martes, 3 de junio de 2014

Los que visten de marca y no tienen dinero, tienen un problema: se les ve las costuras. De hilo rojo infinito. Y claro, allá donde vayan y otros sí que tengan para pagar ese cocodrilo divino de la muerte, van haciendo el ridículo. Y es que si eres de una clase social que no da para cocodrilo estupendo de morirse al contemplarlo, no hagas que la gente piense que eres de otra clase social porque luego no eres ni de una ni de otra: eres un puro experimento y el cocodrilo juega contigo y con tu dinero y con tu personalidad que se va atrofiando de manera que acabas irreconocible para los demás. El consejo que daría a todos estos que van tocando el clarín del quiero y no puedo es que dejaran de intentar jugar con el cocodrilo porque no son gente del cocodrilo, o sea, de pasta. El cocodrilo come mucho dinero y también el Corte Inglés. Si para vestirte en el Corte Inglés necesitas mil euros más vale que te cortes el pito antes de ridiculizar en plena calle.
Junio ha venido con sus calores y sus colores. Mi niña Lola, mi niña Lola, se le sube a la cara el color de la amapola. Dulces trinos me despiertan por la mañana, el sol brilla como nunca. Dormir toda la tarde sería un acierto para vivir las noches juninas, todas llenas de gatos maullando por las calles, un tibio airecillo colándose por la camisa, las calles desiertas, toda la noche en la calle esperando a que salga el sol, llegará el nuevo día y yo no me daré ni cuenta. El nuevo día es un concepto político, de política futurista: nadie pasará hambre (sólo el que quiera) y todo lo harán las máquinas. Isaac Asimov ya predijo que las máquinas nos dominarán porque empezarán a pensar ellas solas. Ay, el día que las máquinas empiecen a pensar ellas solas. Ya no habrá amapolas sino imágenes de amapolas y un montón de fotos asquerosas que enseñar a las abuelas. Pero, ¿habrá abuelas cuando las máquinas empiecen a pensar por sí mismas? Esa es la cuestión y no otra.
Hay personas que visten con 600 euros o más, van a La Latina, beben muchos licores que cuestan mucho y luego no tienen dinero. Es normal. Ellos no, ellos, los que van fardando continuamente de su propia estupidez, no son normales. Les falta un hervor. El hervor último de la madurez. Son gente que se aproxima a la cuarentena y no la ven venir, que deberían ahorrar para un futuro incierto y no lo hacen, son gente que van de yuppies pero no lo son, que no tienen dinero pero hacen como si lo tuvieran, que son antipáticos pero luego quieren ser apreciados; en fin: que son tontos pero ni se dan cuenta. Es el problema de la autocomplacencia: se miran en el espejo lo guapos que son y salen a la calle midiéndolo todo con su persona. Los errores que cometen les hacen ser cada vez más discutidos pero ellos, como si nada; son incapaces del autoanálisis, son incapaces de discernir en qué consisten sus vidas. Son gente que quiere ser "in" sin tener capacidad (dinero) de ser "in": un quiero y no puedo constante.
Todos en general debemos hacer un esfuerzo diario para ser normales. Lo digo muy en serio. Yo conozco personas que han hecho  un esfuerzo (creo que para ser así hay que hacer un esfuerzo) para comportarse anormalmente con su familia, con los conocidos, etc. Solo se comportaban como bestias (bestias normales) con sus amigos de farra. Repito: hay que ser normales. Ser normales para mí significa dirigirse por la razón y la virtud (cosas que les debe faltar a esas personas que nombro), no por vicios e instintos primarios. Cuando uno se dirige por la razón, consigue ser amable, cariñoso, no le cuesta nada y la virtud le ayuda a no desear el fin de semana como un poseso demonio de mierda que desea cubata tras cubata. La razón y la virtud son grandes aliados para pasar por esta vida como una persona que sabía estar en cada momento, era agradecido con quien debía y no perdía el culo por el alcohol, la puta fiesta o la fiesta puta y todo lo que hay en la estúpida noche de Madrid llena de cocodrilos infames.
Entre las personas que van a su bola, por lo menos saludan pero solo para que no les digan algo, estas lentejas de martes y jueves, este hospital de todos los días, esta gente incomprensible que no es normal, que va de algo que yo no sé, estos escritos que se quedan sin continuar, esta aventura triste de levantarse cada mañana, estos cotillas que, claro, quieren saberlo todo de ti, este calor desde por la mañana temprano, este no estar en familia como antes, esta paella hecha de repente y con prisas y el gilipollas de turno que ambiciona ser alguien importante a base de minusvalorar a los demás, mi cabeza da vueltas sin ningún sentido buscando el sentido a unos comportamientos que nunca entenderé. Es que son jóvenes. Y una leche. Lo que son es viciosos, borrachos y no tienen nunca una perra. Lloran por el dinero, quieren dinero, aman más al dinero que a cualquier persona en el mundo porque el dinero les ofrecería la fiesta sin fin que ellos desean siempre. Son personas que quieren parecerse a los personajes de papel cuché. No valen pa ná

lunes, 2 de junio de 2014

Si nos pudiésemos librar de los juicios, de los consejos de los demás
y de ese tipo tan pesado que nos ve en todas partes...
Si nos pudiésemos librar de afeitarnos, vestirnos elegantemente
e ir a la moda...
Si nos pudiésemos librar de estar siempre aquí, de esa llamada telefónica, de no ver el mar cuando quisiéramos...
viviríamos más felices, masticaríamos más despacio, los pájaros nos harían gracia al fijar la vista detenidamente en ellos.
Sonreiríamos más, nuestra piel se estiraría al sol de la intemperie, nuestro sexo resurgiría a la desnudez de la luna.
Nuestro dinero valdría más pues lo gastaríamos con mayor gana que no tirarlo en coches y televisiones gigantescas y absurdas.
Yo, en particular, no haría nada más que gastar el tiempo en cosas que me gustaran, no en lo que me dicen viejos tratados con dos piernas y la cabeza loca.
Como ha empezado junio hace un día, voy a hacer un resumen de lo acontecido en el año, a ver si me sale: En enero no paso gran cosa más que dejamos un año atrás más bien triste y unas navidades para olvidar. En febrero murió mi hermano mayor, llenándonos de más tristeza. Yo empecé a ir a las clases de ficción norteamericana y lo pasé bien charlando en debates sobre literatura hasta que se puso mala mi madre a principios de abril. Entonces empezó el trasiego de ir y venir al hospital hasta ahora. Acabé mi novela "La africana" allá por finales de abril. Fui a una boda nocturna, de un primo. Hoy por hoy no encuentro el ritmo de escritura suficiente para ir llenando folios de una futura novela que tengo empezada, pero tengo ideas buenas para ella. Creo que esta novela tiene una idea novedosa y la voy a poner por escrito como sea. Dejé de ir definitivamente a un bar a contar a un amigo ya perdido todos los pormenores de mi vida (lo que hace el aburrimiento). Ahora me tumbo a echar la siesta y acudo a otro bar yo solo y espero no encontrar más amigos cotillas y metomentodos. Paso las mañanas en el hospital y las tardes en casa leyendo o escribiendo lo que puedo. A ver si someto mi novela al jurado de un premio literario tras ponerla a mi nombre.