martes, 31 de marzo de 2026

Cuando el alba buscaba un dueño, un tropel de gentes lo pisotearon, lo volvieron aciago y doloroso. Así, el sol salía desaforado y no querido de las gentes. Hasta que un día, allá por el mes de mayo, el sol salió y todos lo buscaron, lo quisieron, lo amaron. El sol representaba el amor por la vida, por los años queridos, por los hijos que iban a la escuela, por los amigos que siguieron siendo amigos, por el mundo que quería paz y despensa, por los enfermos que sonreían, por las familias que volvieron a hablarse, por los enamorados que tenían un futuro. Y las guerras acabaron porque el alba encontró un dueño: un dueño hecho de gentes altaneras y dulces en su pensar.

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