sábado, 4 de abril de 2026

 Estoy esperando la llamada de Carlitos para irme al pueblo. ¿Qué encontraré en el pueblo? No lo sé. Quizás gente con quién charlar. Con eso me conformo. Son las 10:00. Carlitos me dijo que a las 11:00. El sol alumbra. Espero que Paco lo pase normal aquí solo todo el sábado. No se tiene ni que estresar ni meterse en conflictos. Hoy será un día tranquilo en Majadahonda. Unos astronautas están dando la vuelta a la Luna, verán el lado oculto de la misma. Dicen que es algo épico e histórico. Ayer estuve en Gran Plaza II pero no encontré los libros que quería. Los buscaré por Moncloa. Ojalá lo pase bien y me traiga un buen recuerdo de mi pueblo.

viernes, 3 de abril de 2026

 Estoy sentado. A mi izquierda, está la ventana abierta. No se oye ni un solo ruido humano; o sea, conversación, chiste, risas. No hay risas en la calle. ¿Cómo las va a haber si no hay chiste ni motivo para la risa? Yo, mañana, me voy al pueblo. Algo veré y algo comeré y beberé. A lo mejor, en el pueblo, hay algo de risa o de motivo para la risa. Mi pueblo es como un teatro y yo soy un personaje nada más. Ojalá llegue yo al tercer acto de la representación de ese teatro. Así soy más protagonista. Me lo tomaré como un libro en el que unos bañistas van al río. Se enfadan, ríen y el bar cierra a la noche. Andaré acompañado en ese teatro o iré como un personaje libre y altanero. No lo sé. En el pueblo hay poca gente y mucha gente a la vez. Y hay que tratar con todos. Es una pericia todo esto, incluye estar a bien la estancia. Ser un personaje de comedia y no de lo grotesco sentimental.

Mes de abril, mes de abril, que acudes con soles redondos al año que te ve venir. Durante tu reinado que dura 30 días, vas haciendo hablar a los pájaros, vas desnudando a los pecadores de la pradera, vas riéndote del ladrón que te quiso robar. Eres un mes de mucho piar, de mucho brillar, de muchas guarrerías españolas practicadas en las oscuras habitaciones, cuando los niños no dan guerra. Decía el poeta que abril viene con flores amarillas. También viene abril con la bragueta abierta, ya sin temor de resfriarse la colilla y ese bollito como de repostería que guardan ellas. Viene el calorcillo, las ganas de juntarse los cuerpos, el deseo de locos desatado y los empujones. Ay, esos empujones del mes de abril.

 Hubo un día en clase de latín que sorprendí al profesor con la traducción de unos versos de Virgilio. Era una traducción libre, no sujeta a la sintaxis del excelso poeta, era una traducción que me saqué de la manga pero era bonita. Y luego dimos paso a la lección, una lección aburrida porque el profesor era aburrido. Pero yo demostré que, temprano por la mañana, mi vena poética tenía un sentido oculto y bello que en esa hora se desató. Todos los compañeros me miraron como si fuera increíble esa demostración poética, como si no cupiera en los planes de estudio ni en el currículo tal expresión de libertad creadora. Pero esa poesía tuvo lugar, se expresó una mañana de abril ante unos pocos y poco entendidos alumnos. Era de la "Eneida", o quizás de Ovidio. Ya no me acuerdo.

Al cielo lo manchan unas nubes blancas como borregos grandes que no saben dónde van. El destino de esas nubes es como nuestro destino. Quiero decir, como el destino de los seres humanos. Pues, ¿adónde vamos? ¿Sabe alguien decir qué sentido tiene la vida? El fulgor de lo que amamos aquí en la Tierra pasa pronto. Y nos quedamos desnudos con nuestro cuerpo y nuestra alma de pecadores de la pradera. Por eso el buen humor es necesario. Para darle una pincelada tranquila y serena a lo que nos ocurre. Para dominar un poco el absurdo del que ya hablaban los existencialistas. Para no llorar algún día lo que tanto nos ha costado conseguir. El humor hace que nos sintamos libres de pensar que venimos al mundo a desear otro mundo mejor que a lo mejor no existe. El humor, como a Mark Twain, nos vale como remedio a la vida, esa pasión blanca como una nube que cruza el cielo. 


jueves, 2 de abril de 2026

 Existe algo antediluviano en el ser humano que es la idea de montar bronca y molestar al que está al lado. Lo puede producir una ingesta estúpida de sustancias tóxicas. Pero como yo no consumo ninguna de esas sustancias, a mí que no me vengan con estupideces artificiales. A mí me gusta comer tranquilo, no meterme con nadie y pasear por el campo si a mano viene. La naturaleza es para mí fuente de inspiración. Evito la guerra con el prójimo siempre y mi  inteligencia me dice a qué viene estar incordiando con ideas políticas hueras o con tontadas del fútbol o con que si la abuela fuma. Deseo vivir bien y no hacer caso a urracas parlanchinas de medio pelo.

 No hace ni frío ni calor. Me fumo mis cigarritos. Cada uno tiene sus características humanas repartidas por todo el cuerpo y todo el alma. A mí no me gusta discutir. No me gustan las conversaciones nocturnas, prefiero irme a la cama con un buen recuerdo del día de antes. Tomo precaución con los botarates que hay ahora que se ponen llenos de sustancias alterantes de la conducta. Me gusta pasarlo bien o aburrirme llegado el caso pero no discutir. Las discusiones, para los políticos que hay ahora. Si hay alguien que me viene a buscar las cosquillas, le obvio y le anulo con una retirada a tiempo. No estoy yo, con lo que me ha pasado y con lo que me puede pasar, pendiente de gente que quiere alterar mi modo de vida tan tranquilo que llevo. Con lo mío tengo más que de sobra.

 El arte es mirar un cuadro y sorprenderte de lo bien que está hecho. Hay un arte político, ese que hace que una nación se llene de progreso y orden y armonía en todas sus partes. Pero, ¿quién domina ese arte de llevar las riendas de un país confiado en sus dirigentes? Es como si el líder político estuviera escribiendo una novela, una novela creíble, estéticamente fiable y con final feliz. Pero la corrupción, si asoma, afea esa novela dirigida desde el poder. Y también se corrompe si no sigue las normas dadas por el pueblo a esa nación, que son las constituciones. Y también se destruye si existe mucha sopa boba dada desde el poder, el llamado clientelismo y nepotismo y los cargos a dedo. Las cosas que están mal hechas en política asoman rompiendo esa armonía aparente que existe y la novela del poder ya no se la cree nadie.

 No tenemos remedio los seres humanos. Llevamos la guerra metida en lo hondo de nuestra alma. Una forma de guerra es el terrorismo, es una forma muy cobarde de hacer la guerra. Poner una bomba y salir corriendo. Matar a gente inocente que pasaba por allí, que no tenía nada que ver con las mierdas de esos terroristas. Los terroristas se amparan en un nacionalismo de izquierdas generalmente o religioso. Y defienden ese terror matando gente. Quieren doblegar al estado instituido democráticamente a base de muertos. Pero el estado reacciona y lleva drásticamente la guerra a esos otros estados terroristas. Y entonces, hay dos guerras declaradas: la terrorista y la del estado.

 Los humos tóxicos con efecto invernadero: es lo que hace que la Tierra se recaliente. Los combustibles fósiles han de desaparecer de algún modo. Y que triunfe lo eléctrico. En un relato que tengo yo escrito, resulta que se descubre la manera de domesticar la energía de fusión. Y solo se tarda en llegar a Marte un par de días. Y Marte es colonizada por la humanidad. Y empieza una carrera para conquistar el espacio. Pero pongo en ese relato que no hay ni rastro de extraterrestres. Los extraterrestres no existen. No se encuentran planetas habitables, parecidos al nuestro. Somos únicos en el universo. Estamos solos en él. Y en ese futuro de progreso, empiezan las guerras en Marte también, haciendo que el espacio se convierta en otro mundo lleno de conflictos nacionalistas absurdos.

miércoles, 1 de abril de 2026

 Espérate a jugar, dicen los de la brisca, ese juego de seis que se sientan a pasar un rato. Y hay veces que no se necesitan triunfos para ganar. Se llama ganar a encarte. Eso me gusta mucho. Porque es ganar sin emplear la fuerza sino la habilidad de que un tres o un as se lleve la baza. Y sin violencias de que alguien corte esa jugada que va de oros o de bastos pero que va aliada a las cartas, no truncada. Así debería ser la vida si el ser humano tuviera plena conciencia de lo que le interesa y conviene. La vida nos eximiría de violencia si las pulsaciones negativas se retiraran de la historia del hombre. Si el hombre juzgara limpiamente qué quiere. Y sin inconscientes latiendo en su mente. No habría guerras, no habría hambre ni dificultad en que la historia siguiera un devenir limpio, pacífico, absolutamente feliz, al encarte.

 Antes, todos los que yo conocía se paseaban por el callejón del Gato donde unos espejos cóncavos reflejaban una distorsión de su realidad. Estaba yo viendo un esperpento. Pasaron unos meses decisivos, en pleno invierno: llovía, nevaba, hacía mucho frío en aquella estación que llevaba a Alcalá. Y me monté en un tren que me condujo a casa. Y en casa, yo iba previniendo una manera de ver las cosas diferente. Como una especie de comedia tranquila, de hacer reír. Y los personajes de esa comedia se encontraban en la Gran Vía majariega y hablaban. Por fin hablaban y hubo teatro y hubo sinceridad por fin. Y las cosas salieron como cosas que iban teniendo sentido.

 Hoy estrenamos mes. Que no tengamos que decir quién me ha robado el mes de abril, como dijo Sabina hace mucho tiempo (estaba yo en primero de carrera). Cuenta esa canción que a una chica que está haciendo el bachillerato la preña uno que después se las pira. Y otros casos parecidos de abandono y desgracia. Yo me encuentro muy abandonado en mi día a día de no ser por estos escritos que me reconcilian conmigo mismo y por algunas ocasiones de andar con la gente (como por ejemplo, ayer, que estuve con mi sobrino y su mujer y sus hijos). No es fácil salir de una soledad diaria como la mía. En este blog, me encuentro con las letras, con los textos que ordenan un poco mi mente. Que la soledad no nos encuentre totalmente solos.

 Se viene uno abajo si no hay en su vida un trabajo o faena en la que emplearse. Sobre todo, si es uno joven y con ganas de vivir. El trabajo significa dinero y el dinero, como dijo Rosendo, te invita al cine. En el trabajo pasan muchas cosas. Por eso dice el refrán que al que cuece y amasa, de todo le pasa. Yo tengo una idea de escribir una novela sobre los años que he tenido yo de pensionista. En esa época, yo he tenido que aliviar y soportar crisis de mi hermano gemelo Paco. Sería esta novela como la realidad de una enfermedad que es muy poco conocida. Nadie sabe decir a ciencia cierta qué es una esquizofrenia, que la caracteriza: alucinaciones, delirios, aislamiento y depresión, entre ellas. No sé si habrá un libro que lo cuente. La esquizofrenia rompe bastante la cognición de la realidad: eso quiero contar.

 Si tú escribes una poesía (en este caso, un soneto) a la belleza de Flora (nombre ficticio de una mujer real) y luego un soneto sobre la brevedad de la vida y luego, un soneto a una mujer muy delgada y luego un soneto a un tiñoso y luego otro sobre la filosofía estoica; entonces, tú puedes ser un émulo de Quevedo. Pero el soneto ya no se lleva, se llevan los versos sin rima, se llevan los versículos, se lleva hacer el tonto de la poesía en general. Yo también hice versos hasta completar 6 libros de poesía de 60 páginas cada uno. Pero mi poesía no trascenderá. Andan esos libros por aquí almacenados en un armario, en el olvido. Quevedo fue un gran filósofo y católico. Yo soy un poeta del olvido, de la fe, de la razón y de los hombres y mujeres que son buenos en el mundo.

 Mis dos sobrinitos viven la vida intensamente. Lola no se harta de subir y bajar constantemente por los obstáculos del columpio, con un afán propio de un escalador. Para adelante, siempre para adelante. Poniendo sus piececillos uno detrás de otro con un tesón fuera de serie. Ángel disfruta cada minuto de su vida. Chilla como una forma de manifestar el impulso vital que le conduce a jugar al fútbol, a jugar a lo que sea, pero con una pasión fuerte y única. Todo le parece nuevo, todo para gastarlo pronto, todo para vivir fuertemente la vida. Será un niño que quiera saberlo todo, probarlo todo, vivirlo todo. Con fuerza e intensidad.

 Viene un mes difícil porque está regentado por Marte, el dios de la guerra. Yo, el sábado, me voy con mi sobrino y su mujer y sus niños al pueblo. Por fin puedo cumplir un deseo largamente deseado, salir de casa de un puta vez. Espero pasarlo bien. No sé a quién me encontraré en el pueblo pero espero sea para pasar un rato charlando animadamente. No pido más. Que me cuenten algún sucedido, alguna broma que contar por ahí, como ese que fue a Madrid y le dijeron eso de 7 y 6, 13, menéamela a ver si me crece. A ver si en el pueblo me cuentan algún chiste nuevo, algo con que pasar el rato, algo con que matar el sábado por la mañana y el sábado por la tarde. Las lunas se han puesto en hilera para decir carretera.

 Ayudar al necesitado está bien pero si el necesitado se gasta lo que le has dado en algo no pactado, el necesitado te engaña. Necesito ver a mi hermano y darle un abrazo, dijo el necesitado. Yo le di para el autobús. Al otro día, el necesitado estaba por las calles y no me saludó. Cuando me saludó otro día, yo le dije: ¿no tenías que estar en Castro Urdiales? Me robaron el dinero unos moros y he estado en el hospital, dijo. Todo mentira. Así que los necesitados se vuelven mentirosos y usan añagazas para dar pena e inventarse una necesidad. Los necesitados andan por la calle sin preocuparse de nada y dando pena, una pena que no es creíble. Los necesitados solo necesitan salir de la calle, no un dinero ajeno que no sabe dónde se lo gastarán.

martes, 31 de marzo de 2026

Cuando el alba buscaba un dueño, un tropel de gentes lo pisotearon, lo volvieron aciago y doloroso. Así, el sol salía desaforado y no querido de las gentes. Hasta que un día, allá por el mes de mayo, el sol salió y todos lo buscaron, lo quisieron, lo amaron. El sol representaba el amor por la vida, por los años queridos, por los hijos que iban a la escuela, por los amigos que siguieron siendo amigos, por el mundo que quería paz y despensa, por los enfermos que sonreían, por las familias que volvieron a hablarse, por los enamorados que tenían un futuro. Y las guerras acabaron porque el alba encontró un dueño: un dueño hecho de gentes altaneras y dulces en su pensar.

 Escapar a las convenciones no lo hace mucha gente. La gente suele pensar lo que piensa la mayoría. Alguna gente famosa desafía el pensamiento de todo un pueblo. Algunos personajes públicos piensan diferente, piensan a su manera, una manera muy propia, ellos quieren que su manera de pensar sea distinta, colorista, extravagante. Y por eso dicen cosas que rechinan en las orejas de los demás. Ayer vi a Alaska de joven cómo respondía a unas preguntas. Y lo hacía con originalidad de artista quizás. O de persona que tiene una gran idea del mundo. De persona no fácil de encasillar, de persona libre y enérgica, de persona que ha leído, que sabe, que no se deja dominar por el pensamiento de la mayoría.

Anda aire. El cielo azul impoluto no quiere llover. Ya llevamos un par de meses de sequía. Yo escribo. No escribo con tinta sino con caracteres digitales. Es esto más sostenible. La gente se saluda en la calle. Algún vecino que pasa, algún conocido o quizás un amigo bueno. Es muy difícil tener un amigo. Hoy es martes. La gente se ha escapado de vacaciones. Las carreteras se llenarán de automovilistas que aceleren o que se atasquen o que se choquen. Es difícil encontrar en el mundo un amigo bueno. Hoy ya no salgo a la calle para ver gentes extrañas. Quizás a la tarde pasee. Un amigo bueno es un gran tesoro. Quizás valga más que un tesoro. Para hablar, para entenderte, para recibir un consejo. Un amigo bueno hay que cuidarlo, amarlo, retenerlo.

 No hay mal que por bien no venga. Mi hermano Paco se puso malo. Y esa enfermedad hizo que la familia se uniera. Ahora nos llamamos más, sabemos unos de los otros. En fin. Esto es otra cosa. La vida pasa rápida y hay que llevarla bien. La vida es como jugar a las cartas. No sabes qué carta va a venir. No sabes si tu jugada es mejor que las demás. El buen jugador confía en sus cartas. La vida es como un paseo. El paseo puede ser solitario o contar con amigos para darle. Si te acompañan en el paseo, hay comunicación. Si vas tú solo, vas hablando tú solo o vas hablando con Dios. Escaparse de la vida sería dar un paseo lejísimo, después de cruzar el Atlántico en avión o después de cruzar algunas fronteras. El amor a los demás decanta la vida en estar solo o no.

 Ayer me costó dormirme. A veces pasa. Los domingos de resurrección marcan un hecho histórico. A lo mejor me escapo al pueblo el jueves santo. Si no me entra la pereza. Los días van pasando y ayer fui por primera vez a Las Rozas y volví andando. La mañana escupe luz por medio de su rey el sol. Es verdad. La mañana entroniza al sol, le da alas regias y mucha luz que desperdiciar. La mañana agobia al día a base de claridad inmanente. Ayer anocheció de repente, estaba yo escuchando una historia en Youtube y se hizo de noche. Y tiré el último rastro de dependencia. Un sillón. Un sillón antiguo y vacío. Hoy el día está radiante, soleado, luminoso. Homenaje a la deflagración solar.

lunes, 30 de marzo de 2026

Hoy lunes santo. Hoy esperamos la vacación con la excusa de un acontecimiento religioso. No iré a las procesiones. Me voy a duchar. Es eso lo que sé. La mañana grita su grito de luz en el cielo. Es casi ya mediodía. Al albur de la semana santa hago mi reserva de habitación en mi propia casa. Bebo agua, limito mi deseo a estar con mi hermano y con mi amiga. A lo mejor, vamos a El Escorial o no vamos. Lo más seguro es que no vayamos a ningún lado. Una torrija contiene el sabor de toda la semana santa metidos en casa. Una torrija llena de azúcar y miel. Las constantes vitales del día siguen ofreciendo motivo de vivir. Eso es lo que cuenta. Poco movimiento, poco andar por ahí. Hoy ni salgo a la calle.

 Un besugo asado, unos pimientos rellenos de bacalao con bechamel. Una comida bien servida. Unos familiares que se juntan para hablar aunque sea de tonterías. La gente menuda que algazara la comida. Un niño que ha llegado antes de lo esperado. La comunión de los necesitados de comunicación. Todo lo ha despertado a la vida la enfermedad de mi hermano. Por ello, debo estar contento. Así pasarán días en que la calle sea excusa de hablar. Por fin hablamos los que recelábamos unos de otros. Es bonito que los hermanos hablen. Es bonito que un niño nazca. Es bonita la unión de los corazones. Solo hay que esperar a que la ayuda llegue para salir de estas calles tontas. La amiga del alma está también por aquí, hablando de griegos y romanos.

 El vergel que hay en mi casa no está hecho de plantas exóticas ni de peces de colores. El vergel de mi casa está hecho de palabras. Libros que me esperan a la tarde y estos escritos que escribo por la mañana. Letras y letras y renglones torcidos y renglones en línea acaban apareciendo ante mis ojos de lector ávido de cosas y acontecimientos. Me voy a duchar. Son las once y media. La mañana está diciendo su triunfo, su doloroso placer de subir el sol a lo alto. La gente trabaja, la gente apoya un  pie en la pared y rezuma dolor y rezuma aguante. Pronto vendrá la vacación y la gente descansará. Se lo merece. Se merece descanso y una torrija. Mientras, en mi casa todo va despacio, nadie se mueve del sitio, nadie apuesta a la carretera un desplazamiento mínimo.

 Al escritor Bukowski le bastó escribir su vida para ganar lectores. Una vida digna de un trabajador que no trabajaba, de un hombre que vivió raramente, lleno de alcohol y sexo. Lleno de mendicidad, de trabajos sueltos y precarios. Yo vivo de una pensión que me dio el estado por ser enfermo mental. Conté mi vida en un libro. Ahora,  la familia está más cerca, me llama por teléfono la familia, me la encuentro en la calle, me habla, la siento cerca. Es un triunfo. La enfermedad de mi hermano ha hecho que estemos unidos. Pero temo otra recaída y lo mal que lo paso. En fin. Los días van pasando y la enfermedad ya no se manifiesta de manera honda, redonda como la piedra de Sísifo que caía y caía. Mi mundo ha ganado en gente. Mi mundo ganará en enfermedad residual. Yo ya no debo temer tanto, creo.

 La escueta mañana que se cuadra en la ventana da a luz el día de hoy. No trabajo, así que no merezco estar entre los que madrugan. Una penita verde se me mete en el corazón. Los brotes de primavera me dicen que el sol entibia la atmósfera del calorcillo ausente. Me voy a duchar después de que escriba. La lunas se van repitiendo como monedas gastadas. Las calles también están gastadas, están tranquilas como garfios de pirata viejo. Otro día sin saber muy bien qué hacer. Hoy hay pulpo con patatas cocidas. El lujo no lo entiendo, como no entiendo al que lo ostenta. Hoy se guarda un minuto de silencio o toda la mañana de silencio para honrar la memoria de los muertos que están bajo la tutela de Dios. Dios lo quiere, hágase su voluntad.

domingo, 29 de marzo de 2026

Expuestos a la voluntad de alguien que no vale un pimiento verde. A ver si nos hacemos los importantes nosotros. Los libros son grandes compañeros. Anda mucho aire hoy en la calle. No fui a ver a mi tía Isidora. Es penoso este existir de poca gente alrededor. Ella desea la soledad, le gusta la soledad. Quizás le parezca poco hablar con nosotros, tomar un café con nosotros. Dice que ya llamará, dice que tiene que hacer recados. Le di mucho dinero. Le ofrezco mi amistad y ella no la aprecia. Ayer vi una película de trata de personas. La mañana se agita hoy como se agitará mañana, lunes santo. Mejor callar y que hable ella, que diga tonterías como dice siempre. Lo poco gusta, lo mucho harta. 


 En el pueblo queda gente con la que poder charlar. También otros con los que mejor no charlar. En el pueblo dicen: menos mal que venís a vernos. Hay un bar aleatorio donde entra gente de toda clase y opinión. Hay una iglesia donde dan misa. Y hay demasiados recuerdos de mi  juventud. Mi bicicleta está ya arrumbada en un rincón. La gente del pueblo es ya vieja o muy vieja. Yo mismo soy viejo. He bajado la cuesta del amor para descender al valle de la muerte. He cruzado ya una línea muy débil pero muy significativa que me dice que la pena andará rondándome más rato de lo normal. La mañana está subiendo, subiendo...

sábado, 28 de marzo de 2026

Ya he bebido agua. El agua que bebo me llena de una emoción leve pero dichosa y agradable. Me siento, cuando bebo agua, atado a una naturaleza bonita y gratificante. Luego, fumo un cigarrillo y me lleno de humo los pulmones pero quizás, más protegido el epitelio, más relajado el temor a sufrir un cáncer. El agua ordinario que sale del grifo me sitúa en un amor a las telúricas fuerzas de la naturaleza, me sitúan en una manera fácil de servir a mi cuerpo y a mi alma pues el agua abrevada es una forma de rendir culto a una fuerza sutil que tiene el mundo y los acuíferos y los canales que hace el hombre para que el líquido elemento entre en nuestro cuerpo purificándolo. El agua es sencilla pero también es muy fuerte su efecto en el cuerpo.

 El malditismo que tiene la enfermedad mental la hace difícil de aceptar por los demás. La gente huye del loco, le mira mal, con recelo y con temor. La locura está mal vista, no se comprende bien. La locura te deja tirado con tus pensamientos negativos, con tu dureza existencial, con tu tánatos particular. Yo tengo en mi vida más de tánatos que de eros. Yo voy bajando una cuesta ya. Yo ya he apurado todo el amor que me ha podido dar la vida y ahora tiendo a la muerte más que al amor. El dolor de la vida solo la combato escribiendo o pensando bien de algunas cosas que veo todavía con ojos inocentes en mi vida, pero son cada vez menos cosas las que veo bien. Yo estoy perdido en la vida ya. Yo ya voy buscando la salida de este gris laberinto. Yo ya no amo a nadie. Más bien temo a a mi hermano, por ejemplo, a que tenga otro brote y le tenga que aguantar.

 Ha desaparecido el dolor de la pierna derecha como por ensalmo. El bálsamo de Fierabrás es un motivo literario muy divertido en la formación de los personajes Quijote y Sancho cuando todavía se están pergeñando en la mente de Cervantes. Yo no tengo bálsamo de Fierabrás para curar las enfermedades mentales de gente que anda como fantasmas por Babilón. Ayer, en Madrid, vi gente, vi esa clase de gente con la mirada perdida. Cada vez son más y peor acondicionada su alma. Cada vez veo más personas con rasgos psicopáticos crueles y duros. Se nota mucho, yo, al menos, lo noto. Son jóvenes y más maduros. Miran desesperados su presente, sin un atisbo de mejora. Miran la vida que les hace débiles, miran a sus semejantes con la envidia del que está en otro círculo, en el círculo de la locura. La locura no es inventar un personaje. La locura es vivir la crueldad mental de la vida.

 Tienes cabeza para tres sombreros y tienes culo para tres sillas. A mí me gustaría estar en Corfú, ciudad desde la que aquel tipo mandó una postal con la dirección equivocada a uno de los buzones de mi piso. Yo la leí: era muy agradable. Corfú es muy bonito o no se si se dirá bonita. Corfú es la quintaesencia del turismo mediterráneo. Crufú o Crasfú o Crisfú es el sitio donde uno se pierde en verano y del que se acuerda en invierno. Los corfusitos están muy contentos de que esa ciudad o isla o cabo o bahía se llene de turistas estúpidos durante todo el verano. Yo he estado en Corfú, ¿Y tú? Yo no he estado en Corfú porque no tengo medios ni infraestructura para estar en esa ciudad o isla. Me mola más la isla Utopía, creada por Tomás Moro, de difícil encuentro.

 Mucho silencio el sábado por la mañana. No caí en el engaño del dueño del kiosco de prensa. Hoy, el periódico analiza libros publicados esta semana. Cuántos libros en tan poco tiempo. Yo me estoy leyendo un libro del Nobel de literatura del año 2025, un húngaro de nombre irreproducible en letras. La vida agasaja al que triunfa y puede conducir. Al que depende de las pobres circunstancias de una enfermedad, la vida le tritura y le cercena como cercenaba las manos Dios a un tal Blas de Otero. Y sajaba vivos a los ojos. Este Blas de Otero no hay quién lo entienda. Siempre se ha dicho que Dios abre los brazos al que le llama y le ama, no que le rechace de manera tan brutal. Pero bueno, la gente poeta es libre de pensar lo que quiera, para eso es poeta. Yo, como poeta, soy más bien pobre de versos, me salen unos versos lastimeros y poco transcendentales, no sobre Dios y sus crueldades.

viernes, 27 de marzo de 2026

 Te han visto persignándote mil veces en el parque de los niños. Te tragas el telediario como si fuera un magdalena. Repites las frases que dicen los señores y señoras en el circo de los discursitos. Te veo bien aplaudiendo los insultos del gran jefe. Te han subido la moral con unas monedas más. A todo dices amén si lo dice ese que baila tras las cortinas con una urna. Es tu sino: decir sí a la barbarie que gobierna este país. Poco a poco y voto a voto ganarán los mismos y te llenarán los bolsillos de la menudencia. Ellos, en los cócteles, se gastan 16.000 euros de ala. ¿Y tú? ¿Cuánto te gastas en un cóctel?

 A ver si paso una semana santa tranquila, dormida al sol y muerta a la puerta de mi casa. Cada día es más difícil ser feliz. Ya no hay armonía en ningún sitio. Ha parado la sopladora parece que definitivamente. Vivimos tiempos asquerosos, de mucha incertidumbre. Claro que a los tontos les da igual, viven al margen de todo. Están abriendo ferreterías por dentro de tu alma. Hay uno que se fuma un porro ya a estas horas. Hay gente dócil que vota a quien le sube la pensión. No es de extrañar. Parece que Paco se despierta. Tiene que haber armonía para que haya un poco de felicidad. Federico toma las de Villadiego y no dice ni mu. Acaso también mueren las vacas de viejas. En el campo hay caminos, hay cuadros de Van Gogh por todas las partes que mires. Ah, el campo feliz y bucólico descrito por los poetas.

 Las luces del sol diseminadas crean el mediodía. Quizás Paco se raje de ir a Madrid. Paco se suele rajar muchas veces. El tonto de la sopladora sigue y sigue. Un palo de escoba espetá por culo no le estaría mal. Por fin obré. Me voy a duchar en breve. La Gran Vía estará llena de gente porque hoy es viernes. Tengo sed y voy a beber mucha agua. La pena de vivir se reparte que da gusto por entre las almas oscuras de la gente. Otro dirá: yo quiero la eutanasia. Virginia Wolf era una feminista de campeonato. Yo ya me abro y voy a la cocina y bebo y bebo. El mediodía es espada, el mediodía es un clavo sucio y herrumbroso que se cuela en la conciencia de cualquiera.

 La gente habla. La gente no para de hablar. Si la gente dejara de hablar, ya no sabría qué hacer. La comunicación es obligada, es necesario decir cosas a otro ser que está al lado. La soledad crea cortisol, esa adrenalina que no se quema. Los muchachos de la calle aprenden a decir cosas modernas, a llamarse bro unos a otros. Envejeceré pronto y me moriré también pronto, qué pinto en esta vida. Una chica de 25 años ha recibido la eutanasia. Entonces, cualquiera puede morir así. La gente habla, se entera de cosas y habla aunque el interlocutor no preste atención. Mi hermano no duerme a su gusto. Mi hermano me habla y yo le hablo. Todo ok, todo va bien en nuestra casa. No discutimos. La sopladora ha parado.

 Mi hermano no duerme bien. Y eso que se toma muchas pastillas. La mañana cojea en su luz diamantina. Hay ruidos de sopladora molestos. Estoy nervioso estos días pensando mil cosas malas. Parece que esta tarde vamos a Madrid. Me ahogo en un vaso de agua. No tengo obligaciones. Esto que escribo es terapéutico. Sigue la sopladora. Me cago en la puta que lo parió. A veces me lleno de dudas como se llenaría la cabeza de un hombre en el desierto. Las penas corren por mi estómago azulado y tormentoso. Hoy vamos a Madrid y nos reiremos mucho, de la gente que pasa, nos asombraremos de los modelitos. Hoy puede ser un gran día sino fuera por la maldita sopladora.

jueves, 26 de marzo de 2026

 Dormir es tan beneficioso... Yo me tiraría dormido todo el día. Para que no me muerda la mañana con su luz. Para que no me mate la tarde con sus horas inmundas. El dinosaurio seguía allí. Madrid es muy grande, Madrid contiene el aliento de millones de personas. Hay gente que gana mucho y otra gente que gana poco. Ahorrar es imprescindible en este sistema pero no dejan ahorrar, todo está muy caro. La vida se intuye detrás de las cortinas de color azul. El que mira se da cuenta de que los libros son inútiles, son antiguallas de otras épocas, son enemigos de la gente.

No me puedo permitir ir a la playa, allá donde las conchas se rompen en pedacitos, allá donde la arena dice ay continuamente, allá donde las olas rompen la mañana y la tarde y la noche. No me lo puedo permitir porque mi hermano está malo. Porque padece una enfermedad mental. Debería yo pedir que no se ponga más malo de lo que está. Debería yo no pensar en la playa, ese lugar que se repite y se repite hasta en los días más tristes de la vida. Debería yo pensar en hacer una lasaña, una lasañita pequeñita que alimente a mi hermano y a mí. Y nada más. Nada más que el día entero y verdadero.

 Los ojos de la mañana te miran, triste mortal. Y cuando te miran los ojos de la mañana, todo se trastoca y se pone mal. Hoy tengo que hacer lasaña. Y debo estar concentrado. En cuanto se llegue la una, me pongo a freír carne picada y espinacas. Y hago una bechamel honda y oscura. La luz del día me asombra, me llena de algún sentido que ni yo mismo sé cuál es. Ya no me da miedo la enfermedad mental. Lo asumiré y llamaré a una ambulancia. Mi hermano, cada vez que ingresa engorda, se pone mal. Ojalá no ingrese más veces, le pido a Dios. Ojalá los enfermos mentales se curen, se levanten un día de la cama y digan: hoy merece la pena vivir. La lasaña me espera.

La mañana cruje el aire y lo vuelve transparente y duro a los ojos. Encamina su luz por caminos no soñados, tercos en su adentrarse en el día. Los caminos de la mañana no conocen más que la luz, la maldita luz que hace que nos despertemos aunque no queramos. Yo maldigo a la vejez y a la enfermedad. Maldigo al día y quiero más a la noche. Los días de diario son maleducados, son intrusos en la vida de los seres que habitan el mundo. La noche esconde en las sábanas el placer de no ser, del sueño apaciguador. La mañana hunde mis deseos en el puro reconocer que soy mortal.

 Ya hace un gran rato que la mañana ha asustado a las tinieblas feas de la noche. Hoy será un gran día para vivirlo a tope. Hace sol, un calorcillo auténtico, ralentizado y airoso. Vendrán días de vacaciones y la gente cogerá la dulce carretera del sur o del oeste y hará kilómetros y será feliz por hacerlos y llorará cuando llegue a destino. La vida apunta a que somos tontos, estamos entontecidos por ideas de Marx, por ideas de Smith y por ideas de su puta madre. Así, llenos de ideas, vamos a votar un día quién nos represente. Otro sinvergüenza más nos dirigirá. La casta seguirá viviendo bien porque es la casta. Y luego están los ricos. Y luego están los animalitos del campo.

 Parece ser que somos muchos, que no hay médicos para tanta gente. Que no hay comida para tanta gente. Que no hay aulas de 15 alumnos en ningún lado. Que somos legión en todas partes. Malthus fue un sacerdote inglés que dijo que los alimentos crecen aritméticamente (1+2+3...) y la gente crecía en ritmo geométrico (1 por 2 por 3...). Así, cuando se habla de medidas malthusianas se habla de reducir población. Nos han hecho creer poco a poco los políticos, el sistema en general y los ricos que no hay recursos para tantos que somos. Los ricos se reparten el pastel del mundo, el dinero. Empresas mastodónticas como Amazon y los bancos ganan cientos de miles de millones. Mientras, los ciudadanos nos peleamos por ser unos de izquierdas y otros de derechas en vez de estar unidos. Nos tienen divididos por la política y estamos inactivos ante el reparto del mundo. Somos gilipollas los ciudadanos si seguimos ideologizados por los políticos, esa casta que vive muy bien detrás de los empresarios y los bancos. Votad, votad y seréis los tontos necesarios.

miércoles, 25 de marzo de 2026

 Si  pierdo 400 euros, pierdo dinero. Si pierdo tiempo, pierdo un rato de mi vida pero si pierdo la tranquilidad, pierdo la paz en mi interior. El prólogo de "La Celestina" dice que en la calle todo es guerra, cristales rotos, aceras hostiles. Por la ciudad ya corre el aire de manera abundante. La distancia entre los viandantes es llamativa, descorazonadora y triste. La gente que habita las aceras anda lejos, anda torpe porque no ha aprovechado la oferta turística a tiempo. Luego vienen las noticias que dicen lo que ha ganado Málaga con el turismo. Ha ganado, probablemente, un cinco por ciento más que el año anterior. Han visitado Málaga un millón de gentes. La vida se refugia en una tienda de ropa o en un bar vacío y oloroso a vino. Yo ando por la ciudad y no veo a nadie ni nadie me ve a mí.

 Escribo. Y después de escribir un rollo de estos, voy al grifo de la cocina de donde sale agua y bebo, bebo mucha agua. Para quitarme los nervios, para matar un gusano verde y asqueroso que trepa por mi estómago a las tripas inmisericordes. Y sigo escribiendo como lo haría Bukowski o como lo haría un Azorín borracho y barriobajero. Y luego de escribir estos rollos voy a la calle y las conversaciones de la gente tienen eco, un eco descorazonador porque en la ciudad ya hay más aire que gente, más atmósfera que ciudadanos. Porque todos, hasta el más pobre, han salido de la ciudad, han cogido una oferta turística de menú diario y se han ido a la playa, a la montaña, qué sé yo dónde han ido. Y la ciudad se queda tranquila, nerviosamente tranquila.

 En una revista del corazón aparece un tipo, actor de comedias, que dice que no teme a la muerte, que cree que la muerte es un ciclo natural en la vida humana. No se tiene miedo a la muerte, claro está. Yo tampoco la temo. Pero hay que vivir la vejez, que es muy dura. Y en este mundo de lobos o de circunstancias adversas que se renuevan todos los días, hay que saber vivir. Hay que sobrevivir, mejor dicho. Y para eso yo creo que no existe un arma más poderosa que el dinero. El amarillo dinero que está de continuo enamorado. Yo llevo unos días que estoy con ansiedad, estoy rumiando internamente una desolación, la desolación de un quimera fea, anárquica y brutal.

 Un amigo mío trabaja de personal de sala en un museo de Cuatro Vientos. Creo que solo tiene que vigilar un poco. Se levanta a las 7 de la mañana y regresa a su casa a las 4 de la tarde. Yo me levanto y escribo estas líneas según va avanzando poco a poco, la mañana. La mañana es como un jarrón de agua cristalina que se derrama sobre la noche que ha pasado en tinieblas puras. El comodín de la llamada a mi cuñado me ha dicho que la mañana es la parte del día que más daño hace a la pupila, la llena de luz inmensa y clara como un incendio de blanca consumición. La mañana no tiene perdón, te instala en el mundo de manera forzada y violenta, como un violador empecinado. El día comienza en la mañana, asesina a la noche de un duro golpe (la aurora) y luego sigue y sigue matando oscuridad.

 Ayer estuvimos hablando con Luis, un hombre de 72 años, enfermo mental. Nos contó cosas curiosas como su periplo por iglesias  o su separación. Estuvimos un gran rato con él. Hoy nos traen a casa el sofá. Esperemos que orégano sea y no alcaravea. En El Escorial, la gente se levanta de la cama tarde, muy tarde. Porque lo que hay que hacer se hace a eso de la una. En Majadahonda ya se nota la huida de todo lo común ordinario. La gente se pira, vampira. Ayer también estuvimos con un amigo tomando algo. Charlamos de una conferencia que va a dar Enrique Rojas Marcos al módico precio de 150 euros. Durará toda la mañana. Yo le dije a ese amigo que no fuera, que se gastara ese dinero en 10 menús de 15 euros. No sé ya qué es la mañana, la rompo en trizas baratas y me las como. La vida está, hace tiempo, en otras gentes, en otros sitios.

martes, 24 de marzo de 2026

Fumo, me lamento de que fumo pero fumo. Es una adicción muy fuerte esta del tabaco. No estamos del todo bien pero tampoco estamos mal. Las cosas parece que se resolverán más pronto que tarde. Eso en cuanto al sofá. La mañana trae en su regazo la postura más agradable, la esperanza de vivir dos juntos, el paseo bonito por la calle del medio. Todo se anda y todo llega. Las puertas del cielo se abrirán una vez para mí y estaré muy contento de que así lo hagan. Hoy estoy mejor que ayer. Hoy pasearé con mi hermano por la Gran Vía majariega. El despertar ha traído una manzana dulce a mi boca, un paisaje urbano apreciable, una farola que se agacha sin luz pero graciosa en su sumisión.
Ayer yo estaba mal, estaba ansioso o malhumorado. Paco callaba. En el bus vinimos callados los dos, de circunstancias. Al llegar a casa, me tumbé a lo oscuro de la habitación y allí pasé tres horas, de cinco a ocho. Es normal en esta enfermedad estar molesto, triste, ansioso, deprimido, malhumorado, crítico, suspicaz y un montón de cosas más. A lo oscuro de la habitación estuve más tranquilo y cuando vino Paco yo ya estaba mejor, después de no ver nada, de no sentir nada y de rezar un poco a Dios. No me gusta este mundo de guerras e imbéciles alrededor. Ojalá inventen algo pronto. Una vacuna para la enfermedad mental, una vejiga llena de agua dulce, un puente larguísimo para ir a la playa.

 La luna ya obró luz en la noche, ya se tiñó de una claridad de polvo, de arena, de una zambullida en el sol. Son ya las 10:00. Me llamará la chica del sofá y hablaremos. La mañana está ya muy metida en vida, en el juego del día, en lo vulgar cotidiano. Pronto será de noche otra vez y nos volveremos a meter en la cama, la sólida cama de los enfermos mentales. Nunca había estado yo tan inseguro sobre mi enfermedad mental, nunca tan consciente de que no somos agradables a la gente los enfermos así. El desprecio de la sociedad se volverá sobre ella. Nadie habla de la esquizofrenia, de lo bipolar. Nadie. Pero algún día tendrán que hablar y decir claramente que somos el 1% de la población mundial y se nos ha de hacer caso, más caso.

 Cuantos hogares habrá de un solo miembro que salen a la calle y aun están solos, sin amigos, sin nadie con quién charlar, oscuridad en sus vidas para siempre. No me debo quejar. No soy quién para sentirme solo. Paco se ha levantado esta mañana de mal humor. No duerme bien, no duerme del tirón. A mí me da pena de él porque le gusta dormir bien y no puede. Y eso que toma muchas pastillas y muy gordas. La mañana se deshace en compromisos pactados con las farolas y los habitantes de la claridad del día. Pronto se resolverá el asunto del sofá. Muy pronto. Mañana mismo. Y qué bien que se resuelva pronto.

 Ayer pasé un día un tanto malo. Fui a Madrid con Paco a eso de las dos de la tarde. Demasiado pronto. No vi casi nada pero vi algún colgado que me hizo pensar que Paco y yo no estamos tan mal. Antes de llegar al bus discutí con Paco muy tontamente porque él no tiene la culpa de nada. Le llamé anti-empático o algo así. Me cuenta esta mañana que se ha levantado a la una de la madrugada y eso no le gusta. Le gustaría dormir del tirón, algo que no hace desde hace semanas. Ayer por la tarde me tumbé en la cama a lo oscuro y ya no salí de mi habitación en toda la tarde. 

lunes, 23 de marzo de 2026

 Sandra, la amiga de Eva, que es un rabo de lagartija, nos ha ofrecido su sofá por 400 euros. Acabo de hablar con mi hermana Ceci precisamente sobre el sofá. Me pregunta mi hermana por qué le digo que si se van al pueblo. Le digo que es que en la semana santa todo el mundo sale y Majadahonda se queda sola, sin gente. Me ha animado mi hermana a salir y divertirnos pero como Paco no conduce todavía, adónde vamos a ir. Iremos a Madrid a ver gente muy bien vestida o estrafalariamente vestida. Llamaré a mi sobrino Carlos, por si tiene idea de ir al pueblo o no.

Mi padre me dijo ayer que yo estoy con Paco y Paco está conmigo. Así debe de ser porque los dos iremos a los sitios juntos. Hoy me he levantado muy a gusto, he dormido todo lo que he querido. Las lunas se suceden desnudas como se sucede la Tierra toda llena de gente. Este blog, desde ahora, será terapéutico. Pondré en él mis cuitas de enfermo mental. Viene la semana santa y a mí me pone un poco nervioso porque la gente se pira de Majadahonda y no se ven ni las ratas, ni esos que se drogan en la Plaza de Pizarro. Hay que vivir el día a día, no pensar en futuros absurdos o irrealizados. La pena del espíritu es como la pena de la soledad: se vive por dentro, no por fuera.

 La vida, como decía el sabio, sigue su curso. Los que están metidos en ella, disfrutan del sol, de la comida, de todo cuanto la vida (y el dinero) pueden ofrecer. Yo soy pobre, no tengo mucho dinero pero tengo a mi padre y a Paco. Los dos son grandes garantías para vivir bien aconsejado. La mañana ha llegado tarde a mí hoy. La mañana se ha retrasado un montón. El sueño me ha tenido en la cama mucha mañana vieja. Las penas se van olvidando y las obsesiones también. Hay que luchar en esta vida casi todos los días haga calor o frío, llueva o se abrase el suelo que pisamos. El mundo es una bola que no para, que gira infinitamente mientras nosotros, los humanos, tenemos un término destinado.

 Fui a ver a padre a la residencia ayer. La conversación que tuve con él me alivió mucho. Luego, Paco y yo anduvimos por la Gran Vía. Se me quitó la obsesión del brote psicótico. Ayer también vi a Laura, la de Tú decides, y hablamos según paseamos por la Gran Vía. Me gustó el domingo, estuvo muy bien. Pasearé por la Gran Vía pues es la manera de charlar con algún conocido. La Gran Vía mide 700 metros, así que puede sustituir a un paseo a Las Rozas si la ando varias veces. Hoy he dormido muy largamente, hasta las 10:30. Lo necesitaba porque la noche anterior estuvo muy agitada. Paco sigue durmiendo y son ya las 11:15. La vida sigue su curso excepcional para unos y rutinaria para otros. La vida manda, es la que manda y no la conocemos excepto cuando la vivimos.

domingo, 22 de marzo de 2026

 Dos personas con enfermedad mental viviendo juntos durante 14 años. Lo que pasa es eso, que van pasando los años. Y la situación no ha parado de empeorar desde que a Paco le dan los brotes. Son situaciones puntuales pero que cansan mucho a los dos, a Paco y a mí. Cuando le pasa eso, le llenan de pastillas, se recupera cada vez más tarde y se pone gordo y siempre está cansado. Su paso por el psiquiátrico le cansa. Evitar un brote no es fácil. El paciente debe tener un buen ambiente familiar y social. Familiarmente, vivimos aislados de los grupos familiares, se nos aparta. No cuentan con nosotros. Amigos tenemos pocos y malos. es un mierda comprobar que estamos solos, con nuestra enfermedad. Por ejemplo: no nos dice nuestra hermana de llevarnos al pueblo en semana santa.




 La escritura terapéutica debe ser anotar los problemas de uno y tratar de sacar una solución. Yo no paro de pensar en que a Paco le va a dar otro brote. Y me pongo nervioso y no puedo vivir en paz. Mi hermano se aísla, no sale de casa, está pendiente de que le llamen del crps. Pero ya están tardando. Mi hermano no se comunica con nadie, todo el mundo le parece despreciable por una causa u otra. Y ante eso, no sé qué hacer. Es verdad que hemos elegido mal a nuestros amigos, que estamos bastante solos. Yo no me pongo malo, solo me dan unas depresiones leves de vez en cuando pero lo de Paco es muy aparatoso.

 Ayer por la noche, en la cama, me vino una crisis de inseguridad grande. No sabía yo cómo íbamos a pasar Paco y yo el tiempo que nos queda de vida. No sabía qué iba a ser de nosotros. Temía otro brote de Paco. Y cuando lo tenga, los médicos podrían actuar llevándonos a algún sitio. Un sitio cerrado donde habría actividades y todo eso. El caso es que no me he dormido hasta las dos de la madrugada. Me he meado en el pijama y en la mesilla de noche había un manzana. He debido estar sonámbulo. La verdad es que mi posición y la de Paco no es halagüeña. Yo temo un nuevo brote. 

 Me ha dicho: quedamos pero con tranquilidad, que entre semana tengo mucho estrés. Se cree alguien. Hace mucho ejercicio, estaba en el gimnasio. Se hace mucho de rogar. No me gusta. Pero iré con ella a ver qué se cuenta. Intelectualmente es muy pobre. Ha leído poquísimos libros. Su rutina diaria es ir al trabajo, comer, echarse una siesta de 3 horas, ir al monte a andar y ver la telebasura. Se cree que solo trabaja ella y se cree que solo anda ella. Es el moderno culto al cuerpo. Yo la he visto correr. Corre absurdamente. La vida le ofrecerá algún día un motivo para querer a la gente. Porque esta chica solo se quiere a sí misma. Pero porque lo ha pasado muy mal en la vida.

sábado, 21 de marzo de 2026

 La niña que iba en bicicleta atrajo la atención de un hombre que estaba escribiendo un poema. Ya ves, una niña en bicicleta. Como si fuera algo especial. El hombre no pudo acabar su poema y la niña se casó con un operario de mudanzas andando el tiempo. Un hombre se rascaba la cabeza. Ese hombre también distrajo al otro hombre de acabar su poema. El poema se vio atrapado en un conjunto de distracciones que hicieron que no saliera a la luz. Otra cosa que entretuvo a este poeta fue un camión de la basura que hacía mucho ruido. Y así se quedaron un verso suelto impedido y un hombre que quiso hacer un poema y no le salió por las cosas que pasaban en la calle.

 Ha nacido Bruno. El último en aparecer a la vida. Es menudo, se adelantó a su hora de llegada. No quiso estar más tiempo dentro del seno de su madre. Bruno es menudo. Es menudo como las cosas esenciales, como un frasco de valorado perfume. Su hermano anda dando vueltas al hecho de la aparición de Bruno. Se vuelve un poco loco de pensarlo. Y están también los dos hermanos. Juegan juntos. Se amontonan en la vida que les espera. Ella, la sobrinita, mira de frente y quiere vivir más, pasarlo bien, al igual que su hermano mayor. Los dos andan de acá para allá como buscando algo que no encuentran. Será la vida que ya intuyen lo que buscan. Ya se hacen mayores poco a poco. Ya hacen un poco más viejos a sus padres.

 He escrito que siento soledad. Y me siento mejor. Las palabras parece que me acompañan de alguna manera. Me dicen cosas, me alivian de una carga, me emocionan un poco. La mañana está un poco fría, un poco torcida en su monumento. La hora pasa y no hay mucho consuelo, no reside en ella la tranquilidad. Escribo quizás para sentirme bien y lo consigo de alguna manera, de una manera un poco transitoria, leve, moderadamente triste. Las cosas que me pasan, evidentemente, solo me pasan a mí. Pero hay gente en el mundo. Hay poco pan en algunos sitios del mundo. El dolor de vivir se reparte de muchas maneras. La compañía, ese deseo de hablar con otro, me hunde en la misma miseria que a otro solitario que ande como yo, por ahí, perdido en las calles, atorado en sí mismo, presa de un malentendido con la vida.

 Me levanto con esa sensación de soledad. Paco no me la quita. Es pensar los amigos que tengo y se me remueve algo en las tripas. Necesito hablar de mi libro una vez más. Hay un tipo que canturrea en la calle: papa para paraba papá. Y yo me fundo en la mañana mientras escribo esto. Estas mañanas de desolación leve me tensan el alma. Necesitaría una borrachera de vino mientras hablara de la revolución y de los escritores y de la prosa de Galdós y de mis intentos de crear algo sublime. Pero todo se aquieta y entumece en un rincón de mi alma. Me acuerdo mucho de los amigos que tuve haciendo la carrera. Ojalá volvieran. Ojalá un golpe de mar los devolviera a la orilla y charlar y charlar. La pena de ser un Robinson en la isla es que no aparece ningún Viernes. Ni este sábado maldito me da conversación. Maldita soledad. Penosa soledad.

viernes, 20 de marzo de 2026

 Ayer pasé yo un día de los que llamo "de ideas negativas". Todo lo que pensaba era basura mental hasta el punto de que, por la tarde, no aguantaba yo ver ancianos ni niños. Era casi algo físico, que se me colaba por dentro de mi cuerpo y aparecía por arriba, por mi mente, causándome mil males. Hoy no estoy igual que ayer. Menos mal. Los hombres y mujeres del mundo luchan con mil imprevistos: un embarazo, un despido del trabajo, una plaga de chinches en la cama, una bombilla que se apaga. La vida es una paloma tan extraña que ni vuela ni anda: solo está ahí alterándonos el día y, ya de paso, la vida entera. Un día malo en la vida puede ser una mala vida para siempre. Pero no nos pongamos dramáticos. A lo mejor la vida, tras una esquina, nos da un amor o una carcajada que nos distiende la mandíbula.

 Afortunadamente, yo tengo un padre de 95 años que no necesita cuidados apenas. Hay ancianos con miles de dolencias y son menores de edad al lado de mi padre. En este aspecto, tengo que dar gracias a Dios o al que esté al mando de estas cosas. Le voy a ver a la residencia y le veo fuerte, anda solo, tiene piernas poderosas. Ha pasado por un catarro muy belicoso, una diarrea y una depresión y ha salido de todos estos acontecimientos muy bien. Es mi padre muy duro. Ahora dice que quiere ir al pueblo pero debemos pensarlo bien. El caso es que mi padre siempre se lleva el gato al agua. Está esperando valoración para no sé qué cosa. La valoración de mi padre se hace nada más verle y que te diga los años que tiene.

 Deberíamos reírnos más de nuestra mísera existencia. A la gente por lo general le gusta la otra gente que tiene buen humor y lo exhala como el perfume de una flor. El buen humor, cuando es inteligente, brota de almas fuertes y corridas de la vida. Mi tío Francisco fue un hombre con mucho humor: lo que yo me reído con él. Decía: no me toques el culo que me despeinas. Y se sabía muchos chistes y dichos que aprendió en todos los sitios donde estuvo: Barcelona, Valladolid, Francia, Suiza, etcétera. Mi tía Isi, su mujer, también era humorística, como Francisco. El miércoles fui a verla a la residencia y me arrancó una carcajada. Se refirió a la residencia como a un feria de gente que pasaba. La vida, si no es con un poco de humor, es difícil tránsito. Riámonos de esa maldita procesión de horas que se pueden hacer imposibles de vivir. Riámonos del mundo en general. Riámonos de nuestra propia persona porque este mundo no es serio. Este mundo gasta bromas muy caras y dolorosas.

 Aparentemente, el mundo está bien hecho: existen médicos para curar las enfermedades pero... pero existen también las enfermedades incurables por ahora: ELA, esquizofrenia y bipolar, piel de mariposa y otras enfermedades que llaman raras y no tienen remedio. Existen abogados para que pleiteen en nuestro nombre, en el nombre de nuestros intereses pero existen odios incurables que ningún abogado acierta a representar. Así quizás, un hermano contra otro hermano, etcétera. Y luego estamos los del común, los de a pie. Y es bonito cruzarse en el camino con lo que llamamos un cachondo mental que nos hace reír y tomar la vida a chacota. Es muy de agradecer que existan esa clase de personas, los cachondos mentales. Con ellos, la vida es más llevadera. Yo no me río de la vida lo suficiente y así me va. Yo debería decir a la vida: que te den una higa, que te den morcillas pero no lo hago porque no soy un cachondo mental.

La vida no se repite. La vida avanza distinta cada hora. Con sus comedias y sus tragedias. La vida es algo muy misterioso. Que parece que entendemos pero no es así. La vida puede atravesarse en un trago fuerte. O la vida puede fluir como un río en el que nos bañamos sin peligro de ahogarnos. Los tiempos que vivimos nos marcan nuestras vidas. Vivimos tiempos confusos, no de progreso indefinido. El mundo está en guerra, en una transición incomprensible. Hay que agarrarnos a nuestras certezas con mucha fuerza para que la vida sea transitable, amable, buena.

 

 A mí me alucina lo que da de hablar sz. Está en boca de todos a todas horas. Y prácticamente se repite lo mismo sobre él. Ahora, que si está enfermo del corazón. Bueno. Hay algo que llaman escritura terapéutica. No otra cosa hago yo aquí. Pongo mis problemas al sol de las letras y estos se agitan un poco hasta quedarse quietos un momento, como la ropa tendida. Y los analizo. Ayer estaba yo un poco dislocado anímicamente. Y escribiendo se pasó un poco el mal sabor de boca espiritual. Hoy por la mañana me pongo la inyección. Ya me pongo en camino pronto al ambulatorio. Escribo y escribo y mis pasiones domino. Hoy no es tan duro como ayer pero lo que dije ayer perdura en mi alma. No veo más que ancianos y niños, ancianos y niños que necesitan cuidados. La maldita sociedad de los cuidados me está matando.

jueves, 19 de marzo de 2026

 Ya voy barruntando la Pascua. Eso creo que es lo que me produce tristeza. Todas las fiestas las pasamos Paco y yo solos, sin que nadie de la familia cuente con nosotros. Se irán al pueblo y nosotros no iremos porque Paco no está para conducir. Está la familia de mi hermana, que ha aumentado con un nuevo sobrino nieto llamado Bruno. Y luego están mis dos sobrinos. Uno soltero que es muy viajero y otro que también forma una familia. Así que Paco y yo estamos en la periferia. Se nos podría ocurrir montar en un Ave y largarnos. Pero no lo hacemos. A ver que hacemos la semana santa que tenga algún interés. Lo más socorrido es ir a Madrid. A la zona de Moncloa y bebernos unas sin alcoholes.

 El 90% de los sirios están bajo el umbral de la pobreza. Y yo me quejo. Hay gentes por el mundo que no tienen nada. Que han perdido su libertad hace mucho tiempo. ¿Me puedo imaginar a un enfermo mental en esas situaciones de falta de todo lo necesario para vivir? Es increíble que yo ande con melancolías. Las melancolías mías las provocan las fiestas. Cuando vienen fiestas me dan envidia esos que andan bebiendo, disfrutando de momentos buenos junto a sus familias. Mi familia, en fiestas, se marchan cada uno a un sitio y no la veo en absoluto. No veo a mi propia familia. En fin. Habrá que aguantarse una fiesta más y no disfrutar de la misma. Queda ese cruce de caminos que es Madrid.

 El chorizo da mucho sabor a las lentejas. Las llena de una vitalidad culinaria grande. Hoy no estoy para nada más que estar en casa y cocinar, tengo que centrarme en cocinar. En esta semana que vea a mi amiga me recuperaré. Pero ese conocimiento tendrá lugar el domingo. Ya se acerca la Pascua. La gente cogerá trenes y aviones para ver a la familia. Yo no sé si veré a la familia. No viajaré en absoluto. Los días pasarán lentos viendo cómo otros disfrutan. La vitamina que habrá se llama Madrid. Iremos a Madrid a ver las procesiones. Iremos a Madrid como una forma de ver cosas extrañas y divertidas. Madrid es un melting pot muy grande, es un cruce de caminos, es la gente con personalidad que camina por las calles.

 Todo es superable. El estado anímico melancólico se sobrelleva haciendo pequeñas acciones que vayan en el sentido positivo de las horas. Los pequeños altibajos son olvidados si nos centramos en provocar un pequeño sinfín de comportamientos adecuados al día que nos ve levantarnos de la cama. Es importante eso mismo: levantarse de la cama para disponer algunas energías en contra de la melancolía que nos ataca. Hay que hacer cosas. Barrer, cocinar, limpiar cristales, etcétera. Así uno se centra en actividades concretas, en conocimiento práctico de las cosas. Es importante no sentarse a ver pasar el tiempo y que nos atrape la acedía propia de gente que no sabe qué modificar en sus vidas. Viva la acción. Viva el quehacer más tranquilo y admirado.

 Ando flojo de ánimo pero, aún así, haré unas lentejas. Es lo que hay. Tendré que superar estos momentos de inseguridad y melancolía. Pienso que no tengo apenas amigos con los que charlar animadamente. Todos los amigos se diluyeron en el tiempo. Estoy muy solo. Pero saldré de esta como he salido de otras sensaciones malas. Las palabras que escribo aquí me consuelan un poco, me parecen un cierto bálsamo contra la soledad. Dice mi horóscopo que hoy es buen día para viajar. No viajo en absoluto. Ni al pueblo más cercano. Quizás camine esta tarde. Eso me vendría bien. Los días se repiten como el ajo. La mañana no avanza en soluciones a la tristeza. Ojalá sea todo temporal y breve.

miércoles, 18 de marzo de 2026

 Lo que hay que hacer con los escritores es leer sus obras. Benjamín Prado no sé si será muy conocido como escritor de novelas pero yo leí dos suyas. La primera, que creo que se titulaba algo así como "Gente que apesta la tierra", estuvo muy bien. Es un misterio sobre la novelista Carmen Laforet localizado en la posguerra. Me gustó bastante. La segunda que leí de él no me gustó porque creo que se puso a escribir de cosas que no sabe. Escribía sobre un señor trasunto de Mario Conde o algo así y la acción transcurre en Japón. No me gustó mucho, solo los inicios de esta novela que no sé ni cómo se titulaba. Benjamín Prado trabaja en la ser, cosa que marca mucho la tendencia de las opiniones que se vierten. Pero creo que es un hombre moderado, tranquilo y risueño, talantes los tres que se aprecian mucho en el rango de características personales de la gente que no conozco de nada.

 Los políticos se regodean con sus discursitos que se mandan de allá para acá. Son unos cachondos que se gastan 16.000 euros en un cóctel en el Museo del Prado. Qué chupadores son, cómo chupan de lo público, cómo se cachondean del ciudadano. No saben lo que es entrar en un supermercado, no saben el precio de un café como el idiota de zp. No saben en qué nación viven en la que las apreturas de la economía solo se conjugan con la carne de pollo. Se están burlando de nosotros cada vez más. Nos roban todos ellos, esa casta maldita que dice que gobierna. La propaganda no es el gobierno. Y la propaganda de los políticos lo es todo ahora mismo en política. Que se vayan todos a comer mierda junto con los sindicatos y la patronal. Qué falsos, qué mentirosos todos. Qué pancarteros, qué asquerosos.

martes, 17 de marzo de 2026

 Por las mañanas cuando me levanto tengo un sabor metálico en la boca. Deben de ser las pastillas de la noche. Solo se me quita ese sabor bebiendo agua. Ya están los zánganos (variedad de abeja) sobrevolando el cielo. Se encargan de copular con la reina para que dé larvas de abeja obrera o guerrera. Los mundos que hay en la Tierra son inconmensurables. Hay de todo. Hay los enganchados a una sustancia. Hay los enganchados a un volante. Hay los que ganan dinero diciendo qué champú usan para lavarse el pelo. Y luego estamos los que nos quedamos siempre en tierra. En tierra de nadie. En tierra dura y polvorienta. Pero qué le vamos a hacer. Si de esa tierra nacimos todos. Ya dice el refrán: de barro nos hizo Dios.

 En las revistas del corazón lo que más se lleva es estar enamorado. Las fotografías muestran a dos "besándose apasionadamente". Luego, vienen los precios por beso, abrazo o caricia. Es un negocio muy bueno. El negocio viene a decir: enamórate y sacamos unas perras en fotos. Porque la gente que lee esas revistas quiere ver felicidad y amor a manos llenas. Para eso paga. La gente está harta de la carestía de la vida y de la suciedad que se acumula en el cuarto de baño y de la estupidez de sus hijos, si me apuras. Y por eso quiere ver besos, amor triunfante, pasión arrolladora. Y por eso se compra estas revistas para olvidar su triste vida de mujer (casi siempre mujer) casada con un hombre en chándal ya de por la mañana.

 La ilusión por vivir pasa por un niño muy pequeño que ha nacido ochomesino. Es una delicia mirarlo, tan menudo como una moneda, tan chiquitín como un botecito de fragancias. Se llama Bruno y su hermano Marco no sabe qué hacer con él porque todavía le dura la sorpresa. Pero este niño me ha llenado de alegría cada vez que le he recordado. Así como los otros dos que viven en armonía cuando no les da por pelearse. Son Lola y Ángel. Dos niños que van de la mano a todos los lados. Dos niños sorprendentes y hermanísimos ya para siempre. Harán vida común los dos como la harán Marco y Brunito.

 No estaría mal alzarse sobre un estado mental gris y melancólico hasta otro más liviano y armónico. Pero algo tendría que pasar. Y no pasa. Mi espíritu está aplanado. El invierno del ánimo está instalado en mí. Y no fuera eso lo malo. Lo malo es que mi vida tomara tintes dramáticos como ya los he vivido. Prefiero el aburrimiento que pasarlo mal. Salgo a la calle y todo son caras tranquilas, aborregadas, planas. Luego hago de comer y me tiendo en la cama a meditar. Pero, ¿sobre qué hay que meditar? Sobre una ilusión de pasarlo bien que no llega nunca. Sobre el deseo de que pase algo bueno que no pasa. Sobre la tristeza de comprobar que un día solo es un día.

lunes, 16 de marzo de 2026

 En una revista del corazón sale Lolita riéndose de una manera muy peculiar y a mí me hace mucha gracia. Las señoras que venden su imagen al papel cuché molan un montón. Porque se exponen a la vista del común y todos opinamos: qué trajecito, pobre esta que le ha pasado esto, etcétera. La vida se va haciendo de suerte y de muerte. La vida transcurre mientras vamos muriendo muy poco a poco. El dolor de vivir puede tener la forma de una enfermedad o es destilado amargo del paso de los años. Nadie se libra. Solo los niños se libran porque viven en un mundo aparte hecho de inconsciencia y juegos e ilusión continua. Pero hay niños que no conozco que ni esas cosas tienen.

 Cae por la rendija del futuro más cercano toda mi desilusión. Se va colando poco a poco un líquido amargo que me estropea los días que van a venir. A lo mejor alguna sorpresa agradable tiene lugar si me pongo a leer libros buenos, que me despejen la mente de tanto paisaje urbano inamovible. Cuando llegue la semana santa, mucha gente se irá, disfrutará de ver algo distinto. Yo no tengo más que una amiga que le cuesta serlo. No tengo más que un coche que no va muy lejos. Tengo mi imaginación que, al mirar los santos de un libro, se imagina lugares espectaculares por su interés turístico. La semana santa castellana o sevillana o malagueña. Yo no ando más que por los alrededores. Y los alrededores son tacaños en sorpresas.

 Me avergüenzo de sentir rechazo por mi padre. Mi padre está ya muy viejito, tiene 95 años. Mi padre ha luchado por mi hermano y por mí lo indecible. Mi padre hizo todo lo posible para que saliéramos adelante con nuestras enfermedades. Mi padre no se desentendió cuando estuvimos malos, sino que se volcó para que todo fuera de la mejor forma posible. Y mi hermano y yo hemos dado muchos problemas. Ahora voy los domingos a verle a la residencia. Y no quiero verle como está pero disimulo un cariño. Parece mentira que todo lo que ha hecho por mí se traduzca en una pena por él por mi parte cuando debería darle ánimos. Este miércoles iré a verle otra vez a ver si siento un sentimiento más puro por él.

 Estoy indefenso ante el cumplimiento de años que es irreversible. Pero eso nos pasa a todos. Lo malo es estar indefenso ante la inmovilidad de mi cuerpo. No me refiero a que mi cuerpo esté prostrado sin poder moverse. Es que mi cuerpo ocupa los mismos lugares todo el tiempo. Mi cuerpo es tonto localmente hablando. No conocen mis ojos otro paisaje que el de parques urbanos, supermercados y calles archiconocidas. En mi casa he experimentado dolor por falta de salud de mi hermano. En mi casa he sabido que la vida es una mierda. Pero debo dar gracias a Dios porque mi cuerpo se mueve, anda sin impedimentos, se traslada de un sitio a otro. Hay gente que no puede decir eso.

domingo, 15 de marzo de 2026

 Ese tonillo de supremacía, eso de que estoy ocupada los domingos, ese molesto tinte en su voz que quería decir que ella tenía mucho que hacer. Así que llamé y le dije que no quedábamos. Que no nos convenía tanto impedimento de las cosas, tanta dificultad para vernos. Que si tenía tantas cosas que hacer, que las hiciera pero que no contara con nosotros para estar rogando una hora de las mañanas del domingo. Y entonces, volví a ver a esos que se juntaban en la plaza a charlar. Y siempre estaban para contar alguna cosilla de las que pasan en la ciudad. Y deje de ir con esta tonta del bote que no hacía más que crear restricciones a nuestra amistad y ponerlo todo difícil, muy difícil.

Coger el coche y salir a la general y ver uno, dos, tres paisajes nuevos. La calle de todos los días que quede atrás. La gente que pasa y pasa con su rostro conocido que no acuda a mis ojos. Tratar de hacer kilómetros puros, desconocidos hacia un lugar imponente, rabioso, nuevo. Todo está muy bien. El mediodía que quede quieto cuando ya estemos muy lejos, muy lejos de casa. Y la luz nueva de las cosas que nos salga al encuentro ya llegada la tarde. Esta escapada es un plan magnífico que no tendrá lugar ya nunca. Que la vida ya no me brindará ese lugar andante, como los caballeros antiguos que se encontraban encrucijadas ante sí. La vida ya correrá solo ante las puertas de mi casa, ante los rostros conocidos, ante un lugar que se cae a cachos.

 El humor puede salvar una mañana, incluso un día de desasosiego en el alma. La pena se aposenta en el corazón por la mañana cuando el aposento del cuerpo queda vacío, cuando las sábanas se quedan solas. Cuando va a llegar un mediodía de honda tristeza. El humor es fundamental para dar a ese reconcomio de la vida una respuesta, un valor que se ha quedado colgando de las sensaciones malas de la jornada. Y no hay que ir a trabajar. Y no hay que esforzarse. Quizás por eso, la moral está tan baja. La existencia, simplemente, duele en el ser, en el vivir el día que no ofrece novedad por ningún sitio. Ayer fue hoy como el teatro que se representa mil veces. Pero el éxito de la repetición no es tal. Es un fraude de la vida. Es lo mismo por el mismo precio. Es un sinvivir existencial que amarga las horas una por una.

sábado, 14 de marzo de 2026

 Estoy tan contento de haber visto a mi familia unirse para resolver un problema de salud de mi hermano que casi no me lo creo. Todos apoyaron, hicieron, arrimaron el hombro. Yo desconfiaba bastante de ellos hasta que los vi entregarse a una causa común. Y ahora ya no pienso mal de ellos como hacía antes. Y es muy bonito sentirlo. Que se puede contar con ellos. Que la vida es de otro color para mí desde esos días en los que todos se prestaron a ayudar a mi hermano. Ahora lo que deseo es que mi hermano luche contra la enfermedad y no vuelva a recaer en un estado de mala salud mental. Para ello, debe huir del estrés y de los conflictos y del aislamiento.

Hay gente que busca una dentadura. Los malos hábitos, el no lavarse, han hecho que pierdan su dentadura natural, con la que masticaron en su día los alimentos. Por eso es que hay tantas clínicas dentales. Luego, hay otra gente que va perdiendo la vista. Una enfermedad, como la diabetes u otras han hecho que los ojos ya no funcionen y vean mal hasta el punto de no ver en absoluto. Para los ojos hay peor remedio. Los ojos son tejidos de precisión en los que intervienen muchos elementos. No se sabe tanto de los ojos como de los dientes. La vista depende de la presión arterial, del cristalino, de la córnea y de otros delicadísimos órganos de los que, ya digo, no se sabe mucho.

 A veces pensar en mi edad me produce un gran vértigo. También al pensar que no iré a la playa este año me produce otro vértigo diferente. La vida está montada así. Hay gente que viaja como Phileas Fogg y otros, como yo, que no viaja en absoluto. El coste de la vida nos va atrapando, como a la paloma supermana de la canción. Vuela, vuela, tú no dejes de volar, de España hasta Portugal. La cultura puede estar en un folio en blanco de un triste escritor que no sabe que su prosa es buena. La pintura es algo sublime, se expresa en colores, en contrastes pero a mí no me gusta la pintura, me han gustado siempre más las palabras, los chistes y chascarrillos que me contaban las personas adultas cuando se ponían divertidas. El ojo del huracán ya se cierne sobre todos los países. Paga siempre el consumidor, el ciudadano pagano.

viernes, 13 de marzo de 2026

 Yo duermo como un bendito todas las noches. Mi hermano coge el sueño muy rápido cuando se acuesta pero se despierta a las 5 de la madrugada. Luego, se vuelve a dormir. Las lunas son panderos de gitanos que rompen la noche con su fulgor, que la vuelven insomne con su luz de plata. Iremos a Madrid una tarde para venirnos con un montón de visiones estrambóticas y lúcidas de gente que va por la vida llamando la atención. ¿Hay que ser discreto en la vida o dar la nota? No lo sé pero ambas opciones son válidas. El que pasa por la vida sin que se le note habrá muerto en vida ya antes de morir de verdad. Y solo tenemos una vida, así que es válido hacer ruido con las prendas que vestimos mismamente.

 Hoy voy a cocinar un risotto de setas. No es muy difícil pero yo nunca lo he hecho. Me ahorraré así tener que comer en el restaurante. Tengo que comprar parmesano rallado, mantequilla y setas. Y quizás, perejil. Perejil es palabra sexual. Representa los pelos del pubis de las mujeres. La vida se antoja serena, sin preocupaciones más allá de qué se hace para comer. Como decía el poeta vallisoletano Jorge Guillén, el mundo está bien hecho. Es difícil creer en el cielo cuando se está bien en la tierra. Las nubes pasajeras anuncian un día de sol, un día de sol que se meterá muy hondo en mi alma hasta hacérmela crujir de gusto. Los montones y montones de cartas que escribieron algunos se guardan con celo a ver lo que dicen. Yo, sin embargo, no he leído nunca el género epistolar. Yo, de la novela no salgo.

 Había pasado de no confiar en los miembros de su familia a darse cuenta de que todos arrimaron el hombro cuando su hermano tuvo un brote psicótico. Llamaron al 112 el mismo día que no sabía qué hacer con su hermano: si llevarle a urgencias en un autobús. La policía llamó a nuestra puerta y allí estaba la ambulancia. Mi hermano no se negó a entrar en ella. Luego, el traslado al hospital de Torrejón. Allí, dice mi hermano, le trataron muy bien. Había pocos pacientes. Me llevaron mi hermana y mi cuñado a verle un lunes y yo me alegré un montón de verle tan sereno. Luego, una tarde fui yo en taxi a verle y paseamos por la calle un rato. Mi sobrino nos llevó a que le dieran el alta, después de estar un día entero en mi casa. No estaba mi hermano muy católico pero ese día, viernes, durmió bien y al otro día se levantó bastante bien. Mi familia se ha portado muy bien conmigo y con mi hermano. Ahora estamos bien pero el duelo de mi padre será una prueba para mi hermano. Y espero que mi hermano sepa gestionar su estrés y no meterse en conflictos para que no le dé otro brote.

jueves, 12 de marzo de 2026

 En la parada de autobús de Majadahonda le gente es igual que mi hermano y que yo. Quiero decir que todos visten como mi hermano y como yo. Nadie destaca. Excepto una vez que vi subir al autobús a un tipo menudo con una chaqueta vaquera con motivos de rock and roll duro y unas manos como alicates. Me sorprendió el tipo. Seguro que había soportado trabajos duros y oído conciertos duros también. Dejó en mi alma una aroma a madrugadas y paletas con cemento. Otra vez una chica vestida de negro pero con camisola blanca se puso a cantar en inglés a su amiga y me sorprendió también mucho, no dejaba yo de mirarla, precisamente porque la admiré todo el trayecto a Madrid. Una vez en Madrid, en el llamado intercambiador de Moncloa, la tromba de gente que camina de un lado a otro, por pasillos larguísimos, me subyuga, me subyuga más que lo haría cualquier droga u orgasmo que tuviera yo en alguna ocasión. Quizás exagero, no sé. Pero es la impresión tan bonita que tengo de ver tanta gente junta avanzar a destinos que ni me imaginaré nunca.

 El poeta que cantaba a la fogosidad del tigre y a la princesa de la boca de fresa y al arlequín simpático y al payaso del circo y a el rey que rabió luego cantó a la piedra porque él mismo quería ser una piedra que no sufriese el avatar del ser humano que él era. No podía ya soportar la vida. Se veía con achaques, con la tensión de la muerte en su alma. Pero conoció a Francisca, que le ayudó a llevar esos asuntos de desvalimiento y de miedo a la vida un poco más ligeramente. Somos todos ese poeta, ese Rubén Darío que cantaba "Prosas profanas" y que luego cantaba al hundimiento de la vida a sus pies. Todos hemos sido jóvenes. Todos hemos matado nuestra infancia en días más tristes de nuestra vida. Todos somos unos poetas de nuestras propias vidas.

 Las ilusiones que van volando delante de nuestras narices nos van advirtiendo de una felicidad del futuro. Yo, decía Marisa, quiero casarme con Julio Iglesias. Pero de esto hacía mucho tiempo. El taxista fue por la M50 dando toda la vuelta a Madrid para que yo viera a mi hermano. Había lluvia en la entrada del hospital de Torrejón. Luego me vine en Renfe. Hacía mucho frío en la estación. Los pilares de la Tierra se tambalean, se van rompiendo un poco por la actividad frenética de un dirigente imprevisible. Las mañanas, igual que las tardes, se suceden unas a otras como limas de unos barrotes que encierran a los corruptos. Todo se corroe cuando se está en el poder, todo se vuelve dinero, sexo y placer. Yo creo que sz agotará la legislatura, se presentará a elecciones y las ganará.

 Veo a un chino que baila en la calle en un vídeo. Leo El País digital y El Mundo digital. Los de su partido presionan a Trump para que acabe la guerra. Pero dice Irán que la guerra durará lo que ellos quieran. A Trump le preocupa mucho las consecuencias económicas que está teniendo la guerra. Sube el barril de petróleo. Todo cuesta más. Las bolsas se hunden. Por el cielo un pájaro barrunta la primavera. Las esquinas de las calles rezuman un calorcillo mañanero que se incrementará a mediodía. La paz no está asegurada en el mundo mientras las gentes de la ciudad caminan absortas en números de dinero, en la compra de la supervivencia, en vivir un poco más libres de ayuda asistencial.

miércoles, 11 de marzo de 2026

 Hay muchos pensadores comunistas que, como vieron que la dictadura del proletariado no tuvo lugar, explicaron que el comunismo era otra cosa. Los comunistas llevan el comunismo como una religión lleno de dogmas como la solidaridad entre los trabajadores, le fe en una utopía que vendrá en la que ya existirá de algún modo el triunfo obrero. Pero lo que manda en el mundo es el capitalismo y el consumo de cosas innecesarias. Cosas innecesarias que los comunistas compran para hacer el caldo gordo al capitalismo. Los comunistas son ilusos, viven de una ilusión en el futuro que no existirá, que ya no tendrá lugar en ningún modo. Pues, ¿existe la solidaridad entre los obreros? El 1 de mayo, todos los obreros están en la playa y no en manifestaciones que reviven recuerdos. Y el comunismo, desde luego, se puede reducir a la gilipollez de todos, todas y todes.

 Fundaron la revista "Rompeolas" pero había que escribir para ella de forma continua y acerada. Y eso no era tan fácil. Ernesto Villaluenga, uno de los fundadores, siempre se escaqueaba de escribir su artículo sobre crítica literaria de los viernes. Juanito Santa Cruz, el niño pijo de la revista, estaba más atento a las fortunatas que pasaban por la Plaza Mayor de Madrid que a escribir su columna de actualidad social en la página tercera de "Rompeolas". Solo escribía como una máquina para rellenar huecos que todos iban dejando el filólogo licenciado Leandro Pringas. Leandro Pringas había llegado de su pueblo natal en Toledo a comerse Madrid y estaba haciendo esfuerzos literarios todos los días para que la revista funcionara. El verdadero rompeolas era él y nadie más. Madrid le estaba comiendo a él, con tanto esfuerzo para que la revista pariera un número más. Así que, un buen día, dejó de escribir y se dedicó a la dirección cinematográfica, mundo en el que tampoco triunfó. Luego, se metió a actor teatral y ahí sí que hubo un hueco para él.

 Voy a escribir algo sobre gramática. Sobre la palabra "que" en español. La palabra "que" tiene diversas funciones. Una función se llama pronombre relativo y lo explico con un ejemplo que yo siempre usaba en los institutos. Si yo digo "el preso huido" es lo mismo que "el preso que huyó". El pronombre relativo introduce una frase que es equivalente a un adjetivo. Pero pueden darse frases mucho más complejas como en "el niño que tenía un caramelo en la boca se marchó". El otro "que" introduce los llamados verbos dicendi o de decir. Por ejemplo: " dijo que la luna salió.". O "anunció que el viernes no habría clase". Este "que" no es pronombre, sino nexo de unión de dos frases. El "que" relativo siempre aparece con un nombre al que hace referencia. El otro "que" siempre aparece con un verbo.

Cuando un creador no crea expresiones bellas, en mi caso, con las palabras, se siente un tanto desilusionado. Últimamente no me salen textos muy originales sino remedos de historias simples. Y es penoso porque la sensación es un poco amarga. Estoy dispuesto a escribir otra novela al haber acabado la última. No tengo ningún listón que subir ya que mis historias se quedan en un cajón así que escribiré por escribir, por pasar el rato. A lo mejor me baso en algo que me ha ocurrido o invento una realidad literaria extraña. Los días se van sucediendo y las artes se manifiestan de muchas maneras. ¿Qué es la cultura?, me pregunto muchas veces. La cultura es muchas cosas a la vez y ninguna en concreto. Mi hermano pinta acuarelas. Yo pinto en la mañana un comentario a lo que hay más allá de la ventana.

martes, 10 de marzo de 2026

 Habrase visto, dijo la madre al hijo que venía todo sucio y borracho. No me gusta cómo vienes a casa. Te voy a echar en cuanto cumplas 18. Y, efectivamente, un dos de febrero, después de estar el hijo todo descentrado con unos amigos que se pasaban los días (de diario también) borrachos y drogados, la madre le dijo que se fuera de casa con una maleta y 20 euros en el bolsillo. Y el hijo se separó ya esta vez de sus amigos que no eran amigos sino incitadores al desmadre. Se puso a trabajar de peón de una obra, ganó su dinero y empezó a escalar en la vida unos peldaños que le alejaron de la droga y las risas tontas que provocaba esa droga. Y fue feliz metido en una habitación mientras el mundo giraba más despacio y acompasado.

 La rosa. Deja a la rosa que crezca y no la metas en un verso. Obsérvala, huélela, acaricia su suave tacto. Y ya ponte a andar otra vez a ver qué otro lado de la naturaleza se te ofrece gratuitamente y felizmente. El río que fluye con unas aguas claras. Por esta ribera no anda nadie en invierno, ni siquiera en verano. Ya los pescadores no se acercan a por la trucha o el barbo, pez que se agita en el fondo. Después del paseo, nos acercamos a un pueblo pequeño con bar y pedimos un café. Los ancianos del lugar nos advierten de una posible guerra. España tendrá que entrar y todo será un desastre. Luego, cogemos otra vez la bicicleta y bajamos otro poco hacia el río pero, cuando las truchas oyen el pisar de la tierra, ya han huido de debajo del puente. Los animales son muy recelosos del ser humano. Cada vez más, pues siguen existiendo los malditos furtivos.

 Parece hoy un día tranquilo pero el zumbar de las abejas ya señala una fuente de miel en las flores que han salido ya en el sur. La naturaleza no descansa. La menor oportunidad de crecimiento es aprovechada. Los ancianos, queridos de Dios, pasan los días yendo a la compra o leyendo revistas en las residencias. Los maleantes que se drogan en el parque urbano se juntan, dan voces, se ríen y Dios no los quiere así. Así que Dios manda a la policía a registrarlos, a mandarlos a algún sitio donde se puedan reciclar humanamente. Los jóvenes están en el instituto aprendiendo de qué modo se puede dividir el Quijote en partes lógicas o están aprendiendo binomios matemáticos complejos o están aprendiendo cómo se reciclan los plásticos. Otros jóvenes no bachilleres ya trabajan y ganan bien de dinero pero no hay vivienda para ellos así que votan a la ultraderecha. Despertarse hoy día no es un opción perezosa. Hay que aprender todo el día. Hay que saber por dónde van los tiros de la actualidad.

 El mundo no para. Otro día más, los camareros servirán mesas. Los taxistas llevarán pasajeros al aeropuerto o al hospital de Torrejón de Ardoz. Ha nevado un solo día este invierno aquí, fue un miércoles. Los dolores no paran. Tengo dolor de un supuesto futuro en el que mi hermano sufra otro brote psicótico. Si se pudiera prevenir, qué bien. Para prevenirlo, mi hermano no debería vivir estrés, ni conflictos y llevarse bien con su familia y amigos. Ojalá se cumplieran estas premisas para que mi hermano no despertara un día con la cordura torcida. Y haya que llamar al 112 y que nos hicieran caso y todo fuera tan rápido como esta última vez. Mi hermano pasará por el duelo de mi padre y ojalá no le pase factura en el sistema nervioso.

lunes, 9 de marzo de 2026

 Cuando el mediodía llegue, ya se habrá desentrañado la mañana. El recuerdo de la fría aurora en contraste con las dulces sábanas ya habrá pasado y seremos campeones del día. Hemos ganado la batalla al lunes, hemos madrugado como seres infinitos, como ciudadanos alegres, como componentes de la plaza pública. Al trabajo con alegría, me decía un barrendero para mí heroico. La vida va pisando el talón a la gente del común. Es difícil no sustraerse a la obligación diaria. Pero, ya digo, cuando llega el mediodía, somos campeones de la jornada, somos los héroes de un día más, somos gentes fiables y de corazón. Que decimos a la mañana aquí estoy, he llegado y alguien llama a la puerta y no es en vano.

 Ayer vi a mi padre, al abuelo, como digo cuando hablo con mis sobrinos. Está muy delgado, demasiado delgado y encima, no le da por comer. Se salta el desayuno y la merienda a veces. Estuvimos toda la tarde con él mi hermano y yo. El miércoles vamos a verle otra vez. El pobre dice mucho eso de "tengo ya 96 años, qué puedo esperar". Pero yo creo que le volverán las ganas de comer y engordará un poco al menos. Está en una residencia pública, creo del ayuntamiento. Tiene biblioteca, barra de bar y muchos salones y jardinillos. A mí me gustó esta residencia, muchísimo más que la anterior. En la anterior, no había nada. Ni bar, ni biblioteca, ni salones ni nada.

 Hace frío. El invierno no termina de largarse. Las luces son tenues porque las nubes tapan el sol. Da pereza moverse entre estas oscuridades al empezar la mañana. Ya llegados al puesto de trabajo, quizás esperemos órdenes, quizás la tarea la llevamos nosotros sin que nadie nos ordene, que es lo mejor. Gente joven está probando sus primeros días en el trabajo. Están felices porque parece que se hacen a las exigencias del mismo. Parece que la cosa fluye, parece que pueden con la tarea encomendada. Los taxistas, los de la furgoneta, los de la obra, los de las clases de matemáticas, los tenderos viven la ilusión de estar obrando bien, de poder ganar un dinero a fin de mes. Y todo va así: una lucha contra el día, contra ellos mismos, contra los clientes, contra los alumnos. ¿O no deberíamos decir contra sino para ellos, para los que nos dan de comer?

Aunque he leído ya varias veces que el absentismo laboral es muy alto en España, creo que la mayoría de la gente hoy lunes, está trabajando. Hace frío. No se va el invierno. Unos trabajan de peón de albañil en una obra, no de pisos baratos, sino caros, chalets para compradores con posibles. La vivienda barata no existe hoy en día. Ni se construyen pisos. Otros van a la oficina. Otros son transportistas. Llevan productos a las tiendas que son atendidas por los tenderos. Los de la coca cola no paran. Todos los días reponen cajas y cajas de botellas de coca cola. Es una bebida muy popular, se bebe mucho. Veo el camión de la coca cola muchas veces, muchas veces. Los que cortan el pelo y los que arreglan móviles abren a las 10:00. Bares hay que abren a las 6 de la mañana para servir el primer café de la mañana antes de empezar el tajo. Cuando iba a los institutos, iba con tiempo, precisamente para tomarme un café antes de dar las clases. Las primeras horas de dar clase eran muy buenas, no había desorden en las aulas, estábamos todos medio dormidos, pasaban rápido esas dos o tres primeras horas. Luego todo se complicaba porque surgía el bullicio después del recreo, se daban conversaciones en voz alta entre los alumnos, etcétera. Yo creo que madrugar es bueno. Te encuentras con el día que nace, te encuentras con los seres que se encuentran con el día que nace.


domingo, 8 de marzo de 2026

 La mujer baja al garaje. Cuando está al lado de su coche se da cuenta de que no tiene las llaves del coche. Es una mujer desorganizada que no tiene hijos, que tiene la única responsabilidad de su trabajo, por el que lucha toda su vida. Es una mujer desordenada que guarda el dinero en cualquier sitio, se deja las llaves del coche en cualquier sitio, que no sabe dónde tiene la cabeza. Sube a casa y chilla a su madre. Que dónde están las llaves. Su madre también chilla. Están las dos un poco locas, lo dice la gente que las conoce. Las llaves están en la cocina, en el fregadero. Nadie sabe por qué están ahí. Al final, la chica coge el coche, va a un centro comercial con su perrita porque llueve. A esta chica le encanta su soledad, le gusta pasar de la gente, le gusta perder las llaves, el dinero, la cabeza.

 El hombre escribe en su ordenador. Es un hombre que ha acabado una carrera de humanidades hace ya algún tiempo. Es un hombre que desea organizar su pensamiento en una novela. Va a verter en una novela todas sus ansias, preocupaciones, dolores de su alma, torceduras de su voluntad. El barrio está tranquilo. Es hora de escribir unos cuantos folios. Empieza así su historia: Era abril y el barrio parecía recibir ese mes con la autenticidad de lo modesto y lo humilde. Por las esquinas, pasaba un airecillo triste, como todas las tristezas que había en el barrio. Un hombre iba a por el pan. Y luego sigue el escritor dale que dale escribiendo del barrio. Un barrio pobre, un barrio que no consta en la historia, un barrio de gente como el propio escritor que un día se licenció con mucho esfuerzo de una carrera de humanidades.

El mediodía a mi alrededor sonríe. Pacta con el cielo azul un día tranquilo. Es cuando el sol arriba a la matinal hora. Es cuando, dulce como un melocotón, el sol brilla más que en todo el día. Es inalcanzable la dicha por demasiada. Es un árbol que trepa unos milímetros de crecimiento sutil. Es lo que todos deseamos: un sosegado himno que cantan las estrellas que no vemos. El día avanzará deseoso, rutilante, medianero con el entusiasmo. El modo de felicidad de hoy es moverse tranquilamente entre las luces de la tarde, entre los ángulos de la luz que sabe a esplendor de una hierba que crece a golpes de sol y agua.

 La amistad que responde a ruegos no es amistad. Tengo una amiga que va de eso: hoy no puedo, tengo que limpiar el coche. Otro día no responde al móvil. Le gusta la soledad, su soledad, esa es la verdad. Pues que se apañe como pueda. Un día se quedó encerrada en un ascensor y llamó instantes antes de que la liberara un técnico. Como dos idiotas mi hermano y yo fuimos a darle ánimos cuando estaba allí metida. Para eso sí que llama. Habrá que considerar la idoneidad de esta amistad que parece que no tiene tiempo para nadie solo cuando le conviene a ella. Me dan asco este tipo de amistades. Se creen que los demás estamos para cuando les convenimos. Pasando de ella todo lo que se pueda, es lo que voy a hacer.

sábado, 7 de marzo de 2026

 Ayer estuve leyendo libros de poesía. Antologías de poetas de una generación, libros de un solo autor, de una época, etcétera. Me lo pasé bien. Se aprenden cosas y la atención está puesta en los versos y versos que surgen de una cabeza genuina e inspirada. Saqué la conclusión de que el pensamiento se puede manifestar de muchas maneras. La gente común no suele leer poesía pero no quiere decir que no tenga ideas poéticas en la cabeza. Solo basta con pensar en sus sentimientos para que se produzca una poesía no escrita. Los sentimientos que suscita un padre a sus hijos y viceversa, es poesía. El amor fraternal o sentimental es poesía, nos hacen sentir poetas mudos de lo que anida en nuestro corazón hacia esas personas que amamos. No solo los versos transmiten poesía. Hay escenas entre la gente que es pura poesía. Hasta la soledad tiene su poesía metida en un corazón deseante de comunicarse.

 Una persona en soledad casi no es nadie. La gente la mira e intuye esa soledad y no la dirige la palabra. La soledad nos vuelve enfermizos, carentes de lenguaje, nos hace bestias. Quien rompa esa soledad forzada debe ser alabado, debe iniciar un diálogo que antes no estaba. Debe dar un paseo con el solitario y escucharle. Y así habrán ganado los dos: el solitario ha dejado de serlo y el que le acompaña ha ganado en grandeza. La soledad no conoce de dinero ni de clase social ni de política. La soledad se ceba en jóvenes o viejos, la soledad es una malísima compañera. Matemos las soledades de la gente haciéndolas hablar, haciendo que el lenguaje vibre, las historias y anécdotas brillen en la boca del solitario.