martes, 31 de enero de 2017

La vida es tan corta que da mucho miedo pensar que es tan corta. Yo tengo 47 años, no estoy casado, no tengo hijos. A lo  mejor, todo lo mejor de mi vida ya me ha pasado y lo que me queda es una larga decadencia hasta el final. Por eso tengo ganas de comerme una mariscada o de ir a algún sitio paradisiaco para probar el paraíso en la Tierra.
Mis hijos que no tengo no me hacen viejo, no los veo crecer. La mujer que yo quiero no está en mi mapa vital, está por aparecer o no aparecerá ya nunca. No sé si me compensaría otra mujer después de haber estado con una que me ha complicado la vida.
Aspiraciones literarias sí que tengo pero las historias que yo escribo no están a la altura de las grandes composiciones aunque yo he visto películas y he leído libros con menos fuste que los que escribo.
Quizás la vida se trate de ir pasando páginas a ver si en alguna aparece algo que nos cambie la misma vida. Pero no. La vida es un ir frente a no sé qué que se parece al tiempo que pasa y que si no lo atrapas, no eres feliz.
La pena es que en la vida se nos escapan muchas cosas irrecuperables y ahí está lo verdaderamente doloroso.

Si has dicho que no, sigue tu camino.

sábado, 28 de enero de 2017

Después de leídas las noticias de los dos diarios principales, con Trump como protagonista, voy a pensar qué es mi vida actual. Mi vida actual es levantarme a las diez, pasar un tiempo con el ordenador, luego ir a la compra y hacer la comida. Eso ya lo he dicho antes.
Mi vida ideal sería coger un autobús e irme a un sitio con mar, pasear por la playa descalzo y comer pescaíto frito en un bar. Pero eso tampoco es posible porque estoy atado a una rutina y la rutina es tan pegadiza que me tiene sujeto aquí, en la meseta fría sin mar.
Febrero ya no es tan frío como el primer mes del año.
Ayer vi una película muy interesante de dos monjes que se escapan del convento. Quizás mi vida se parezca a un convento aburrido lleno de oraciones sin fe.
Ayer también leí en un taller literario una historia escrita por mí y ninguno de mis compañeros me dijo que era buena. Antes al contrario, me dijo que "no era interesante, que no pasaba nada especial en esa historia". Debe ser el signo de mi vida, en la que no pasa nada especial ni nada de nada.
Me gustaría crear un personaje que sobresaliera pero mi mente piensa más en personajes simples, sencillos, a los que la vid ales pasa por encima.

 Lo relevante de la vida es hacerla bonita.

jueves, 26 de enero de 2017

Me levanto a las diez y me ducho cada dos días. Paso dos horas frente al ordenador cada mañana. Suelo ver a mis amigos cada martes y miércoles. Hago la comida religiosamente. Hoy toca garbanzos con bacalao. Sigo todas estas normas para que la rutina tenga un cauce que seguir pero sigue siendo rutina. No creo que las demás personas vivan una vida más intensa. La vida en la meseta es ardua como la arena. No espero de la vida nada más que esta melancolía de las horas que pasan. Yo, como soy bipolar, espero la brisa de la euforia pues el hálito maloliente de la tristeza ya lo llevo sintiendo durante mucho tiempo.
Las aceras no dan más que ganas de estar en casa y en casa, las horas se hacen de chicle. Leo libros de la biblioteca que me sumen en un mundo alejado del mío por una semana o dos.
La playa está fría durante el invierno y hay que esperar al verano para desear y cumplir una escapada. Mientras, lo mismo atenaza a la persona que debe no volverse loca de aburrimiento. Todos los días camino seis kilómetros.
Lo mismo es despertarte y ver las noticias en internet, comer y pasar otras dos horas frente al ordenador para ver si tu cabeza pare algún ingenio de palabras.

Si la rutina manda, haz un esfuerzo.

miércoles, 25 de enero de 2017

Estoy asqueado de la vida que llevo. Mi vida se resume en hacer todos los días las mismas cosas y a la misma hora. La gente con la que me relaciono no va mucho más allá. Leer algún libro, si este es bueno, logra que me ausente de esta austeridad vital. A veces, hacer la comida es todo un entretenimiento que me saca de la vulgaridad de ir a un sitio a otro sin ningún sentido. Unas vacaciones me vendrían bien pero hace frío todavía en la playa. Aguanto como puedo toda esta mierda vital y fumo mucho. Fumar me hace olvidar la vida que llevo. La vida que llevan los demás a mí me da igual. No me gusta compararme con nadie ni siento envidia por nadie y me importa un huevo los demás.
Paso de la gente que dice que se lo pasa muy bien y disfruta de sus nietos o de sus hijos o de las cosas sencillas de la vida. Suelen ser unos fatuos que obran de cara a la galería. En el fondo o son tontos o son tan miserables como yo, lo que pasa es que quieren dar una imagen idílica de sí mismos pero son la misma mierda que yo y que todo el mundo.
La mierda de vida que llevo no tiene nada que ver con que yo no tenga trabajo. Si tuviera trabajo seguramente estaría mucho mejor. El que tenga envidia de mí es que es idiota. Hay gente a la que veo que me revuelve las tripas, encima eso. Tengo que aguantar la mierda de vida que llevo y a gentuza que no me merezco.

Si te deprimes, mira las cosas sencillas de la vida.

He intentado hacer una novela larga que me tuviera entretenido por las tardes pero ha sido mayor la preocupación de escribirla que lo que escribía. Me he quedado en la página 50. Luego, he leído esas 50 páginas y todo son impedimentos de la acción, o sea, que aprovecharé para hacer un relato de unas 40 páginas con lo que pueda salvar de esa novela que solo ha sido un intento. Todas las páginas web que hablan de las novelas y cómo hacerlas dicen que lo mejor es escribir de lo que sepas para no liarte y yo he empezado a liarme con escribir cosas de las que no sabía. Tenía que documentarme para hacer esta novela demasiado y por lo tanto, estaba perdido. De modo que no volveré a hacer una novela sobre algo que no conozca porque a mí eso de documentarme me pone malo.
Estoy pensando en otra novela que tenga que ver con un joven de barrio que no triunfa en la vida pero que se manifiesta satisfecho con lo que ha obtenido. Pondré alguna reflexión de este chico de barrio para manifestar yo, como narrador, lo que pienso de la vida y cómo me ha tratado.
"El tedio" de Moravia me sirve de inspiración en el lenguaje y en el avance de la acción. No sé por qué esa novela de Moravia se llama el tedio porque es bastante entretenido lo que cuenta.

Si no te sale una cosa, te saldrá otra.

Cuando se está bajo de tono vital o deprimido es bueno adoptar una disciplina horaria en tu vida que no haga necesario pensar qué vas a hacer en los momentos siguientes. Ir al trabajo se convierte entonces en una forma de orientar tu vida de forma efectiva.
Y pasar unas horas haciendo lo que sea, te distrae de tu depresión hasta que llegas a casa y ya debes tener resuelto qué vas a hacer en esos momentos: dar un paseo, escribir, leer o simplemente, ver la televisión. Así es más fácil pasar el día hasta que se te vaya la depresión y puedas entonces improvisar cosas como los buenos actores hacen cuando tienen un papel fácil por delante.
De todas maneras, cuando estás deprimido, no estás en la onda de los demás, estás como ausente y por eso hace falta premeditar qué vas a hacer y no dejarlo al albur porque si no, tu vida es más desordenada de lo normal y acaba en un desastre.
Así pasan unos días que pareces un robot con unas rutinas impuestas por ti mismo pero que son necesarias para que la depresión no haga que se desboque el desorden de tu vida.
Y es bueno también en estos casos, llevar un diario aunque los días sean igual de planos y aburridos. A lo mejor, en ese diario descubres algo que no se te pasaba por la cabeza y es básico para remediar la depre. Además, escribir lo que nos pasa es terapéutico.

Si estás deprimido, sigue un orden.


martes, 24 de enero de 2017

Hace un rato que me he levantado. He leído la prensa digital y no he visto noticia que me atañera. Hoy es un día para poder escribir mis historias. Mis historias no cuentan nada extraordinario. Son reflejo de la vida diaria. Ya quisiera yo que la vida diaria fuera extraordinaria y poderla contar. La vida, sin embargo sigue unos cauces muy normalitos y sencillos. Lo único que altera la vida diaria es el estrés, esa tensión que existe cuando lo que tú quieres y a lo que te obliga la vida es muy diferente. Lo que tú quieres es estar tumbado la mayor parte del tiempo para no sufrir y a lo que la vida te obliga es a trabajar.
Pero yo soy un caso excepcional. Excepcional, no privilegiado. Yo no trabajo. Yo no me levanto a las 7 de la mañana ya con el estrés pegado al cuerpo sino que me levanto a las diez, después de haber descansado ampliamente.
Me gustaría coger el tren e ir a algún sitio donde cantaran las aves y se oyera el rumor de las hojas de los árboles. Ese sitio sería primavera. Aún no ha llegado.
Me gustaría levantarme por las mañanas y escribir durante todas las horas epopeyas del obrero y amores del electricista pero no me levanto para eso sino para intentar saber de qué debo escribir y nunca me sale nada.

Apura el día, larga es la noche.