miércoles, 8 de abril de 2026

 Me he quedado pillado con esas gentes con las que pasé el tiempo en el pueblo. Eran tres parejas, como se dice ahora, no matrimonios, las tres con hijos, dos hijos cada pareja. Una pareja la formaban mi sobrino y su mujer y su hijo Ángel y su hija Lola. Otra pareja la formaban el hijo de un primo mío del pueblo y su mujer y Beltrán y Mario, sus hijos. Y la otra pareja era amiga de esta última y venía de Torrelodones. Sus hijos eran Olivia y el rebelde Martín. La verdad es que eran un conglomerado que quizás responda a la realidad del mundo de hoy: prisas, estrés, ver de poder conciliar trabajo y familia. Se tiraron un tiempo estas parejas hablando de zapatos para los niños, por ejemplo. Luego discutían entre ellas quién hacía comidas, quién se ocupaba de los niños, quién limpiaba la casa, etcétera. El marido de la pareja de Torrelodones al final me preguntó que dónde había que firmar para cobrar una pensión a mi edad. Cuando le dije que estoy tomando pastillas a diario dijo que ya no le gustaba. Me lo pasé muy bien con ellos aunque no participé mucho. Dicen que en boca cerrada no entran moscas pero también se dice que hablando se entiende la gente. Su recuerdo revolotea en mi cabeza porque me gustó su forma de vida, sus luchas y los problemas que solucionaban como podían.

martes, 7 de abril de 2026

 Me pregunta un amigo que qué es la felicidad y yo le contesto que cuando hay armonía en la vida de uno. El otro día fui al pueblo que estaba en fiestas. Y había armonía. La gente disfrutaba de cosas sencillas, charlando y dando paseos, atendiendo a sus hijos, que también vivían la armonía de sentirse queridos. Saludé a un montón de personas que hacía tiempo que no veía y me sentí dichoso de volverlos a ver. Eché unos cigarrillos al aire de mi pueblo, paseé, hablé de cosas bonitas, sentí el equilibrio de todo un pueblo. La felicidad no es ser uno exitoso en la vida. Es encontrar la armonía en los momentos del día, en esos dulces momentos en que todo gira como las estrellas con su música celestial que un día oiremos.

 En mi pueblo hubo un cura que dijo que había mucha incultura en él. Y yo creo que es verdad. No sé si los chicos de ahora que van a la escuela de mi pueblo tienen interés en lo que dicen los maestros. Los de mi edad y los de diez años abajo da la sensación que no han hecho mucho caso a las lecciones. En el bar, por poner un ejemplo, muy pocos leen el periódico. Y por por poner otro ejemplo, un día estaban echando por la tele la película "Stalingrado". Y me preguntó el dueño del bar: ¿pero quién son esos que luchan en esa batalla? Le tuve que explicar un poco la II Guerra Mundial y lo de los nazis y los comunistas. Me pareció inaudito que, solo con el título de la película, los que allí había viéndola no la relacionaran con el peor momento de la historia del mundo. Pero bueno. Así están las cosas en mi pueblo.

 Estos días tan frágiles en que no sé muy bien qué hacer se me revuelven todo en ir a pasear por la Gran Vía majariega. En el Quijote se hace una alusión a lo archiconocido diciendo que "eso lo saben hasta los pastores de Majadahonda". La ignorancia estaba muy extendida en tiempos de Cervantes. Cervantes, que leyó mucho, sabía mucho y como anduvo mucho (estuvo en batallas cruciales de la cristiandad, estuvo en Italia, estuvo en Argel, estuvo por toda La Mancha), también vio mucho. Y de lo mucho que anduvo y vio quizás salió ese libro tan afamado que ya harta nombrarlo. Dicen que se sabe poco de la vida de este escritor. La payasada más grande es presentarle como homosexual en un película extrañísima. Las mujeres que rodearon a Cervantes todas sabían leer, cosa inusual en la época. Todo lo que tiene que ver con lo literario ya me es ajeno, me cansa y me aburre. Soy incapaz hasta para pensar en un título de novela. No escribiré más estos meses. Pero seguiré leyendo.

 Tenía dudas sobre si iba a ser capaz siquiera de rellenar este texto porque ayer no me salió más que una pequeña reflexión en este blog. Me está pasando que he dejado de creer en la escritura. Ya no tengo orgullo de escritor y no me sale ni una línea. He perdido todo el gusto por escribir. Lo último que he escrito va sobre la vejez. Y no me gusta mucho. A ver si me centro y me pongo a escribir una novela aunque sea corta para verificar que aún me motiva esto de las letras. Pero no sé qué asunto tratar: la ancianidad o la duda existencial o una invención surrealista. No sé. Sin ese deseo de contar cosas la vida es más aburrida, no se llena de ratos creativos y se me hace más largo el día.

lunes, 6 de abril de 2026

He rellenado un folio con libros que quiero leer sobre la esquizofrenia. Son diarios de gente que la ha padecido. A ver si aprendo cosas para poder evitar un brote de mi hermano. No creo que eso sea fácil pero estas experiencias escritas me vendrán bien para comparar quizás. A lo mejor me llevo una sorpresa y aprendo a cómo prevenir ese brote tan temido. De todas maneras serán unas lecturas interesantes pues a mí también me afecta una enfermedad mental. No sé si buscar en la librería de mi barrio o ir a Madrid a una librería de psicología que hay en Moncloa, en Joaquín María López

Está el día como lento, muy plomizo. Sa ha acabado la semana santa. Se abre el telón. Y aparece quizás un día que no queríamos que apareciera. Tendré que salir a la calle a ver qué hay en ella. Todavía me acuerdo de las parejas y de los niños de esas parejas. Andarán rodando un día como hoy en colegios y oficinas. La vida trae como consecuencia que hay que vivirla. Hace sol. Ayer hizo un calor fuerte, no de abril, más bien de junio. Comimos en el restaurante chino de camino a la estación. Fuimos a ver a mi padre por la tarde. Estaba bien, contento. Y no se me ocurre nada. Una niña quizás ande en bicicleta y un vecino no para de rascarse la cabeza.

domingo, 5 de abril de 2026

 Dijo Jesucristo: el sábado está hecho para el hombre, no el hombre para el sábado. Dijo Anaxágoras, mucho tiempo antes de que naciera Jesús: el hombre es la medida de todas las cosas. Todo en el mundo está hecho por y para el hombre pues el hombre es el centro de la Creación. Digo hombre incluyendo a la mujer pero es que en las disciplinas sociales como Historia o Filosofía siempre se ha dicho "hombre" equivalente a "Humanidad". Se supone que "hombre" engloba hombre y mujer. Pero hay que creérselo, eso de que somos lo mejor creado por Dios. Nosotros mismos nos acoquinamos o nos creemos inferiores o nos entra una depresión. Pero que se sepa siempre que la mujer y el hombre, en la circunstancia que sea, es lo que mejor creó Dios después de Dios mismo.

 El otro día, al sacar dinero del cajero, me dispensó dos de 50. Me fastidia llevar dinero de esas dimensiones, así que enseguida pensé en cambiarlos. Y fui a una administración de lotería y pedí un euro millón, que sale a 2, 50. Ya tenía cambiado un billete. Me faltaba el otro. Yo andaba con Paco y dijo que comprara yo un rasca de la suerte de la Once. Y lo compré. Por un precio de 5 euros. Entonces, lo rasqué con una moneda y un asterisco de esos que se rayan, no se veía bien. Y yo le dije a la empleada de la Once que me lo mirara. Y dijo la de la Once: en el cartón pone que no tiene premio. Pero no me enseñó la máquina que tienen ellos, que esa no falla. Así que pensé que la de la Once me había engañado. En fin. Ya tenía cambiado los dos billetes de 50. Había pasado una media hora y luego fuimos con el Fede, que casi no se contó nada. Le dije al Fede que esperara que le llame yo porque si no, ese tipo es muy cansino.

 El niño Martín hace todo lo contrario de lo que sus padres quieren. El niño Martín está en un constante desafío. La niña Lola es un rabo de lagartija. La niña Lola es que es así, no sirve darle vueltas. Contó Carlos el de la Águeda que una tarde se quedó solo sin niños y tuvo la sensación de que estaba haciendo algo mal. De que le faltaba algo. Hasta tal punto es la relación padre-hijos. La paella estaba muy buena. Vi el fútbol, al Real Madrid. Muy flojo. En el trayecto del pueblo a aquí, salieron muchos temas a relucir. Torrente, presidente, decía el niño Ángel. Es la moda que hay. El niño Ángel estuvo contenido y le vi feliz. Tardé bastante en dormirme porque vine muy excitado. Me dieron la 1 y media. Como decía el personaje de "Diario de un cazador": oí el expreso de Valladolid.

 El taxímetro echa humo para cubrir las necesidades de mujer y prole. La prole de hoy en día no es numerosa pero sí exigente. Hay que estar a la última en todo, no quedarse atrás de las novedades que suceden. Torrente, presidente, se dice ahora. He venido del pueblo muy contento y muy agradecido a mi sobrino y su mujer, que me han hecho un hueco para poder ir. No sé la cantidad de gente a la que he saludado. En un día he cruzado unas conversaciones más o menos largas que en dos meses en la ciudad. Y he estado con otras gentes como la Zara y Carlos el de la Águeda, sus vecinos de Torrelodones, con su hijo problemático Martín. Los niños de mi sobrino se han portado muy bien. La niña es increíble: se retuerce y se escabulle de cualquier atadura. Parece Houdini. Lo he pasado fenomenal.

sábado, 4 de abril de 2026

 Estoy esperando la llamada de Carlitos para irme al pueblo. ¿Qué encontraré en el pueblo? No lo sé. Quizás gente con quién charlar. Con eso me conformo. Son las 10:00. Carlitos me dijo que a las 11:00. El sol alumbra. Espero que Paco lo pase normal aquí solo todo el sábado. No se tiene ni que estresar ni meterse en conflictos. Hoy será un día tranquilo en Majadahonda. Unos astronautas están dando la vuelta a la Luna, verán el lado oculto de la misma. Dicen que es algo épico e histórico. Ayer estuve en Gran Plaza II pero no encontré los libros que quería. Los buscaré por Moncloa. Ojalá lo pase bien y me traiga un buen recuerdo de mi pueblo.

viernes, 3 de abril de 2026

 Estoy sentado. A mi izquierda, está la ventana abierta. No se oye ni un solo ruido humano; o sea, conversación, chiste, risas. No hay risas en la calle. ¿Cómo las va a haber si no hay chiste ni motivo para la risa? Yo, mañana, me voy al pueblo. Algo veré y algo comeré y beberé. A lo mejor, en el pueblo, hay algo de risa o de motivo para la risa. Mi pueblo es como un teatro y yo soy un personaje nada más. Ojalá llegue yo al tercer acto de la representación de ese teatro. Así soy más protagonista. Me lo tomaré como un libro en el que unos bañistas van al río. Se enfadan, ríen y el bar cierra a la noche. Andaré acompañado en ese teatro o iré como un personaje libre y altanero. No lo sé. En el pueblo hay poca gente y mucha gente a la vez. Y hay que tratar con todos. Es una pericia todo esto, incluye estar a bien la estancia. Ser un personaje de comedia y no de lo grotesco sentimental.

Mes de abril, mes de abril, que acudes con soles redondos al año que te ve venir. Durante tu reinado que dura 30 días, vas haciendo hablar a los pájaros, vas desnudando a los pecadores de la pradera, vas riéndote del ladrón que te quiso robar. Eres un mes de mucho piar, de mucho brillar, de muchas guarrerías españolas practicadas en las oscuras habitaciones, cuando los niños no dan guerra. Decía el poeta que abril viene con flores amarillas. También viene abril con la bragueta abierta, ya sin temor de resfriarse la colilla y ese bollito como de repostería que guardan ellas. Viene el calorcillo, las ganas de juntarse los cuerpos, el deseo de locos desatado y los empujones. Ay, esos empujones del mes de abril.

 Hubo un día en clase de latín que sorprendí al profesor con la traducción de unos versos de Virgilio. Era una traducción libre, no sujeta a la sintaxis del excelso poeta, era una traducción que me saqué de la manga pero era bonita. Y luego dimos paso a la lección, una lección aburrida porque el profesor era aburrido. Pero yo demostré que, temprano por la mañana, mi vena poética tenía un sentido oculto y bello que en esa hora se desató. Todos los compañeros me miraron como si fuera increíble esa demostración poética, como si no cupiera en los planes de estudio ni en el currículo tal expresión de libertad creadora. Pero esa poesía tuvo lugar, se expresó una mañana de abril ante unos pocos y poco entendidos alumnos. Era de la "Eneida", o quizás de Ovidio. Ya no me acuerdo.

Al cielo lo manchan unas nubes blancas como borregos grandes que no saben dónde van. El destino de esas nubes es como nuestro destino. Quiero decir, como el destino de los seres humanos. Pues, ¿adónde vamos? ¿Sabe alguien decir qué sentido tiene la vida? El fulgor de lo que amamos aquí en la Tierra pasa pronto. Y nos quedamos desnudos con nuestro cuerpo y nuestra alma de pecadores de la pradera. Por eso el buen humor es necesario. Para darle una pincelada tranquila y serena a lo que nos ocurre. Para dominar un poco el absurdo del que ya hablaban los existencialistas. Para no llorar algún día lo que tanto nos ha costado conseguir. El humor hace que nos sintamos libres de pensar que venimos al mundo a desear otro mundo mejor que a lo mejor no existe. El humor, como a Mark Twain, nos vale como remedio a la vida, esa pasión blanca como una nube que cruza el cielo. 


jueves, 2 de abril de 2026

 Existe algo antediluviano en el ser humano que es la idea de montar bronca y molestar al que está al lado. Lo puede producir una ingesta estúpida de sustancias tóxicas. Pero como yo no consumo ninguna de esas sustancias, a mí que no me vengan con estupideces artificiales. A mí me gusta comer tranquilo, no meterme con nadie y pasear por el campo si a mano viene. La naturaleza es para mí fuente de inspiración. Evito la guerra con el prójimo siempre y mi  inteligencia me dice a qué viene estar incordiando con ideas políticas hueras o con tontadas del fútbol o con que si la abuela fuma. Deseo vivir bien y no hacer caso a urracas parlanchinas de medio pelo.

 No hace ni frío ni calor. Me fumo mis cigarritos. Cada uno tiene sus características humanas repartidas por todo el cuerpo y todo el alma. A mí no me gusta discutir. No me gustan las conversaciones nocturnas, prefiero irme a la cama con un buen recuerdo del día de antes. Tomo precaución con los botarates que hay ahora que se ponen llenos de sustancias alterantes de la conducta. Me gusta pasarlo bien o aburrirme llegado el caso pero no discutir. Las discusiones, para los políticos que hay ahora. Si hay alguien que me viene a buscar las cosquillas, le obvio y le anulo con una retirada a tiempo. No estoy yo, con lo que me ha pasado y con lo que me puede pasar, pendiente de gente que quiere alterar mi modo de vida tan tranquilo que llevo. Con lo mío tengo más que de sobra.

 El arte es mirar un cuadro y sorprenderte de lo bien que está hecho. Hay un arte político, ese que hace que una nación se llene de progreso y orden y armonía en todas sus partes. Pero, ¿quién domina ese arte de llevar las riendas de un país confiado en sus dirigentes? Es como si el líder político estuviera escribiendo una novela, una novela creíble, estéticamente fiable y con final feliz. Pero la corrupción, si asoma, afea esa novela dirigida desde el poder. Y también se corrompe si no sigue las normas dadas por el pueblo a esa nación, que son las constituciones. Y también se destruye si existe mucha sopa boba dada desde el poder, el llamado clientelismo y nepotismo y los cargos a dedo. Las cosas que están mal hechas en política asoman rompiendo esa armonía aparente que existe y la novela del poder ya no se la cree nadie.

 No tenemos remedio los seres humanos. Llevamos la guerra metida en lo hondo de nuestra alma. Una forma de guerra es el terrorismo, es una forma muy cobarde de hacer la guerra. Poner una bomba y salir corriendo. Matar a gente inocente que pasaba por allí, que no tenía nada que ver con las mierdas de esos terroristas. Los terroristas se amparan en un nacionalismo de izquierdas generalmente o religioso. Y defienden ese terror matando gente. Quieren doblegar al estado instituido democráticamente a base de muertos. Pero el estado reacciona y lleva drásticamente la guerra a esos otros estados terroristas. Y entonces, hay dos guerras declaradas: la terrorista y la del estado.

 Los humos tóxicos con efecto invernadero: es lo que hace que la Tierra se recaliente. Los combustibles fósiles han de desaparecer de algún modo. Y que triunfe lo eléctrico. En un relato que tengo yo escrito, resulta que se descubre la manera de domesticar la energía de fusión. Y solo se tarda en llegar a Marte un par de días. Y Marte es colonizada por la humanidad. Y empieza una carrera para conquistar el espacio. Pero pongo en ese relato que no hay ni rastro de extraterrestres. Los extraterrestres no existen. No se encuentran planetas habitables, parecidos al nuestro. Somos únicos en el universo. Estamos solos en él. Y en ese futuro de progreso, empiezan las guerras en Marte también, haciendo que el espacio se convierta en otro mundo lleno de conflictos nacionalistas absurdos.

miércoles, 1 de abril de 2026

 Espérate a jugar, dicen los de la brisca, ese juego de seis que se sientan a pasar un rato. Y hay veces que no se necesitan triunfos para ganar. Se llama ganar a encarte. Eso me gusta mucho. Porque es ganar sin emplear la fuerza sino la habilidad de que un tres o un as se lleve la baza. Y sin violencias de que alguien corte esa jugada que va de oros o de bastos pero que va aliada a las cartas, no truncada. Así debería ser la vida si el ser humano tuviera plena conciencia de lo que le interesa y conviene. La vida nos eximiría de violencia si las pulsaciones negativas se retiraran de la historia del hombre. Si el hombre juzgara limpiamente qué quiere. Y sin inconscientes latiendo en su mente. No habría guerras, no habría hambre ni dificultad en que la historia siguiera un devenir limpio, pacífico, absolutamente feliz, al encarte.

 Antes, todos los que yo conocía se paseaban por el callejón del Gato donde unos espejos cóncavos reflejaban una distorsión de su realidad. Estaba yo viendo un esperpento. Pasaron unos meses decisivos, en pleno invierno: llovía, nevaba, hacía mucho frío en aquella estación que llevaba a Alcalá. Y me monté en un tren que me condujo a casa. Y en casa, yo iba previniendo una manera de ver las cosas diferente. Como una especie de comedia tranquila, de hacer reír. Y los personajes de esa comedia se encontraban en la Gran Vía majariega y hablaban. Por fin hablaban y hubo teatro y hubo sinceridad por fin. Y las cosas salieron como cosas que iban teniendo sentido.

 Hoy estrenamos mes. Que no tengamos que decir quién me ha robado el mes de abril, como dijo Sabina hace mucho tiempo (estaba yo en primero de carrera). Cuenta esa canción que a una chica que está haciendo el bachillerato la preña uno que después se las pira. Y otros casos parecidos de abandono y desgracia. Yo me encuentro muy abandonado en mi día a día de no ser por estos escritos que me reconcilian conmigo mismo y por algunas ocasiones de andar con la gente (como por ejemplo, ayer, que estuve con mi sobrino y su mujer y sus hijos). No es fácil salir de una soledad diaria como la mía. En este blog, me encuentro con las letras, con los textos que ordenan un poco mi mente. Que la soledad no nos encuentre totalmente solos.

 Se viene uno abajo si no hay en su vida un trabajo o faena en la que emplearse. Sobre todo, si es uno joven y con ganas de vivir. El trabajo significa dinero y el dinero, como dijo Rosendo, te invita al cine. En el trabajo pasan muchas cosas. Por eso dice el refrán que al que cuece y amasa, de todo le pasa. Yo tengo una idea de escribir una novela sobre los años que he tenido yo de pensionista. En esa época, yo he tenido que aliviar y soportar crisis de mi hermano gemelo Paco. Sería esta novela como la realidad de una enfermedad que es muy poco conocida. Nadie sabe decir a ciencia cierta qué es una esquizofrenia, que la caracteriza: alucinaciones, delirios, aislamiento y depresión, entre ellas. No sé si habrá un libro que lo cuente. La esquizofrenia rompe bastante la cognición de la realidad: eso quiero contar.

 Si tú escribes una poesía (en este caso, un soneto) a la belleza de Flora (nombre ficticio de una mujer real) y luego un soneto sobre la brevedad de la vida y luego, un soneto a una mujer muy delgada y luego un soneto a un tiñoso y luego otro sobre la filosofía estoica; entonces, tú puedes ser un émulo de Quevedo. Pero el soneto ya no se lleva, se llevan los versos sin rima, se llevan los versículos, se lleva hacer el tonto de la poesía en general. Yo también hice versos hasta completar 6 libros de poesía de 60 páginas cada uno. Pero mi poesía no trascenderá. Andan esos libros por aquí almacenados en un armario, en el olvido. Quevedo fue un gran filósofo y católico. Yo soy un poeta del olvido, de la fe, de la razón y de los hombres y mujeres que son buenos en el mundo.

 Mis dos sobrinitos viven la vida intensamente. Lola no se harta de subir y bajar constantemente por los obstáculos del columpio, con un afán propio de un escalador. Para adelante, siempre para adelante. Poniendo sus piececillos uno detrás de otro con un tesón fuera de serie. Ángel disfruta cada minuto de su vida. Chilla como una forma de manifestar el impulso vital que le conduce a jugar al fútbol, a jugar a lo que sea, pero con una pasión fuerte y única. Todo le parece nuevo, todo para gastarlo pronto, todo para vivir fuertemente la vida. Será un niño que quiera saberlo todo, probarlo todo, vivirlo todo. Con fuerza e intensidad.

 Viene un mes difícil porque está regentado por Marte, el dios de la guerra. Yo, el sábado, me voy con mi sobrino y su mujer y sus niños al pueblo. Por fin puedo cumplir un deseo largamente deseado, salir de casa de un puta vez. Espero pasarlo bien. No sé a quién me encontraré en el pueblo pero espero sea para pasar un rato charlando animadamente. No pido más. Que me cuenten algún sucedido, alguna broma que contar por ahí, como ese que fue a Madrid y le dijeron eso de 7 y 6, 13, menéamela a ver si me crece. A ver si en el pueblo me cuentan algún chiste nuevo, algo con que pasar el rato, algo con que matar el sábado por la mañana y el sábado por la tarde. Las lunas se han puesto en hilera para decir carretera.

 Ayudar al necesitado está bien pero si el necesitado se gasta lo que le has dado en algo no pactado, el necesitado te engaña. Necesito ver a mi hermano y darle un abrazo, dijo el necesitado. Yo le di para el autobús. Al otro día, el necesitado estaba por las calles y no me saludó. Cuando me saludó otro día, yo le dije: ¿no tenías que estar en Castro Urdiales? Me robaron el dinero unos moros y he estado en el hospital, dijo. Todo mentira. Así que los necesitados se vuelven mentirosos y usan añagazas para dar pena e inventarse una necesidad. Los necesitados andan por la calle sin preocuparse de nada y dando pena, una pena que no es creíble. Los necesitados solo necesitan salir de la calle, no un dinero ajeno que no sabe dónde se lo gastarán.