sábado, 2 de agosto de 2025
viernes, 1 de agosto de 2025
Hace falta tensión, necesitamos presión. Ni presión ni tensión. Y el que la busque para mí, va a salir dañado. No soy lo dócil que aparento porque no insulto y trato bien a todos, pero como alguno venga a por lo mío o a romper la paz que hay en mi casa, que se atenga a las consecuencias. Porque mi casa no la pisa ni Dios. Y menos los de mi familia. La voy a vender cuando estemos viejitos y haremos con el dinero lo que nos dé la gana, como sería donarlo a una fundación que estudie la enfermedad mental o a Cáritas o la lucha contar el cáncer. No para esos que han fundido cinco fortunas.
Mi casa:
todo lo que tengo y por la que mato o muero.
En la guerra civil de España, se mataba sin pudor. A mí me entran ganas de matar cuando me desprecian, me ningunean, me llaman tonto en mi cara encima riéndose. Cuidado conmigo. Yo me harto ya muy pronto. Ya no hay ropita de niño ni pasteles. Solo hay el desayuno de cada día. No me molestéis el desayuno porque se me crea una mala sangre efervescente que quiere matar. No lo digo de broma: hoy he soñado con que mataba a esos que quieren mi desdicha, a esos que se han reído de mí en la cara, a esos que dan gato por liebre siempre.
Líbrate de un enfermo mental
porque las cañas se pueden volver lanzas.
Durruti fusiló a todas las prostitutas que iban con los milicianos carcelarios. Y fusiló a todo el que se enfrentaba a él. Terminó con una bala de sus propios amigos revolucionarios republicanos por hijo de puta. Quiero decir con esto que todo aquel que se ponga a mandar y a imponer y a despreciar (todo lo tuyo es mío y tacitas del Alehop) puede acabar odiado, lleno de mierda porque todo aquel que se cree algo acaba comiendo mierda. No te creas algo, sigue la carrera del vecino y no tendrás problemas con los demás. El odio no se sabe cómo va a manifestarse pero si es una puñalada, en eso se traducirá.
No mandes, no impongas, no desprecies
y no serás odiado
Había una luna excéntrica enredada en las hojas del cedro de mi ventana. Mi hermano se aisló del mundo y eso siempre le ha venido mal. Ha ido al hoyo cada vez que se metía en casa y decía de los demás improperios a cada cual más feo de oír. Esperemos que, con las medidas tomadas, la vida de mi hermano se vea beneficiada y salga a la calle a ver a Bla, bla, bla, a ver a pelo pincho y a Rufino y a Moha y a Alfonso y a Iván y a Santi. El color de la vida se aprecia también en un gusano, en una carátula de araña, en un viento frío, en los calzoncillos de un soltero.
Mira por dónde viene el exquisito:
se come lo que le prepara su mujer y no se mancha ni una mota.
Están abriendo bares junto a tu corazón y te han visto donando sangre a la puerta de misa. Son dos versos de Cristina Rosenvinge. Los hipócritas no son queridos de Dios, esos que enseñan una mano amiga y otra para traicionarte. Que piensan que son muy buenos o que los demás somos sus verdugos y se hacen la víctima. Van de organizadores y luego, de atropellados por los demás, maltratados, mártires de todo. Pero luego, se van de vacaciones y dejan al abuelo en tierra. Y no le acompañan. Y solo le acompañamos sus hijos que le quieren, no los nietos ni la hija que pasan de él.
El abuelo:
siempre pensando que no ha hecho nada malo.