La luna ya obró luz en la noche, ya se tiñó de una claridad de polvo, de arena, de una zambullida en el sol. Son ya las 10:00. Me llamará la chica del sofá y hablaremos. La mañana está ya muy metida en vida, en el juego del día, en lo vulgar cotidiano. Pronto será de noche otra vez y nos volveremos a meter en la cama, la sólida cama de los enfermos mentales. Nunca había estado yo tan inseguro sobre mi enfermedad mental, nunca tan consciente de que no somos agradables a la gente los enfermos así. El desprecio de la sociedad se volverá sobre ella. Nadie habla de la esquizofrenia, de lo bipolar. Nadie. Pero algún día tendrán que hablar y decir claramente que somos el 1% de la población mundial y se nos ha de hacer caso, más caso.
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