miércoles, 8 de septiembre de 2021

 Anda el tiempo revuelto. Ayer hizo calor y hoy hace fresco. Los cambios de estación vienen mal para los enfermos como yo. Llevo tres días que he sufrido insomnio hasta que lo he podido eliminar. Lo he eliminado oyendo en el móvil hipnosis para el sueño y con pastillas. No solo el tiempo anda revuelto. Creo que la gente también lo está. Es una intuición. Ya tenemos cuidadora para mis padres, así no hay que ir a estar con mi madre mientras mi padre da un paseo. Pero los fines de semana hay que organizarse por turnos: somos cuatro a turnarnos, según mi hermana y la lógica familiar: mi hermano, mi hermana, mi sobrino y yo. Los turnos son cuatro también: sábado mañana y tarde, domingo mañana y tarde. Calviño anuncia una nueva bajada fiscal. La luz sigue por las nubes. Hay que hacer algo para que dimita Sánchez, ese mentiroso. Va a empezar la sexta ola de la pandemia y los expertos responden. Los expertos responden que la sexta ola vendrá este otoño. Don Simón, el vino, se vende ya menos porque la gente lo asocia al epidemiólogo español que permitió el 8 M. Beba Don Simón: no se corte y disfrute de la manifestación.

martes, 7 de septiembre de 2021

 Delito de odio, agresión homófoba, violencia de género, violencia vicaria, agresión racista... Antes no se ponían etiquetas a la violencia y se luchaba contra ella, creo. Hoy en día, la violencia es como una forma de expresión más que se tolera con mejor ánimo que en épocas más jóvenes de mi vida. ¿Por qué la sociedad es más violenta ahora, en estos tiempos? Hoy políticos extremistas que agitan la violencia, digo de izquierdas mayormente, como Pablo Iglesias, que prepara el montaje de las balas, va con escoltas a reventar mítines y sobre todo, no hace más que calentar el ambiente verbal político jodiendo la marrana todos los días. Ese imbécil violento, como su amigo Monedero y Errejón, que insultan un día sí y otro también, con eso de los jarabes democráticos (escraches): veis, otra palabra para enmascarar la violencia de hoy en día: escrache. Yo creo que la izquierda saca rédito político de la violencia de género porque así agita fácilmente a las masas. Si la gente se quedara en casita, en vez de salir a insultar y calumniar a políticos, la violencia no tendría ese feedback que tiene cuando sucede. Y ya digo: hay malnacidos que viven de caldear el ambiente.

sábado, 4 de septiembre de 2021

Mi sobrino, el mayor que tengo, que es el más osado, viajado y quizás, por edad y contigüidad, el que más caso nos ha hecho a mi hermano y a mí (caso que ni se ha notado), en un arranque de desenvoltura tragicómica, siendo él todavía muy jovencito, después de comer toda la familia junta en casa de mi padres, le dijo a mi hermano esta lindeza: "todo lo tuyo es mío". Tal afán abarcador podría haber provocado que mi hermano se desnudase y le diese toda la ropa que tenía encima, pero no fue así. Mi hermano farfulló algo que no se oyó y ahí quedó la cosa. No se enteraba mi joven sobrino (y a lo mejor no se ha enterado todavía) que las cosas que van pasando de manos por la muerte de alguien a otras personas, ya no va a parar a la codicia de los parientes sino que últimamente hay otras formas de que el dinero aquí, en el mundo, acumulado por una persona vaya a parar a otras manos. Esto va por edades. La edad de mis padres hace que lo entiendan así: todo para mis hijos. Pero yo, que soy de otra edad y de otro pensar, no creo que lo mío vaya a ser para unos sobrinos que los veo cuatro días en el año y no han hecho nada por mí. Entonces, lo que dijo mi sobrino va errado y seguirá errado pues mi dinero qué sé yo dónde irá pero tengo clarísimo que a mis sobrinos ni un céntimo. Bastante juerga se han corrido ya para que se la corran con mi dinero.

Tengo unos tíos septuagenarios que están en una residencia de Segovia. Los últimos años, yo apenas los veía pues su rutina era ir a Madrid, de tarde, tomar unos vinos, y venir de Madrid. También iban a misa diaria. Dejaron de visitarnos por Nochebuena y a mi madre, hermana de mi tía, tampoco venían a verla. Yo apenas me cruzaba con ellos aunque vivían aquí, en Majadahonda. Alguna vez que me cruzaba con ellos por la ciudad, mi tío me hacía unas cucamonas estúpidas y me llamaba gordo. Entonces pasó que mis tíos empezaron a ir a comer y cenar a un restaurante recién inaugurado por unos hermanos de Ávila y, como ese bar restaurante estaba cerca de mi casa y yo iba por él, pues coincidía con mi tío y con mi tía, a los que llamaban en el bar "los abuelos". Entonces se dio la casualidad de que yo llamaba al fijo y al móvil de mis tíos y me salía una respuesta de la compañía telefónica que decía que esos teléfonos no funcionaban. Me enteré (cuando mi tío me dio su número de DNI) que estaban contratados ambos teléfonos en Orange y que la línea estaba bien. Nunca supe qué estaba mal en ambas líneas, solo que me acerqué a casa de mis tíos a decirles que estaban más o menos incomunicados. No hice más por ellos. Otro día, mi hermano y yo vimos a mi hermana y a mi cuñado a la puerta de la casa de mis tíos. Mi hermana no nos saludó. Mi cuñado nos dijo que iban a llevar a mi tía en ambulancia al hospital. Tenía las piernas hinchadas por un caso de inmovilidad. El deterioro en la vida de mis tíos iba en aumento.

Todo lo demás lo desconozco o lo conozco a medias y no me interesa saberlo. Me importan un pepino las propiedades de mis tíos. La verdad es que fui a visitarlos a la residencia de Segovia desde el pueblo, donde mi familia veraneaba, y me dio mucha pena verlos allí, que me parece que no pueden salir fuera. Mi tía dice que los atienden bien. Bueno. Ellos querían ir a esa residencia y allí están. Supe por un sobrino mío que mis tíos tienen 25 sobrinos y que "en un papel que se han encontrado en su propia casa, dice que se hará el reparto entre todos". Mi sobrino, qué listo.

viernes, 3 de septiembre de 2021

Estos son los perfectos estúpidos: cuando te juntas con ellos, saludan, qué menos y a lo mejor hacen alguna bromita estúpida, como son ellos. Luego, ya no hablan, no te preguntan por tu salud, tienes que estar tú hablando para sacarles alguna palabra con tenazas y esas palabras suelen ser "sí", "no" o "no sé" en el mejor de los casos. No son empáticos, no son amables, no son amigos de verdad. Son el culmen de la estupidez supina que por lo menos, sabe andar. Digo que sabe andar porque es lo único que hacen cuando están a tu lado, andar por donde tú vas o por sitios que eligen ellos, caminos estúpidos que no conducen a ninguna parte. No sabes si tienen hermanos, si tienen padre ni madre, ni dónde viven, ni casi como se llaman de lo estúpidos que son. Pero a mí me da igual que no sepa ni como se llaman aunque los conozca de toda la vida. Yo les digo hola y adiós y sigo mi camino. La verdad es que conocer a unos perfectos estúpidos hace mal al cuerpo y a la mente pero sabiéndoles tratar siempre se les puede mandar a la mierda educadamente.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

 Tengo una galbana muy grande. Esta madrugada ha llovido a chaparrón y he mirado en el móvil que a las 6 de la tarde hay un 90% de posibilidades de que llueva. Mi cuerpo alberga una inercia fuerte a moverse siquiera. El ambiente es húmedo y el cielo está nublado todo el día. Me he tumbado en la cama después de comer pero no he podido dormir la siesta. Como ayer y antes de ayer estuve intranquilo en la cama pensando mil cosas: mi cabeza no paraba de inventar argumentos, charlas, ideas, conversaciones imaginarias con conocidos, tuve que tomarme dos de somníferos para dormirme y esta noche, otro; así que tengo la boca amarga constantemente del sabor de esas pastillas. A lo mejor, por el uso de esas pastillas y por el ambiente de modorra que hay, estoy con galbana y no tengo ganas de moverme. A ver cómo avanza la tarde. Ayer también pensé mucho, elucubré con la posibilidad de irme yo solo a la playa y estuve dando demasiadas vueltas al tema. Seguro que no me iré a ningún sitio, así que molesta pensar con terquedad en irme a ningún lado yo solo. Entre unas cosas y otras, tengo en el cuerpo una molicie insuperable, una pereza muy grande.


 La vida avanza: cada hora quizás es un dolor, un lloro inconsolable o simplemente un tiempo que se agota sin pena ni gloria. La vida es como un cuerda de la que se va tirando para que nos hagamos viejos; cada vez que tiramos se nos pasa un etapa. A mí se me han pasado dos etapas de la cuerda: la infancia y la juventud temprana. La cuerda va pasando y cada vez contamos con menos conocidos. La gente que hemos conocido se ha dispersado. La gente que iba en la cuerda ha desaparecido, ha aparecido otra gente diferente. Ya no hacemos las cosas que hacíamos cuando la cuerda era corta: rodábamos en bici, jugábamos al fútbol, bailábamos hasta las 7 de la mañana, íbamos a los pueblos a buscar novias, que nos llenaba de emoción. La cuerda ha ido escapando de nuestras manos y cada vez queda menos que hacer: escribir, leer, charlar. Ya no hay acción en la cuerda, ya nos quedan actividades sedentarias en el cuerpo. Pero bueno, aún queda cuerda e interés en que la cuerda se alargue y siga desenrollándose hasta el final. Que no es poco.