jueves, 2 de abril de 2026

 Existe algo antediluviano en el ser humano que es la idea de montar bronca y molestar al que está al lado. Lo puede producir una ingesta estúpida de sustancias tóxicas. Pero como yo no consumo ninguna de esas sustancias, a mí que no me vengan con estupideces artificiales. A mí me gusta comer tranquilo, no meterme con nadie y pasear por el campo si a mano viene. La naturaleza es para mí fuente de inspiración. Evito la guerra con el prójimo siempre y mi  inteligencia me dice a qué viene estar incordiando con ideas políticas hueras o con tontadas del fútbol o con que si la abuela fuma. Deseo vivir bien y no hacer caso a urracas parlanchinas de medio pelo.

 No hace ni frío ni calor. Me fumo mis cigarritos. Cada uno tiene sus características humanas repartidas por todo el cuerpo y todo el alma. A mí no me gusta discutir. No me gustan las conversaciones nocturnas, prefiero irme a la cama con un buen recuerdo del día de antes. Tomo precaución con los botarates que hay ahora que se ponen llenos de sustancias alterantes de la conducta. Me gusta pasarlo bien o aburrirme llegado el caso pero no discutir. Las discusiones, para los políticos que hay ahora. Si hay alguien que me viene a buscar las cosquillas, le obvio y le anulo con una retirada a tiempo. No estoy yo, con lo que me ha pasado y con lo que me puede pasar, pendiente de gente que quiere alterar mi modo de vida tan tranquilo que llevo. Con lo mío tengo más que de sobra.

 El arte es mirar un cuadro y sorprenderte de lo bien que está hecho. Hay un arte político, ese que hace que una nación se llene de progreso y orden y armonía en todas sus partes. Pero, ¿quién domina ese arte de llevar las riendas de un país confiado en sus dirigentes? Es como si el líder político estuviera escribiendo una novela, una novela creíble, estéticamente fiable y con final feliz. Pero la corrupción, si asoma, afea esa novela dirigida desde el poder. Y también se corrompe si no sigue las normas dadas por el pueblo a esa nación, que son las constituciones. Y también se destruye si existe mucha sopa boba dada desde el poder, el llamado clientelismo y nepotismo y los cargos a dedo. Las cosas que están mal hechas en política asoman rompiendo esa armonía aparente que existe y la novela del poder ya no se la cree nadie.

 No tenemos remedio los seres humanos. Llevamos la guerra metida en lo hondo de nuestra alma. Una forma de guerra es el terrorismo, es una forma muy cobarde de hacer la guerra. Poner una bomba y salir corriendo. Matar a gente inocente que pasaba por allí, que no tenía nada que ver con las mierdas de esos terroristas. Los terroristas se amparan en un nacionalismo de izquierdas generalmente o religioso. Y defienden ese terror matando gente. Quieren doblegar al estado instituido democráticamente a base de muertos. Pero el estado reacciona y lleva drásticamente la guerra a esos otros estados terroristas. Y entonces, hay dos guerras declaradas: la terrorista y la del estado.

 Los humos tóxicos con efecto invernadero: es lo que hace que la Tierra se recaliente. Los combustibles fósiles han de desaparecer de algún modo. Y que triunfe lo eléctrico. En un relato que tengo yo escrito, resulta que se descubre la manera de domesticar la energía de fusión. Y solo se tarda en llegar a Marte un par de días. Y Marte es colonizada por la humanidad. Y empieza una carrera para conquistar el espacio. Pero pongo en ese relato que no hay ni rastro de extraterrestres. Los extraterrestres no existen. No se encuentran planetas habitables, parecidos al nuestro. Somos únicos en el universo. Estamos solos en él. Y en ese futuro de progreso, empiezan las guerras en Marte también, haciendo que el espacio se convierta en otro mundo lleno de conflictos nacionalistas absurdos.

miércoles, 1 de abril de 2026

 Espérate a jugar, dicen los de la brisca, ese juego de seis que se sientan a pasar un rato. Y hay veces que no se necesitan triunfos para ganar. Se llama ganar a encarte. Eso me gusta mucho. Porque es ganar sin emplear la fuerza sino la habilidad de que un tres o un as se lleve la baza. Y sin violencias de que alguien corte esa jugada que va de oros o de bastos pero que va aliada a las cartas, no truncada. Así debería ser la vida si el ser humano tuviera plena conciencia de lo que le interesa y conviene. La vida nos eximiría de violencia si las pulsaciones negativas se retiraran de la historia del hombre. Si el hombre juzgara limpiamente qué quiere. Y sin inconscientes latiendo en su mente. No habría guerras, no habría hambre ni dificultad en que la historia siguiera un devenir limpio, pacífico, absolutamente feliz, al encarte.

 Antes, todos los que yo conocía se paseaban por el callejón del Gato donde unos espejos cóncavos reflejaban una distorsión de su realidad. Estaba yo viendo un esperpento. Pasaron unos meses decisivos, en pleno invierno: llovía, nevaba, hacía mucho frío en aquella estación que llevaba a Alcalá. Y me monté en un tren que me condujo a casa. Y en casa, yo iba previniendo una manera de ver las cosas diferente. Como una especie de comedia tranquila, de hacer reír. Y los personajes de esa comedia se encontraban en la Gran Vía majariega y hablaban. Por fin hablaban y hubo teatro y hubo sinceridad por fin. Y las cosas salieron como cosas que iban teniendo sentido.

 Hoy estrenamos mes. Que no tengamos que decir quién me ha robado el mes de abril, como dijo Sabina hace mucho tiempo (estaba yo en primero de carrera). Cuenta esa canción que a una chica que está haciendo el bachillerato la preña uno que después se las pira. Y otros casos parecidos de abandono y desgracia. Yo me encuentro muy abandonado en mi día a día de no ser por estos escritos que me reconcilian conmigo mismo y por algunas ocasiones de andar con la gente (como por ejemplo, ayer, que estuve con mi sobrino y su mujer y sus hijos). No es fácil salir de una soledad diaria como la mía. En este blog, me encuentro con las letras, con los textos que ordenan un poco mi mente. Que la soledad no nos encuentre totalmente solos.

 Se viene uno abajo si no hay en su vida un trabajo o faena en la que emplearse. Sobre todo, si es uno joven y con ganas de vivir. El trabajo significa dinero y el dinero, como dijo Rosendo, te invita al cine. En el trabajo pasan muchas cosas. Por eso dice el refrán que al que cuece y amasa, de todo le pasa. Yo tengo una idea de escribir una novela sobre los años que he tenido yo de pensionista. En esa época, yo he tenido que aliviar y soportar crisis de mi hermano gemelo Paco. Sería esta novela como la realidad de una enfermedad que es muy poco conocida. Nadie sabe decir a ciencia cierta qué es una esquizofrenia, que la caracteriza: alucinaciones, delirios, aislamiento y depresión, entre ellas. No sé si habrá un libro que lo cuente. La esquizofrenia rompe bastante la cognición de la realidad: eso quiero contar.

 Si tú escribes una poesía (en este caso, un soneto) a la belleza de Flora (nombre ficticio de una mujer real) y luego un soneto sobre la brevedad de la vida y luego, un soneto a una mujer muy delgada y luego un soneto a un tiñoso y luego otro sobre la filosofía estoica; entonces, tú puedes ser un émulo de Quevedo. Pero el soneto ya no se lleva, se llevan los versos sin rima, se llevan los versículos, se lleva hacer el tonto de la poesía en general. Yo también hice versos hasta completar 6 libros de poesía de 60 páginas cada uno. Pero mi poesía no trascenderá. Andan esos libros por aquí almacenados en un armario, en el olvido. Quevedo fue un gran filósofo y católico. Yo soy un poeta del olvido, de la fe, de la razón y de los hombres y mujeres que son buenos en el mundo.

 Mis dos sobrinitos viven la vida intensamente. Lola no se harta de subir y bajar constantemente por los obstáculos del columpio, con un afán propio de un escalador. Para adelante, siempre para adelante. Poniendo sus piececillos uno detrás de otro con un tesón fuera de serie. Ángel disfruta cada minuto de su vida. Chilla como una forma de manifestar el impulso vital que le conduce a jugar al fútbol, a jugar a lo que sea, pero con una pasión fuerte y única. Todo le parece nuevo, todo para gastarlo pronto, todo para vivir fuertemente la vida. Será un niño que quiera saberlo todo, probarlo todo, vivirlo todo. Con fuerza e intensidad.

 Viene un mes difícil porque está regentado por Marte, el dios de la guerra. Yo, el sábado, me voy con mi sobrino y su mujer y sus niños al pueblo. Por fin puedo cumplir un deseo largamente deseado, salir de casa de un puta vez. Espero pasarlo bien. No sé a quién me encontraré en el pueblo pero espero sea para pasar un rato charlando animadamente. No pido más. Que me cuenten algún sucedido, alguna broma que contar por ahí, como ese que fue a Madrid y le dijeron eso de 7 y 6, 13, menéamela a ver si me crece. A ver si en el pueblo me cuentan algún chiste nuevo, algo con que pasar el rato, algo con que matar el sábado por la mañana y el sábado por la tarde. Las lunas se han puesto en hilera para decir carretera.

 Ayudar al necesitado está bien pero si el necesitado se gasta lo que le has dado en algo no pactado, el necesitado te engaña. Necesito ver a mi hermano y darle un abrazo, dijo el necesitado. Yo le di para el autobús. Al otro día, el necesitado estaba por las calles y no me saludó. Cuando me saludó otro día, yo le dije: ¿no tenías que estar en Castro Urdiales? Me robaron el dinero unos moros y he estado en el hospital, dijo. Todo mentira. Así que los necesitados se vuelven mentirosos y usan añagazas para dar pena e inventarse una necesidad. Los necesitados andan por la calle sin preocuparse de nada y dando pena, una pena que no es creíble. Los necesitados solo necesitan salir de la calle, no un dinero ajeno que no sabe dónde se lo gastarán.