lunes, 6 de octubre de 2014

En el pueblo se vive tranquilamente. Se puede tener ordenador y conexión a internet, se puede ver la tele sin ruidos del exterior porque en el exterior no hay nadie, solo algún perro vagabundo que no se atreve ni a ladrar. Los vecinos se respetan unos a otros y respetan sus horas de silencio e internamiento en casa. Del único sitio que salen voces es del bar y a veces, ni eso.
O sea, que en el pueblo en que yo nací, cunde el silencio como una capa de nubes grandísima que se cierne por todos los tejados y casas y hace que la gente esté acostumbrada a eso, al silencio, a la soledad, al recogimiento. Como si todo el pueblo fuera un inmenso convento.
A mí, en Majadahonda, me gusta salir a la calle y encontrarme a alguien con quien charlar y pasar un rato, no digo descojonarme porque es imposible. Si pudiera conseguir eso en el pueblo y luego disfrutar de mi recogimiento silencioso, me iría al pueblo, a pasar unos días. Lo que pasa es que mi hermano se quedaría sin cocinero.
El silencio de la tumba, búscalo de vez en cuando en vida.
Estoy disparando el consumo de cigarros. Compro un paquete por la mañana y a las cinco, ya no tengo tabaco. Pero lo peor es que yo no me conciencio de que el tabaco es malo. Fumo y fumo sin darme cuenta de que me estoy dañando. Y no sirve decir que yo soy inteligente, si lo fuera. No tiene nada que ver. Hay y ha habido gente muy inteligente que se han dejado llevar por un vicio hasta el final. Es una puta adicción. Y es física, no tiene nada que ver con la mente. Es una sustancia que metes en el cuerpo y la necesitas ya para siempre. Es algo tóxico y malo pero que lo necesitas. Es tan adictiva la nicotina como la heroína. Es muy difícil dejarlo. Desde por la mañana, esa llamada del cigarrillo es tan fuerte que si te falta haces casi cualquier cosa por obtenerla. Bueno. Haré algo, tengo que hacer algo para dejarlo. Ya he probado el centro de dependencias que ha funcionado en parte. Para Noviembre haré una llamada, probaré algo, no sé, pero sabiendo que me gusta mucho fumar y no estoy concienciado para dejarlo.
La vida, si lo miramos metafóricamente, es un camino o un río o un sueño o algo que se nos escapa de las manos velozmente, como sería el agua. A cada uno nos toca representar un papel, ya que la vida también es un teatro. Mirémoslo como lo miremos, hay que andar, hay que fluir, hay que hacer cosas absurdas o desagradables como en una pesadilla o disfrutar la vida simplemente como lo haríamos en un bello sueño. Hay que hacer un papel, lo mejor que podamos, sin que se note que estamos representando, para morir dignos del personaje que nos tocó en suerte. Las responsabilidades son las que marcan ese papel. Si las aceptas y las cumples, cumplirás con tu papel vital. Si miras para otro lado cuando la obra está en su escenificación, ese personaje falla, rompe todo el argumento de la obra. Eso puede pasar si nos dejamos llevar por vicios que minan nuestro poder de responsabilidad, no aceptamos el papel de padres, de hijos, de albañiles, etc con que nos toca la vida. Andamos el camino, fluimos como un  río, soñamos, representamos un papel. Pero lo que marca el hacerlo bien y con conciencia son las responsabilidades que asumimos o no en la vida.
En la Puerta del Sol, a estas horas, hay un montón de gente con intereses diversos. Hay unos que se ríen de sus gracias que inventan sean estas sobre otra persona o situaciones que crean las personas que resultan divertidas. Pongo por caso una borrachera, situación típica de ocasión de reír entre los españoles. Otros se ríen de los propios defectos de esas personas, generalmente de torpezas cometidas por otros, metedura de pata jocosas. Yo no tengo esa serie de estímulos. Mi vida orbita entre mis padres y mi hermano y todas estas personas son bastante predecibles para mí. Tengo más razones para preocuparme por ellos que para reír ya que mi madre está muy débil de las operaciones sufridas en el hospital. Mi padre tiene un carácter seco y desabrido que no invita a la risa. Mi hermano tampoco es propicio a la broma. No somos gente que busquemos bromas, hagamos bromas o encontremos bromas fácilmente. Por eso me dan envidia sana esas personas que se carcajean, que se ríen y espantan esta suciedad de vivir enque se convierte la existencia. Ríete inteligentemente, lo disfrutarás más. 

domingo, 5 de octubre de 2014

Que muera la locura y su cuchara enhiesta,
que anden los cojos y sacudan sus piojos con soltura,
que no tengamos que nacer para ver esto,
que la luna nos aguarde sin haber perdido el corazón en una calle mala.
Que la luz del sol mañana purísima Perú nos la ofrezca.
Y lavemos el esqueleto
y cojamos la concha de la paz en el hilo de nuestro pensamiento
y no seamos peces en la mar de aquí dentro
para que no nos confundan con los tristes de los cementerios.
Vengan callados los soberbios
para que su voz no se resienta en los bancos de los mendigos
donde toman el sol gratis y piden para un café que nunca es.
Perdonad todo esto, perdonad para estar sentados con chocolate, perdonad para no tener que tragar el Cañón del Colorado.
Perdonad la insistencia y el pecado porque el pecado es insistente.
Creí que la misa iba a ser muy sombría, con poca gente y que se nos iba a hacer de noche. Y no fue así. Duró sólo media hora y llegamos a casa justo cuando se hacía de noche. Mi padre condujo como un maestro. Yo no hablé mucho pero al ver que había mucha gente, me alegré y al ver el espectáculo de los alrededores de la ermita de San Antonio, me alegré también. Al ver a un vecino de Zarzuela con el que trato bien y cruzar unas palabras con él, me alegré y las palabras que dijo el cura me dieron ánimos. Hay que buscar la paz, decía la Biblia.
Si uno pierde la paz, lo pierde todo, dice un refrán hindú. Yo ayer tuve paz y resulta que estaba enfrentado al hecho de acudir a esa misa.
Mi hermano Ángel murió por una adicción fuerte que tuvo al alcohol y al tabaco pero en el fondo era buena persona. Si hay un Cielo, espero que este allí. He rezado por él desde que murió y he pensado en la muerte. Nos deja solos.La muerte nos deja solos a los vivos. Pero bueno, hay que seguir para adelante.

sábado, 4 de octubre de 2014

El día está bueno. Hace un poquitín de fresco. Ojalá salga todo bien y rápido. Como dijo la tonta al tonto: qué bien y qué pronto. Así será quizás todo. El caso es que a lo mejor he tomado este tema demasiado en serio, no siéndolo.
El caso es que iré al pueblo. Bueno no, iré a una ermita por la memoria de mi hermano mayor y pronto todo acabará. Ha habido muchos dimes y diretes por este asunto y se ha visto que cada vez es más complicado ponernos de acuerdo.
Veré el monte el rato que lo pueda ver y me echaré un cigarrillo en pleno monte.
Oiré misa que no me vendrá mal, a ver si se me pega algo paciencia cristiana para ir aguantando enfermedades, locuras, etc
Luego el viaje de vuelta y quizás vea a mi novia un poco, no sé, si la pillo bien, si llego pronto ya que no la he visto en toda la semana por la mierda de los cursos. En fin: un pequeño incordio.