobre un diálogo que tuvo lugar entre dos filósofos: el papa Benedicto y Habermas. Chesterton decía que no es que haya falta de fe, lo que hay es falta de razón. Habermas decía que del diálogo surge la verdad y Benedicto decía que de la verdad surge el diálogo. A lo mejor ambos tenían razón. Chesterton acierta de pleno: cada vez veo más sinrazón en el comportamiento y pensamiento humano.
martes, 26 de agosto de 2014
Hoy me he levantado sin ganas de hacer nada y no lo he hecho. He estado todo el día en casa arrastrándome y con una desgana que no me dejaba concentrar ni en la lectura ni en nada. He notado que el tiempo ha estado muy caluroso y por la tarde se ha levantado aire. Quizás agosto ya anuncie un septiembre de calor y viento. Vaya mierda. Me ha levantado el ánimo la radio, un programa de tres a seis que es muy participativo y curioso. Luego, para entretenerme, he ido viendo biografías de escritores de ciencia ficción. Solamente para pasar el rato y ver si a alguno le va o le ha ido peor que a mí. También me ha preocupado esta mañana esa desgana que sufría y he pensado seriamente que tenía una depresión.
Mientras que todos los que conozco piensan que yo debería estar dando saltos de alegría por mi situación, yo estoy en un pensamiento negativo que no veas. No hago nada que me merezca la pena a mí mismo y de ahí, el estado de aburrimiento que sufro.
Lo que es bueno para el espinazo es malo para el bazo.
Mirando en internet me he dado cuenta de que si "la energía de la casa no fluye, no fluye usted". La energía de la casa está llena de mierda y polvo. Llevo posponiendo el barrido y limpieza de mesas y baño por tres días y de hoy no pasa. Pero da una pereza grande. La limpieza de la casa dice mucho de sus habitantes. Si hay muchísima limpieza, los habitantes son algo maniáticos y un poco gente rara. Si hay bastante mierda, los habitantes son depresivos, dejados, abandonados y si hay muchísima mierda, los habitantes no son personas de fiar, llevan una vida desordenada cercana al crimen. Mi hermano podría ayudarme en limpiar la casa pero no mueve ni un dedo. Dice que las cosas de cocinar pertenecen a mi gobierno pero también parece que limpiar la casa también es de mi jurisdicción. Tiene mucha cara mi hermano Paco. Todo me pertenece a mí. El, con lavar la ropa se cree que ya hace un montón de cosas. Ayer vi un blog de un tipo de Almería muy divertido que debía vivir solo y se lo montaba muy bien. Yo, con mi hermano, no tengo más que obligaciones.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)